“El legado del monstruo” y la profundidad de nuestros miedos

El libro “El legado del monstruo” de la editorial Zig-Zag escarba en nuestros temores más recónditos por medio de 15 cuentos de renombrados escritores y escritoras latinoamericanos.

Sábado 26 de abril de 2019

Es imposible reconocer cómo un único hecho puede marcar el curso de la historia. Por supuesto, no se sabe de su relevancia hasta años o décadas más tarde, cuando se analizan, a la luz de los resultados, las consecuencias que produjo. En ese sentido, no se puede saber qué hubiese pasado si a Hitler hubiese sido aceptado en la Academia de Bellas Artes o si el poeta Lord Byron no propusiera, en esa extraña noche de 1816, que cada uno de sus invitados escribieran un cuento de fantasmas, una especie de “concurso doméstico” con la intención de cultivar el terror en las inmediaciones del lago Leman, en Suiza.

Entre los huéspedes de Byron se encontraba una joven de 19 años, Mary Shelley. Angustiada por estar a la altura del desafío, sentía “esa vacía incapacidad de invención que es la mayor desdicha del autor”. Sin embargo, como un relámpago de inspiración o la chispa de electricidad que engendró a su personaje, contempló en un sueño “con la aguda visión mental, al pálido estudiante de artes impías de rodillas junto al ser que había ensamblado. Vi al horrendo fantasma de un hombre que estaba tendido, y luego, por obra de algún ingenio poderoso, manifestaba signos de vida y se agitaba con movimiento torpe y semivital”.

Resultado: el primer boceto de Frankenstein o el moderno Prometeo. Una historia que merece múltiples interpretaciones, cada una enmarcada en una impresión filosófica y valórica acerca del papel creador del ser humano, el rol del padre, las consecuencias del uso desmedido de la técnica y la ciencia, e incluso, las secuelas de la discriminación.

Pero, por sobre todo, es el nacimiento de una criatura emblemática cincelada con horror en nuestro inconsciente colectivo. Un arquetipo representado por la figura del “doppelgänger”, la idea innata de nuestra propia oscuridad, es decir, nosotros mismos, aunque transformados, corrompidos e invertidos como un espejo macabro que nos transmite la terrorífica noción de lo que podemos llegar a ser.

La trascendencia de esta narración es monumental. Tesis, novelas y películas cultivan su misma atmosfera y amplían el universo imaginativo.  “El legado del monstruo”, de la editorial Zig-Zag es un compendio de relatos de terror realizado por el antologador Jesús Diamantino que reúne las historias de 15 escritores connotados del habla hispana, entre los que se encuentran Pablo Illanes, Carolina Melys, Diego Muñoz y Álvaro Bisama

El libro, que fue presentado en GAM el pasado miércoles 17 de abril, contiene narraciones que giran de alguna u otra forma en la experiencia de lectura que los autores han tenido de Frankenstein, como una forma de homenajear la novela gótica a 200 años de su publicación.

El resultado es intenso y provocador. Las diferentes propuestas narrativas forman un abanico de voces particulares que se adentran en el misterio del monstruo y su herencia. De esta forma, se pueden encontrar versiones contemporáneas de Frankenstein, como el cuento “Plan de navidad” de Pablo llanes, una reflexión acerca de cómo convivimos con monstruos cotidianos en un relato urbano y santiaguino. El texto de Jorge Baradit, en cambio, es una reflexión sobre las criaturas de nuestro imaginario y el terror que producen.

La ciencia ficción, por otra parte, también tiene cabida como fuente de miedos y terrores en los cuentos de Diego Muñoz (Manifiesto 1), Laura Ponce (Ruido blanco) y Yoss (El sargento y los frankies), relatos que nos hacen pensar que tal vez, existen misterios que el hombre no debiese desentrañar.

Es así como “El legado del monstruo” es un ejercicio creativo que nos hace reflexionar a la vez que nos estremece. ¿De dónde provienen nuestros más íntimos miedos? ¿Cuál es el significado del terror? ¿Dónde podemos ver al monstruo en una época donde la inteligencia artificial parece destinada a entregarnos el papel de “aprendices de Dios”, papel que tuvo un amargo resultado para Víctor Frankenstein?

Estas son algunas preguntas que desprenden susurros inquietantes, bisbiseos que acompañan una lectura que en ningún momento se vuelve monótona. Lo anterior, es una facultad propia de las series o libros antológicos: cada relato tiene su sello particular que entrega los matices necesarios para que al final de la travesía, como lector o espectador; las variedades de estilos enriquezcan la experiencia.

Como el mismo Frankenstein, el “Legado del monstruo” es un todo compuesto de partes distintas que resultan en una personalidad única y diferenciada. Y como el mismo engendro, da miedo, no por esta constitución, sino porque es un intento de acercarnos a nosotros mismos desde nuestra sombra, desde lo que desconocemos y, por lo tanto, de los aspectos que escapan a nuestro control.

Al despertar del sueño donde se le aparecía el engendro, Mary Shelley tuvo la sensación de que por fin había encontrado el tema de su relato. “Ágil y placentera como la luz fue la idea que me asaltó. ¡Lo encontré! Lo que me aterroriza a mí, aterrorizará a otros.”

Puede, quizás, que en esa exclamación se deslumbre algunas luces de lo que es el terror: una experiencia que se puede enfrentar en soledad, pero que se potencia al ser compartida. En esa acepción, “El legado del monstruo” es un aporte al temor común que sentimos frente a Frankenstein y cualquiera de sus variantes.