Animal ¿Somos lo que decidimos ser?

Armando Bó, director argentino ganador del Óscar con su guión en Birdman (Alejandro Iñárritu, 2014), nos muestra ahora a través de su film Animal, parte de la realidad argentina y sudamericana, impregnando de escenas memorables y entrañables. Una historia que no deja indiferente a nadie.

23 de Agosto 2018

 

Animal (Argentina, 2018, Género: Drama, suspenso) nos introduce en la donación de órganos y la búsqueda del deseado riñón para el protagonista (Guillermo Francella). Aquí se hilvana un metraje a veces tenso, dramático y otras tantas cómico, que devela las bajezas de los ciudadanos ante un sistema de vida cruel e indiferente y los temores que genera caer en desgracia. Un supervisor de una fábrica de carne enfermo y su familia, buscarán encontrar solución a su dolencia, por los caminos más correctos posibles. Por otra parte, sus antagonistas, marginales y sin mayores perspectivas de vida, desestructurarán la planificada vida de Antonio -al ofrecerles solución a su dolencia- pero poniéndoles las cosas más difíciles de lo esperado.

A partir de un fantástico, cautivante, desolador y a ratos desconcertante Elías Montero (Federico Salles), el film nos regala momentos memorables de tensión. Resulta inquietante el nivel de apatía hacia la vida, hacia alguna perspectiva de futuro, hacia alguna meta por alcanzar, que demuestra Elías.

En esa “travesía de vida” lo acompaña, sorprendentemente, Lucy Villar (Mercedes de Santis), con mayores ambiciones y claridad frente algunas cosas que su pareja, pero con una personalidad igual de insólita e impredecible. Por su lado, Antonio se ve abrumado por todos, pasando por sus amistades, por quienes recurre en busca de ayuda, hasta su círculo más íntimo.

Antonio se vale de su rutina, sus certezas, abnegación y aceptación de lo que entiende es su rol como padre de familia. Sin embargo, está todo por cambiar, y las decisiones que vendrán, serán claves e irán perturbando el rumbo de todo, a menos que tome las decisiones más difíciles y fuerce su destino para aferrarse a la vida.

El film convoca géneros y ambientaciones diferentes en su narración, amalgamando a veces con genialidad y otras tantas con cierta displicencia una historia ácida hacia nuestras convicciones.

¿Qué es un sudamericano trabajador frente a una enfermedad catastrófica que pone en riesgo su vida?, ¿qué representa el dinero, una casa inmensa, un bello auto si vas a morir?, ¿qué es la comodidad, el confort, la majestuosidad de una mansión, si dentro tuyo no hay nada… con qué rellenarías los espacios vacíos?

Son preguntas inquietantes que traza la película, pero que, de ante mano, les advierto no encontrarán respuesta certera en su final.

Somos lo que decidimos ser. Es la enseñanza esperanzadora que todos habremos escuchado. Antonio y su familia lo logran, siguiendo las leyes, siendo personas correctas, pequeño burgueses. Elías y Lucy, en su medida, también lo logran y parece que van en camino de lograr así mismo sus metas, cuestionables, pero dentro de su filosofía. Pero para dar el paso final, para vencer la meta más dura, la trampa final, el obstáculo más alto en un mundo salvaje, a veces es necesario ser un animal. Los miembros de ambas familias parecen  llegar a esa conclusión y la eclosión, en parte al menos, resultará beneficiosa.

 

 Simón Osvaldo Silva Cortés