Fight Club: Anarquía distópica, mirada en tiempos tóxicos

“Fight Club” filme del año 1999, dirigida por el gran David Fincher y basado en el libre homónimo de Chuck Palanihuk, es hoy por hoy y sin lugar a dudas, una película de culto. Puede no gustarte, pero como no eres más que un simple simio espacial, tú opinión da exactamente lo mismo, como la mía y la de todo el mundo.   

Martes 9 de junio de 2020

      Lee esta reseña con confianza, hoy no existirán spoilers ¿Pero en serio aun no has visto esta cinta?

Ni aunque realice el máximo esfuerzo “hater” estaría capacitado para conseguir la incoherente epopeya de ser “heitiar” está obra maestra del séptimo arte. La adaptación que hace David Fincher de la brillante, creativa, hilarante, subversiva y controversial novela de Chuck Palahniuk, dio como resultado un guion crudo, anacrónico, sorpresivo, oscuro, divertido y sórdido que nos regaló una camada de personajes entrañables (haciendo especial hincapié en Tyler Durden, que marcó a gran parte de la generación). Además, nos obsequió una serie de citas y diálogos inolvidables y escenas que habitarán de manera sempiterna en nuestro inconsciente colectivo –¿se nota es una de mis películas favoritas, basada en uno de mis libros favoritos, con una dupla de actores que son de mis actores favoritos y una banda sonora que se transformó en una de mis OST favorita? Espero que no, trato de ser objetivo-.

No me detendré mucho en la historia –casi nada para ser honesto, soy la absoluta indiferencia de Jack- pero sí, pediré prestada la esencia de esta historia y la imaginaré en esta actualidad tóxica y enferma, fabricando una utópica (aunque no tan lejana) ucronía terapéutica, que me hará tan bien y espero que también a ustedes. Pero primero, trataré de introducirlos a la atmosfera de “Fight Club” y haré una pequeña e intrascendente “crítica” de esta trascendental película, que a esta altura no creo que lo necesite.

“Fight club” es anarquía, es la liberación del individuo, la muerte del materialismo, de la meritocracia, del “pituto” y de las posiciones de privilegio (quédense con esto), es el insomnio, la desesperación, la impotencia, la negación y la aceptación, la violencia intrínseca, la catarsis, el abandono, el tocar fondo, el boxear a Ghandi, el despertar y la rebelión del pueblo, la orina en la sopa del rico… el perder todo… el único espacio en el que podemos ser realmente libres.

La dirección de esta película es para llenarla de elogios, David Fincher a esta esquizofrénica fantasía ácrata, le dio un peso y una atmósfera, tan fría, cruenta y cavernosa, que hizo elevar su nivel como Sayain enojado; y esta sensación la consigue desde el primer minuto, literalmente, desde los créditos.

La gama de colores usados y el uso de la cámara nos posicionan tan bien en los zapatos del protagonista, interpretado por Edward Norton que como de costumbre, está impecable e incluso más inspirado de lo normal. Siempre se siente suciedad, decadencia y algo poco cocido, el director nos logra tender un hamaca de tensión tan atractiva que no lo pensamos antes de tendernos en ella.

Luego aparece el salvador y némesis de nuestro protagonista, ¡TYLER DURDEN! Un personaje inolvidable y que estoy seguro que es él que más ha disfrutado Brad Pitt en toda su carrera –en serio estoy seguro, pregúntenle- y eso se nota. Pero no hablaré más de la trama, además, la primera regla del club de la pelea, es no hablar del club…

Hoy en día, con tanto abuso de la gente que goza y ostenta poder versus el pueblo, quienes preparan sus comidas, educan a sus hijos, construyen sus casas, etc. Me es  imposible no soñar despierto ¿Y si el pueblo, que cada vez tiene menos que perder? ¿Nos unimos y hacemos un gran “Fight club”?  Y acá, en este momento, los que ya tomaron la muy apropiada decisión de ver esta cinta, preguntarán

¿Hacer un club en un sótano en el cual peleemos de manera clandestina? No, simios espaciales, me refiero a la operación caos, empezar a controlar nuestro destino y no dejarlo en las manos de incompetentes con corbatas de seda. No es una invitación, es un cuestionamiento ¿Pero si sucede?

Tú y yo sabemos que sería algo sublime para nuestras almas ¿Y si la real invitación es ver esta película y volver a repensar la idea de tomar el control? ¿De invertir la vomitiva pirámide social?  Yo sé, que al igual que yo, piensas que eres más de lo que dicen, y mereces más de lo que tienes… pero no eres lo que tienes… uff… a veces pienso que soy más de una persona… mantengamos eso y volvamos a las dinámicas de las preguntas ¿Y si nos volvemos todos, una persona? Tenemos un innegable enemigo en común… dejemos de ser la absoluta indiferencia de Jack.