40 horas semanales. ¿Cómo equilibrar calidad de vida y trabajo?

El debate público está álgido. La agenda política está tomada por el debate de la reducción horaria de las jornadas laborales de los chilenos. ¿Qué es más productivo trabajar más o menos?, ¿Cuál es el bienestar que buscamos?

24 de abril de 2019

El puntapié inicial lo dio el proyecto encabezado por la diputada comunista Camila Vallejos, que propone bajar de 45 a 40 horas semanales, sin mucha letra chica. En contraparte, el gobierno propone una baja de 45 a 41 con flexibilidad horaria, optando por la negociación entre el empleador y el empleado, donde incluso se podrá reducir los días trabajados de la semana de 5 a 4. Ambas propuesta comparten que es más beneficioso para la productividad una mejor calidad de vida, más aún cuando la última hora presenta alto desgaste físico y mental. Así de simple, mientras más tiempo dispongamos para la familia, amigos, ocio, deporte, o lo que queramos, mejora tu estado de ánimo y con ello tu productividad.

Ya para el año 2012, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en su Informe de Desarrollo Humano señaló: “Hoy el mundo está inmerso en una búsqueda que apunta a repensar la manera en que se entienden el progreso y el bienestar”.

Uno de los consensos de esta búsqueda es que el bienestar no puede entenderse sólo desde una dimensión material,  asociado al ingreso o al crecimiento económico de los países. Para el estudio realizado por la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) en noviembre del 2017; se habla de la percepción de bienestar. En esta percepción de bienestar el mayor factor considerado fue la posibilidad de contar con tiempo libre y, por tanto, de combinar con éxito los tiempos destinados al trabajo, los compromisos familiares, la vida personal y el disfrute. Frente a esto, Chile presenta uno de los peores equilibrios vida-trabajo de la OCDE, con casi 14% de las personas trabajando más de 50 horas a la semana, situándose en el lugar 32 de 387 . De ahí que el estudio del tiempo libre en todas sus dimensiones resulta fundamental.

Pero frente a las necesidades de los chilenos, el neoliberalismo que nos rige y la percepción de éxito, ha permitido que creamos como sociedad que ante todo, lo más importante, es contar con un buen trabajo, y el miedo a perder esa estabilidad hace temer  decisiones que puedan perjudicarla, ahí radica el poder del empleador.

Una negociación si no es colectiva, es muy difícil que llegue a buen puerto. El empleado a perdido su capacidad de negociación, siempre será el patrón quien ponga las reglas y el empleado solo debe acatarlas. ¿Cuántos trabajadores que boletean cumplen horario hoy en día?

Es algo totalmente ilegal, pero que en muchos rubros se permite, en silencio, por que hay que “agradecer” tener trabajo. Esto hace que la propuesta del gobierno del horario flexible tenga una letra chica, porque nos resulta un poco idílico tener la posibilidad, como empleado, de arreglar el horario a nuestra medida, para destinar más tiempo a propósitos personales. Esto terminará provocando que los empleados se queden con quienes a él le convenga, o hará que el empleado piense en hacer más horas extras, que es lo contrario al corazón del proyecto.

Pero han habido cambios, para algunos el miedo a atreverse a hacer lo que te gusta ya se perdió. Las nuevas generaciones, y las no tan nuevas, han hecho que el trabajo colaborativo tenga un poder y un significado importante. Las empresas verdes se duplicaron, buscando el bien común con la naturaleza; mientras las mujeres han dado lecciones de empoderamiento al unirse en manifestar su presencia en diferentes rubros, ya sean las abogadas que se unieron para combatir el acoso, las creativas iniciando un círculo donde su fin es motivar a más jóvenes a tomar roles directivos, las empresarias. En fin, la colaboración entre mujeres ha podido construirse en los últimos años,  logrando dar visibilidad al movimiento de forma más concreta.

Así como las mujeres, que se supieron organizar, es necesario que los trabajadores logren tener una filosofía en colectivo, crear espacios de negociación, conocer los equipos de trabajos y la competencia. Es necesario que los dueños puedan integrar a sus empleados en la productividad, dando a conocer las ganancias y así reconocer el trabajo.

Pero para que esto alguna vez resulte, el rol principal lo juega el Estado. Es imposible que un país logre el desarrollo sin que el Estado tenga políticas claras, que incentiven la investigación y el desarrollo de industrias; pero con tantos tratados de libre comercio resulta difícil pensar que el gobierno quisiera promover políticas de desarrollo industrial en Chile. Ahora sólo nos queda esperar qué pasa con la reducción de horario. De nada sirven las leyes si no se cumplen y sobre todo, si como trabajadores no nos organizamos.