Gloria. El cine chileno está de moda

 Gloria
Si bien el cine chileno a nivel general aún se encuentra en una suerte de maduración en comparación con países dentro de la región como Argentina o Brasil, dentro de los últimos años, Chile ha logrado abrirse paso y generar cierto status dentro del mercado del cine independiente. Una camada de cineastas jóvenes que se encargaron de ampliar los moldes temáticos y retocar el sentido artístico de la ficción, se han ganado los aplausos y el reconocimiento, pero por sobre todo, el respeto del crítico público local  como del extranjero.  Nuestro cine, ya no es un cine puberto, inmaduro que piensa y habla de sexo, como una fijación por conseguir una atención y risa fácil. Hoy, a mi juicio el cine chileno ha logrado madurar, se ve joven, se siente fresco y resulta cautivador.
 
“El cine chileno está de moda”  recitaba Pablo Larraín este año en el Sundance Film Festival en Salt Lake City, Utah, EE.UU, mientras presentaba su aclamada cinta “No” en uno de los más reconocidos festivales de cine independiente del mundo. Y sin lugar a dudas, esta es una época dorada para las producciones nacionales. El reconocimiento mundial que tuvo la última cinta de Larraín, que se paró de igual a igual junto al galardonado y siempre sombrío Michael Haneke; hace un año “Joven y alocada” de Marialy Rivas, obtuvo el premio al Mejor Guion en Sundance; “La Nana” y su nominación a Mejor Película de Lengua no Inglesa en los Globos de Oro del 2010, sólo vienen a confirmar esta tendencia.
 
Está bien, las modas son algo pasajero, sabemos incluso que hasta cierto punto llegan a ser un tanto odiosas, repetitivas, incansables,  pero no está de más, ni tampoco es un pecado recibir esa atención. Bien, se debe tener en cuenta que es importante diferenciar la moda de la calidad, como del mismo modo el círculo donde se mueve este cine está muy vinculado a espacios más experimentales; festivales que tienen que ver más con el mundo académico y de la crítica, en un legítimo interés de diferenciarse de las luces de Hollywood. Aún así, Se está en la mira porque se está generando ruido desde este extremo del mundo y las cosas que se hacen, se están haciendo bien o mal. La crítica responde con notas azules. En su caso, juzgue usted.

Sebastián Lelio pertenece a esta camada de directores que vienen cambiándole la cara al cine nacional. “Gloria” (2013) es su cuarta y más reciente producción. Recién estrenada en las salas locales, anticipó su éxito haciendo eco en el recorrido previo que dio por las salas del viejo continente y sobretodo brilló por el galardón a Mejor Actriz, que su protagonista, Paulina García, recibió en el Festival Internacional de Cine de Berlín como premio a su trabajo en el último filme de Lelio.
 
 
“Gloria” se trata de una historia de gran naturalidad, coprotagonizada por Sergio Hernández y Coca Guazzini, se desenvuelve como una figura cotidiana, cercana, pero que de cierta forma, se mueve bajo la parquedad característica de la edad de su protagonista. Gloria es una mujer adulta, tiene 58 años, vive en Providencia. Está divorciada, es oficinista. Sus hijos, ya independientes, no le prestan mayor atención y vive “acosada” por el gato de un vecino al que odia. Ante el vacío de su situación, Gloria se niega a echarse a morir. Ha cumplido con su rol de madre y vio destruido el sueño del matrimonio eterno. Como algo característico de la madurez que dan los años, la protagonista ya no tiene los complejos de antes y se desenvuelve en un mundo que se maneja igual que ella, sin mayores trabas. Gloria va al grano, asiste a fiestas golden seniors donde despliega su toda su sensualidad. Desde entonces, la coquetería, los amoríos, el sexo, el desencanto, las canciones románticas, la Myriam Hernández, Humberto Tozzi, en fin, toda esa pasión desatada comienza a guiar las escenas mientras se desarrolla la historia.
 
Se trata de una propuesta que denota un trabajo delicado de la imagen, una cuidada fotografía que sin duda destaca. El filme debela una sensibilidad estética que se conjuga a la perfección con la intimidad de la historia. No es una película que se caracterice por un juego bamboleante con las emociones del espectador, es más bien una historia homogénea, pausada, serena que encuentra en estos adjetivos la capacidad de profundizar en la soledad de su personaje principal. Gloria es, sin duda, la que se lleva los aplausos que dan paso al cierre de la función. Está en cada escena y como su nombre lo dice, ella es la película. Un papel cercano y de gran naturalidad dentro de una sociedad cada vez más individualista. El encanto y la madurez de la película radica precisamente ahí, todos hemos tenido a alguna Gloria cerca.
 
“Gloria”, en este caso, podría ser la analogía perfecta para esta madurez que está viviendo el cine chileno. Un guion consistente, sobrio, cuyos personajes se muestran cercanos, pero sobre todo sinceros dentro una historia sencilla, bien trabajada. Fotografía delicada y bien ambientada, dan como resultado un trabajo de mayor integridad. Justificación perfecta para el sitial en que se encuentran las producciones locales. En esta medida, se evidencia un trabajo arduo que ha venido desarrollando el cine independiente criollo y que ha encontrado fundar su nicho temático en la simpleza de la cercanía con el espectador al que apunta, junto con un trabajo definitivamente más cuidado por parte de los directores. Entonces resulta sumamente meritorio el espacio que han ido generando y ganando sus películas entre festivales y aplausos.