Araña: El Veneno Queda

Andrés Wood regresa a la pantalla grande con esta historia que muestra el presente y el pasado de ex miembros del Frente Nacionalista Patria y Libertad. Con un elenco de reconocidas figuras de la actuación tanto en Chile como el extranjero, su retorno se da con un filme que hace eco a la situación actual de occidente frente a la inmigración y los peligros de resurgimientos de movimientos simpatizantes al fascismo.

22 de agosto de 2019

Ocho años transcurrieron desde que el cerebro detrás de Machuca y Violeta Se Fue A Los Cielos, estrenara su último largometraje, precisamente el biopic de la mítica folclorista Violeta Parra. De ahí en adelante, se dedicó a producir y dirigir series y miniseries para Chilevisión y TVN, como Ecos del desierto, Pulsera rojas, Ramona y Mary & Mike, todas ellas bien recibidas por la crítica chilena como internacional.

Ahora ha vuelto con este proyecto que se percibía muy ambicioso en cualquier aspecto, ya que más allá de recurrir a la dictadura militar, como base de la película, miembros de la producción y actores de Araña señalaron que también pretendían dirigirse a un público más masivo y dejar a un lado el tono más autoral que predomina en el cine nacional, al querer construir una cinta de suspenso a partir de la reaparición de un perturbado y olvidado integrante de Patria y Libertad, cuyos militantes fueron enemigos acérrimos del socialismo en tiempos de la Unidad Popular. Gerardo Martínez (Marcelo Alonso en la vejez/Pedro Fontaine en la juventud) es un demacrado anciano que deambulando en su automóvil, por las calles de Santiago, divisa un asalto, persigue al delincuente y lo atropella hasta matarlo. La noticia de este suceso llega a oídos de Inés (Mercedes Morán en la vejez/María Valderde en la juventud), empresaria influyente y actual miembro de un poderoso holding de salud, que junto a su esposo Justo (Felipe Armas en la vejez/Gabriel Urzúa en la juventud), conocieron muy bien a Martínez, cuando lo reclutaron a inicios de los 70 para formar parte de las filas de Patria y Libertad, movimiento paramilitar que buscaba “limpiar” a Chile del marxismo.

Los tres juntos cometieron violentos delitos, casi tan peores como el que condujo a Gerardo Martínez a un centro psiquiátrico a sus más de 60 años, sin importarles las consecuencias, al ser la mayoría -salvo Gerardo- de estrato social alto.

Los fantasmas de aquella juventud donde la violencia, el fanatismo, deseo, traición y muerte, estuvieron presentes a cada minuto, rebotan en la mente de Inés, ya que el recuerdo de Gerardo no se ha ido de su lado, como el de su alcohólico marido.

Martínez permanece en observación en el recinto donde está recluido, ya que existe una doctora (María Gracia Omegna) con la certeza de que él debe estar en una prisión y no en un psiquiátrico, ya que pese a su edad, este hombre sigue siendo peligroso, asegurando que todo el país se acordará de él.

Araña es una película que definitivamente da para más. Cuenta con aristas a su favor, como un nivel de producción, cinematografía y dirección de arte muy bien logrados.A

A lo que hay que sumarle el buen trabajo de casting hecho por Roberto Matus para encontrar actores jóvenes casi idénticos a sus contrapartes adultas. Marcelo Alonso logra transmitir decadencia con su nuevo aspecto e incomodidad al enunciar palabras terriblemente xenófobas y totalitarias con una pasividad impresionante. La española María Valverde logra conmover más con su versión de Inés que Mercedes Morán, a quien los años le pesa, pero no los remordimientos. El punto en contra de la cinta de Wood se concentra en la mitad de la historia.

Todo lo que implica el presente de los protagonistas, disminuye en cuanto a la tensión y espectacularidad que enseña el pasado, y hay roles secundarios desaprovechados. Se comprende que Andrés Wood quiso apostar por personajes principales radicalmente distintos a los de sus anteriores trabajos y entregar un mensaje acerca de que hay amenazas de ultraderecha que continúan vivas entre nosotros. Pero si pensaba apostar por un filme de suspenso a cabalidad, el guion debió elaborar un clímax mayor y mejor desarrollado.