Escribir de poesía: Diego Alfaro y David Añiñir

Escribir poesía es difícil. Se puede juzgar por técnica, ritmo, estilo, tema; pero para mí, la poesía siempre debe cumplir siempre con un efecto. Un poema o un poemario debiera atrapar y evocar imágenes y sensaciones que van más allá de las palabras.

El placer del poema no está en la máxima “esto me inspira porque me hace feliz”, sino en “hacerte feliz porque te inspira”. Espero hacerme entender; el poema hace aparecer sensaciones a partir de la conjunción de palabras y, aunque tiene un análisis lógico y racional- incluso a veces puede pasar sobre este- para hacer sentir lo que sea que haga sentir. Un efecto casi neurológico.

Quería introducir el tema porque no siempre es fácil leer ni entender la poesía en el caos moderno de inteligencia, rápida y prisa sin fin. Hay que romper esa rutina para prestarle atención a Diego Alfaro y su “Tordo” (Editorial Cuneta, 2014) y a David Añiñir y su “Autoretraxto” (Odiokracia Ediciones, XX). No esperes que la poesía se adapte a tu ritmo y tus tiempos de micro y metro.

Diego es chileno, joven (1984) y con Tordo recibió bastante reconocimiento gracias al Premio Municipal de Literatura de Santiago que se adjudicó el 2015. Tiene una estructura poco tradicional.

El libro tiene dos partes, donde el pájaro negro se pasea de a poco en la primera; mientras que en la segunda parte, da paso a una colección de poemas dedicados a la memoria de la Pequeña Jeanne. La prosa es notable, envolvente, fluida, líquida, casi vegetal. La mayoría rondan la nostalgia, hablan de un pasado no necesariamente luminoso, pero sí extrañado.

El poema Ciénaga, es precioso: “El juego entre el marco oscuro de sus gafas y los bigotes canos daban la impresión de estar frente a un marinero retirado, sin embargo solo su dedo índice había recorrido los meridianos de un mapa amarillento y del que hacía repasar copias con lápices de cera: cada imperio, cada océano una tonalidad distinta”.

En la vereda de enfrente está David Añiñir, que es puro punkismo y anarkismo poetiko. Autoretraxto se acerca a la belleza desde un lado completamente distinto. Poesía es anarkia también amigos; en realidad mayoritariamente, el mundo de Neruda quedó bien atrás. “Lolindia, un xeofóbico Paco de la Santa Orden / engrilla tus pies para siempre / sin embargo / tus pewmas conducen tus pasos disidentes / mapulinda, las estrellas del cielo de arriba son tus liendres / los ríos, tu pelo negro de déltikas corrientes”.

Cuando leo a David recuerdo que en realidad la poesía siempre está en batalla, sea el olvido o el Estado. Como en el caso de David, que siendo bien mapuche tiene cientos de razones para estarlo. No quiero darle contexto, porque eso explica su rabia y no la necesita.

Autoretraxto se plantea desde su realidad, que la poesía burguesa no entiende y menoscaba. Se nos olvida fácil que no necesita nuestra valoración, el punki no pide permiso ni disculpas.

¿Contra qué está David Añiñir? Contra todas las fuerzas que desafían su existencia día a día, en pocas palabras, el sistema. ¿Contra qué está Diego Alfaro? Contra el olvido, pero es solo una parte. Desde la trinchera que venga, la poesía es siempre contestataria, pero también, siempre evocadora y siempre marginal.