Bohemian Rhapsody: Mucho hits, pocos riesgos

Finalmente se estrenó en Chile el esperado filme que retrata al mítico cantante Freddie Mercury y a Queen: la banda de rock británica que lo inmortalizó. Esta película se une a la seguidilla de cintas recientes que abordan el mundo de la música, entreteniendo y cautivando desde el más grande, al más joven fan del grupo. Como biopic se queda a medio camino y solo con las intenciones de haber sido un proyecto más original y mejor elaborado, para un personaje tan complejo como lo fue Mercury.

10 de noviembre de 2018

El legado musical e impacto cultural de Queen sobre las masas aumentó considerablemente desde el fallecimiento de Freddie Mercury. Por lo que la sola idea de que se lanzara una película sobre la banda y especialmente del turbulento y talentoso vocalista –cuyo verdadero nombre era Farrokh Bulsara–, generaba felicidad, asombro y también desconfianza. Principalmente porque podría terminar siendo una cinta común y corriente que solo hiciera un seguimiento del nacimiento, ascenso y cúspide de Queen, sin grandes sorpresas. Pero el solo hecho de tener a Freddie Mercury como el rostro más importante de la banda londinense, gatilló que la gran mayoría –sobre todo los más fanáticos–esperara algo monumental, que fuese capaz de provocarles casi la misma sensación de euforia y júbilo que las canciones de Queen.

Cuando en el 2010 se difundió a través de los medios internacionales el plan de hacer este largometraje, también se anunció que los miembros sobrevivientes del grupo, Brian May –guitarrista– y Roger Taylor –baterista–, formarían parte de la producción ejecutiva de Bohemian Rhapsody. Nadie pronosticó que la idea de llevar la historia de la banda a la pantalla grande, no sería en lo absoluto sencilla. El actor y comediante Sacha Baron Cohen (Borat) fue el primer candidato para dar vida a Freddie Mercury. Pero por diferencias con la producción y especialmente con los ex compañeros del intérprete de We Are The Champions, Cohen se bajó del proyecto y éste quedó paralizado hasta el 2013. Aquel año se confirmó a Dexter Fletcher en el rol de director y a Ben Whishaw como el segundo postulante para personificar a Mercury. Pero también acabaron por desligarse del biopic. Recién el 2016, se oficializó al estadounidense Rami Malek (Mr. Robot) como el intérprete definitivo del cantante nativo del antiguo estado de Zanzíbar y a Bryan Singer (X-Men, Los Sospechosos De Siempre) en la dirección.

Ni siquiera durante el rodaje los problemas abandonaron al equipo de Bohemian Rhapsody, ya que a un mes de terminar la filmación, Singer comenzó a ausentarse durante semanas, lo que condujo a que surgiera un descontento general por su actitud poco profesional, acabando todo esto con su despido del filme, justo en el momento en que estallaron acusaciones contra el cineasta por abuso sexual hacia un menor de edad. Su cargo lo asumió Dexter Fletcher, quien irónicamente había salido del proyecto de la cinta sobre Queen años atrás, para volver a este en circunstancias insospechadas.

El filme que lleva el mismo título del mayor éxito de Queen, abarca un período para nada extenso de 15 años, desde que Freddie Mercury y la banda todavía no eran famosos, hasta el multitudinario recital que ofrecieron en el Wembley Stadium en julio de 1985, en el marco de los conciertos Live AID. Rami Malek –con acento inglés y caracterizado con dientes postizos para asemejarse a la enorme dentadura de Mercury–nos da a conocer a Farrokh antes de Freddie, un muchacho ambicioso e incomprendido por el resto, que trabaja ordenando el equipaje en un aeropuerto de Londres, siendo tildado de “paki” (pakistaní) por los demás, cuando en realidad era indio británico con raíces parsi. Él reniega de la cultura de sus padres, quienes tratan de cambiarlo para que aspire a una vida tradicional como la de ellos.

Sin embargo, Farrokh quiere brillar y poder ser él mismo: Freddie. La oportunidad aparece en su vida cuando asiste una noche en un bar, a un pequeño show de la banda Smile –compuesta por May y Taylor–, conjunto del cual es admirador. Esa misma noche, su vocalista abandona la banda y él consigue reemplazarlo, al sorprender a los demás músicos con su privilegiada voz. El resto de la cinta da vistazos sobre cómo Queen llega a ser una banda emblemática: la incorporación del bajista John Deacon, un especial énfasis sobre la creación del álbum A Night At The Opera –que incluye como primer single la canción que da título a la película–, el éxito que comienza a cosechar el grupo en el mundo, las discrepancias de los integrantes del conjunto con la actitud post fama de Mercury, sumado a sus excesos, cambios de personalidad y descubrimiento de su homosexualidad.

