La Revolución de la Luz

Estamos en una pandemia que jamás imaginamos, sólo la vimos en ficción donde siempre existía algún personaje que nos salvaba de la debacle, pero ni los guionistas más osados hubiesen apostado que esos héroes serían artistas y su arma sería la luz.

Miércoles 27 de mayo de 2020

El Lunes 18, después de 3 días de confinamiento total en la Región Metropolitana y con una población totalmente desprotegida de medidas sociales, cuyos activos se transformaron en deudas imposibles de pagar; pobladores de El Bosque prendieron la llama. Se estaba pasando hambre, y ese era el límite. Ya no se aguantan eufemismos, las medidas tomadas por el gobierno no sólo aumentaron la curva de contagio, también empobreció a la población.

La lucha era mucho más básica y esencial, y frente a esto las autoridades hicieron lo único que saben hacer en estos casos, reprimir y mirar para el lado. Sin metáforas Violeta lo cantó  “los hambrientos piden pan, plomo les da la milicia” 

La lucha de meses se hacía más significativa en estos días; llegamos donde no queríamos ni esperábamos llegar, donde la resistencia se desploma. La cuarentena se transformó en privilegio. Pero ante calles vacías, fuimos testigos de una confrontación que pocas veces trae tantas reflexiones sobre la sociedad. No hubo represión, ni armas, tampoco insultos, simplemente en medio de  Plaza Dignidad cuyo nombre lo atribuye la consigna gritada desde hace 7 meses, como una especie de advertencia para momentos como este:

la proyección lumínica de la palabra HAMBRE en el edificio emblema de las comunicaciones, se transformó en un comunicado oficial del pueblo hacia sus autoridades, un acto poético y valiente de parte del colectivo Delight Lab, dispuestos a usar sus recursos para concientizar a través del arte, entregando un mensaje potente y universal con el sólo fin de aportar a la visibilización de demandas sociales.

Entonces llega un camión en medio de la cuarentena y toque de queda, sin fiscalización y con total autoridad para tapar con focos la palabra Humanidad que en ese momento se proyectaba. Aún no sabemos a quién se atribuye este acto desesperado, pero ya conocemos a entidades cuyos objetivos son la censura y la “limpieza” del arte político en las calles.

La herramienta que usa este colectivo en medio de la cuarentena ha sido un acierto, ya que sólo puede existir de noche, en dimensiones gigantescas. Es en vivo. El momento es uno y único, y una vez que se proyecta la obra, está sigue viva en redes sociales. Sin conglomeraciones, sin contaminación, simplemente la luz manda. Pero, fue tanta la incomodidad de una verdad expuesta que refleja el fracaso de las medidas, que al no poder reprimir como estaban acostumbrados, sólo pudieron actuar desesperadamente, esconder el mensaje y seguir mirando hacia el lado. La cuenta de los artistas fue hackeada, sus datos personales expuestos y han visto amenazada incluso su integridad física.

El negacionismo es un aliado que ya no soporta más discursos. Sus cimientos se caen cada vez que intentan retomar a un normalidad que no veremos más. Estamos entrando a la 2da semana de cuarentena total y frente a los disturbios iniciados en El Bosque, el ejecutivo -no exento de polémicas- envía cajas de alimentos, pero no a todos, sólo a un porcentaje del porcentaje. 

Y aún debemos seguir pagando cuentas básicas, viendo como se despilfarran recursos en censura o en llenar un skate park con tierra; cómo el agua sigue privada y los niños del Sename siguen corriendo desamparo. Pero, frente todo este panorama apocalíptico, siempre estarán esos héroes sin capa, que con su arte nos dan, literalmente, una luz de esperanza.