Green Book, La dignidad y el aprendizaje de un viaje

Un prodigioso pianista busca chofer para su gira por el sur de Estados Unidos en los años 60. ¿El problema? Son años en que campea el racismo y el chofer escogido es un rudo italoamericano.

Jueves 28 de febrero de 2019

 

En Green Book (Peter Farrelly, Estados Unidos, 2018, Género: Comedia Dramática), la premisa es simple y breve: un músico busca al chofer que lo traslade por los parajes del sur de Estados Unidos, durante la gira que realizará en varias localidades, a la par que sus compañeros de banda.

Aquel artista y el conductor escogido, recorrerán miles de kilómetros, escenarios, parajes y ambientes sociales, donde las distancias y obstáculos serán la excusa perfecta para adentrarnos en sus mundos interiores; a partir de esta relación, se producen cambios y conversaciones que sellarán un viaje que marcará sus vidas.

Ya en su primer encuentro notamos cómo sus caracteres, formas de ver el mundo, y de relacionarse con otros, son diametralmente opuestos. Mientras Tony (Viggo Mortensen) podríamos describirlo como desenvuelto, desvergonzado, vulgar y a veces rudo; Don Shirley (Mahershala Ali, ganador del Óscar por su papel) es un sujeto refinado, detallista y pulcro. Aunque en su interior resguarda un tanto celosamente, tristezas profundas respecto a una crisis de identidad referida a sus parientes, a su piel negra y a su carrera como artista.

Si bien Tony expresa una vigorosidad física exorbitante y también carácter, es un trabajador esforzado, amigable, muy querido por su numerosa familia, amigos y empleadores. Es un personaje entrañable por su sentido del humor, chocante en su superficialidad en ciertos aspectos, pero más aún, sumamente destacable por su capacidad de aprehender del exterior y de las personas, especialmente de Don Shirley. Su pertenencia a la colonia italoamericana, no es un detalle al azar: la comida y los afectos abundan en su círculo y en su vecindario.

Fotografía de Courtesy Image.net

De Don Shirley podríamos decir que es un hombre singular, virtuoso, excéntrico, admirado por sus cercanos y por su público, que paradójicamente, es solo público de haciendas de familias blancas. Su formidable técnica para interpretar en piano los temas de los llamados clásicos, son solo disfrutados por esa exclusiva audiencia, generándose una interrogante tanto en Tony como en sus seguidores. El secreto es mantenido, hasta develarse que la lucha del músico es lograr que la mente de las personas blancas cambien a partir de su terca postura de tocar y demostrar su valía como ser humano talentoso; pero negro, en el sur racista, cuestión que a ojos de Tony se volverá una estéril brega. Las humillaciones que soporta con rectitud y dignidad, colapsan a Tony, como también a Shirley.

La doble discriminación y opresión que sufre, por ser negro y homosexual, se torna en una tortuosa ruta que confronta su resistencia ante la cara más cruel del racismo aristócrata e incluso la falta de empatía de sus propios hermanos negros. Altercados que irán venciendo la fortaleza de un músico idealista, pero no de sus convicciones, sino de sus temores. En ello Tony será fundamental para liberarlo de parte de sus ataduras.

En cuanto a Tony, su somero racismo encontrará fácil solución ante la necesidad laboral y el tiempo dedicado a la compañía y protección de Shirley. A cambio, recibe pinceladas de su emocionado talento en varios de sus conciertos, la experiencia misma del viaje con paisajes que le mostrarán la inmensidad del país, como sus enseñanzas y correcciones; lo irán haciendo crecer y pulirse como persona.

El apoyo que se otorgan, es paulatino, se va nutriendo de sus diferencias y se forja duraderamente ante las necesidades que ambos tienen. A pesar de la gran elocuencia y riqueza que ostenta Shirley, son profundos sus vacíos afectuosos, siendo la contención y el compromiso de Tony lo que más atesora durante el viaje; mientras que Tony, si bien presume de una familia cuantiosa, no es profunda la relación con sus familiares y amigos, siendo la sabiduría de Shirley su mejor escuela para lograr conectar verdaderamente con ellos.

Las estructuras mentales a veces pueden ser tan firmes, que la delicada defensa de la dignidad de un refinado artista, no pueden trastocar por completo el abismo que creó -durante décadas- la ideología racista. Por suerte, Shirley en aquellos años 60, no estuvo solo en aquella resistencia pacífica, siendo acompañado por muchos otros músicos, políticos y civiles que se manifestaron, ya sea de esa manera pacífica, o a través de la violencia, legitimada ante la opresión despiadada del racismo. Las cicatrices que aquellos caminos dejaron en sus protagonistas, son excelentemente retratadas en películas como ésta, que con profundidad y detallismo, otorgan un bálsamo a nuestro lado más humano. Demuestra este film, cómo la singularidad de los hombres comunes cuando se confrontan en espacios más íntimos, con el tiempo y la disposición requerida, pueden lograr cambiar las formas conservadoras de percibir y de relacionarse, refinando sus afectos.

En este aspecto, la película es una propuesta a correspondernos más allá del color de piel, posición o talento. Es una invitación a bajar nuestras rejas protectoras y permitirnos aprender, no ser ciegos en nuestras convicciones ni en nuestras formas.