Haciendo salvedad a los números musicales en donde la sala de cine se transforma en una verdadera sesión de karaoke, no cabe duda que el gran problema de Bohemian Rhapsody es su ejecución. La cinta sobre una de las bandas de rock más importantes de todos los tiempos terminó adoptando un molde súper conocido en los biopics; repitió lugares comunes; no hay algún tipo de “factor nostalgia” por los setentas y ochentas; demasiadas fechas modificadas para crear algún tipo de conflicto que termina sin sustento; siempre prevaleció un guion con un desarrollo flojo, predecible, con falta de cohesión y hasta con ciertos clichés incluidos.

Hay que recordar que los miembros de Queen desde el inicio de este proyecto, quisieron que la película fuese casi para todo público –actualmente se exhibe en las salas nacionales con la categoría “Mayores de 14 años”–, por lo que prefirieron enseñar una cara más amable sobre la historia de la banda y evitar profundizar los años de más desenfreno de Freddie Mercury, impidiendo que el público y las nuevas generaciones conozcan más sobre su adicción a la cocaína, las concurridas y excéntricas fiestas en su mansión, la relación amorosa que sostuvo con Jim Hutton y sus últimos años de vida, cuando ya padecía la enfermedad del Sida–que lo condujo a su muerte en 1991–, pero que no lo frenó para seguir componiendo y grabando canciones, durante los años previos.

La falta de profundidad dramática en hitos de la vida de Freddie Mercury y de los demás integrantes de Queen, hacen que el espectador vea solo pinceladas y flashes de estos momentos, que se pudieron aprovechar mejor, si el guion hubiera sido distinto.

Durante la mitad del metraje, las instancias en que se pretende recrear la atmósfera de conciertos, cuando Queen toca en vivo y va a giras mundiales, no impactan tanto como sí lo consigue casi al final, la larga recreación del concierto en el Estadio Wembley, uno de los mejores aspectos de Bohemian Rhapsody. Sorprende que aunque hayan sido dos directores quienes se pusieron detrás de cámaras, la película no pierde el estilo y la narración que instalan desde la primera escena.

Pero son cualidades que al sumarlas con la falta de riesgos audiovisuales, dan como resultado una cinta biográfica más, sin diferencias concretas con otros filmes anteriores de este subgénero, haciendo que se tambalee peligrosamente cerca de la mediocridad.

Respecto a las actuaciones, está claro que al existir como antecedente la no despreciable lista de candidatos que estuvieron cerca de quedarse con el tentador rol de Freddie Mercury, muchísimas miradas iban a recaer en el desempeño de Rami Malek. El actor comparte ciertos rasgos faciales con el desaparecido cantante y solo lo separan dos centímetros de estar –figurativamente hablando– a la altura de Mercury. Pero lo más importante era comprobar su habilidad para manejarse en las recreaciones de performances en vivo–se usaron pistas de voz originales de Freddie Mercury para que Malek las doblara– tal como lo lograba el músico en el que se centra Bohemian Rhapsody.

Rami Malek roza entre la imitación y construcción de su propio “Freddie”, y aun así, sigue siendo una de las mejores propuestas del largometraje.

Aunque puede ser muy criticado como el guion y él presentan a Freddie Mercury cuando joven, la cinta no hubiera podido haber salido adelante, de no ser por su actuación carismática, irreverente, seductora y masoquista. Quizás el ícono que sigue siendo la voz de Somebody To Love y Don’t Stop Me Now es mucho más poderoso y permite que el público fanático acepte de manera respetuosa la actuación de Malek, pero también hay que destacar que sin ser la copia exacta, se comprueba la preparación que tuvo para este proyecto y que aún para los escépticos, Rami consigue vender la ilusión al espectador de estar en frente de Mercury.

Con todos los errores que puedan volver a Bohemian Rhapsody una película poco convincente, hay que hacer un alto para darse cuenta que bajo cualquier punto de vista, este filme es un homenaje a la huella de Freddie Mercury en la música y jamás pretendió ser una biografía detallada ni una transcripción sacada de algún diario de vida.

El producto de Singer-Fletcher entretiene a quien vaya a ver la cinta para conocer un poco a Queen, recordar sus espectáculos o vibrar con sus canciones. Si en el futuro se elabora un segundo biopic sobre la agrupación, todavía quedan alternativas para los decepcionados de no encontrar un retrato calcado a la banda, como los formatos de serie, telefilmes o incluso un largometraje que supere las dos horas y quince minutos de esta reciente película, porque parece que la vertiginosa existencia de Freddie Mercury durante los años que compartió con sus comparsas May, Taylor y Deacon son casi inabarcables.