Hold the Dark: el hombre es un lobo para el hombre

La última película de Jeremy Saulnier es un laberinto cautivante, nos muestra como la oscuridad puede estar en el más profundo de nuestros instintos.

Sábado 2 de marzo de 2019

José Ortega y Gasset explica que la diferencia fundamental entre el hombre y el animal, es que el primero llega a la vida vacío, y que son sus actos y voluntad los que llenan su existencia. En cambio, el animal tiene un repertorio invariable de conducta, ya que los instintos son la brújula que le “enseña” lo que debe hacer y lo que debe evitar. Afirma el filósofo que hemos perdido el sistema de instintos y que sólo nos quedan residuos, vagas reminiscencias que son incapaces de imponernos un plan de comportamiento.

Pero ¿qué pasa cuando nuestro pasado natural es tan fuerte, que nos empaña de oscuridad?

Jeremy Saulnier lo explora en Hold the Dark (película estrenada en Netflix en 2018, basada en la novela de William Giraldi) que puede agruparse entre las joyas desestimadas del año pasado, ignoradas por los certámenes masivos que; sin embargo, premiaron a obras de menor valor.

El relato tiene como escenario Alaska que, por supuesto, no es un detalle pasajero. El clima es frío y la geografía salvaje, lo que de alguna manera ha esculpido en hielo la personalidad de los habitantes de un pequeño poblado perdido en el norte en el mundo.

Entre ellos se encuentra Medora (Riley Keough) que, ante la ausencia de su marido militar (Alexander Skarsgard), pide ayuda a un escritor retirado y experto en lobos, Russell Core (Jeffrey Wright). ¿La razón? Su pequeño hijo ha caído en las garras de una manada responsable de la desaparición de tres infantes.

La llegada de Core gatilla hechos ambiguos y giros bruscos, pero enmarcados en una narrativa cautivante que sumerge al espectador en un viaje lleno de incertidumbre, confusión y dudas. Porque lo que se presencia es una historia mítica y de pesadilla: la alineación de una pareja (Medora y Vernon) que retorna a lo natural, renuncia a lo humano por su bien común, dejando una estela de asesinatos y violencia, en un descenso a la locura que solo un entorno indómito puede provocar.

Como espectador de sucesos que rozan lo sobrenatural de la comunidad Yupik, Russell Core tiene la misión de contar la historia. Esto no es casual, pues los mitos sólo adquieren realidad cuando son contados desde una perspectiva ajena que, pese a ello, siempre corre el riesgo de transformarse en personal.

Para Hobbes, el estado natural del hombre es la lucha constante contra sus semejantes. Su sentencia “homo homini lupus” (El hombre es un lobo para el hombre) aúlla en este relato que nos ofrece un análisis de la bestialidad y cómo su elección te convierte en un paria, un ser que a ojos de la civilización pierde su sentido moral y abraza para siempre la oscuridad.

Todo lo anterior, lo potencia la técnica de un director que nos tiene acostumbrados a secuencias magnificas y a una cruda representación de la violencia que no llega a resultar pornográfica, pero sí real. Si en Green Room, impresiona con una historia punky desordenada y frenética, en Hold the Dark maneja los tiempos con cámaras lentas y diálogos íntimos que sirven como herramienta para aumentar el suspenso en cada giro.

No obstante, es una película difícil ya que ofrece más incertidumbres que respuestas. Es un desafío intelectual y emocional: develar el misterio que al parecer no tiene una única respuesta y que, si la hay, quizás escapa a los límites de nuestra comprensión.

Esa es la impronta existencialista de Jeremy Saulnier. Un nombre que poco a poco se graba en la retina gracias a una breve filmografía que hasta ahora resulta incómoda y difícil de digerir, pero que entrega la sensación de que algo nuevo y fresco se proyecta en pantalla. Hay películas exigentes y películas que remecen. Hold the Dark es ambas.

Eduardo Fernández