Huidobro y su mirada ácida de la Literatura

Vicente-Huidobro
¡Cuánto se ha escrito de Vicente Huidobro! …Literatos, historiadores, poetas y filósofos, han investigado hasta el mínimo rastro de su vida, haciendo lo posible y lo imposible por tratar de conceptualizarlo. Por eso, acá no descubriré que se trató de un poeta de vanguardia, que algunos lo sitúan como fundador del creacionismo. Tampoco diré nada nuevo al señalar que viajó a Europa, que conversó con Picasso y se codeó con la elite intelectual francesa. 
 
Mi objetivo es más humilde pero también desafiante. Aquí buscaré indagar  cuál era su percepción sobre la literatura de la época, en definitiva me pregunto ¿qué visión tenía Huidobro de la literatura y de los literatos que lo acompañaban?
 
La literatura hispanoamericana de comienzos de siglo XX vivía un periodo convulsionado, puesto que seguían prevalenciendo ciertas estructuras rígidas del siglo anterior como el naturalismo; al mismo tiempo emergían con fuerza inumerables corrientes en diversos ámbitos de la cultura como la pintura, la arquitectura y el cine; estas nuevas tendencias solían abrazan la modernidad como un lente para mirar su entorno, enfatizando la novedad y el desarrollo,  desmarcándose, así,  de las viejas estructuras.
 
Mientras la cultura vivía un proceso ascendente de cambios; aparece en escena el joven Vicente Huidobro, quién, como miembro de la aristocracia y conocedor de Europa, se convierte en un acérrimo crítico de su propia clase, cuestionando el estancamiento de la vieja política, la rigidez de las estructuras sociales y el retraso generalizado del país.
 
Sus años de juventud están inmerso en una álgida actividad literaria. Así, armado con su egocentrismo, la ironía y una personalidad a toda prueba, reprocha a poetas más viejos, al tiempo que escribe una novedosa poesía que rompe las convenciones y la estructura. En cierta medida, navega en el modernismo, viéndose así mismo, como un profeta de la nueva literatura.
 
Desde este quehacer literario critica las letras hispanoamericanas, centrándose en la madre patria. Ya en 1916, con 23 años decía:
 
“¿Cómo comprende usted que triunfen en España hombres como Emilio Carrere, Viallaespesa y tantos otros falsearios de la naturaleza y la naturalidad? Y pensar que en España se olvidan de Marquina y de Unamuno que tienen algunas poesías admirables. El mismo Valle Inclán, ¿qué otra cosa es sino que un preciosista falto de psicología y profundidad? Parece que Hamlet hubiera pensado en España al decir aquello de “palabras, palabras, palabras. No sé si me equivoque, pero creo que España está muy atrasada porque en síntesis la única diferencia entre la litearatura antigua y la moderna es que aquellos decían bellas mentiras y nosotros exigimos solo verdades. Al decir literatura antigua se exceptúa, claramente, todas las verdaderas obras maestras”
 
Su diagnóstico era que España seguía estando sumamente retrasada en comparación con la literatura francesa que abrazaba de forma más rápida las nuevas vanguardias y el rompimiento de las estructuras. En ese sentido, vio en la madre patria un terreno fértil para sembrar un “creacionismo” que ya venía preparando desde Chile. De hecho, sus primeras polémicas en Europa, se dieron precisamente porque él se consideraba, así mismo, el verdadero fundador del creacionismo y heredero directo de Apollinaire en los movimientos de vanguardia, lo que produjo inmumerables debates. Pero tras una álgida actividad tanto en España como en París, su concepción frente a la literatura hispana se mantiene.
 
Así en 1939, con  46 años, en una entrevista con El Mercurio responde a la pregunta de ¿qué piensa de García Lorca? con la siguiente afirmación que por su riqueza nos pareció necesario exponerla en su integridad:
 
“Es un poeta muy mediocre. Para mí no tiene ningún interés. En general, los poetas españoles carecen de imaginación y de inteligencia poética. La literatura española está aplastada por la retórica, esa terrible retórica del mediterráneo, que mantienen ahogados bajo su lápida a todos los escritores de España, de Italia y muchos de Francia. Bueno, en realidad, Italia no tiene escritores sino escribanos, como el imbécil de Pitugrilli, el tonto furibundo de Marineti y el tonto estético de D’Annunzio, con su cotejo de frases con miriñaques y crinolinas. Es increíble en el país de Dante, de ese genio cósmico, asombroso que cada día me parce más admirable. Lo mismo sucede en autores de todo conocidos. Lo mejor que ha tenido la lieratura española en estos últimos tiempos es acaso Valle-Inclán, a pesar de su voz golada. No hubo en España un Víctor Hugo, un Musset, un Baudelaire,  un Rimbaud, un Lautréamont, un Mallarmé, ni nada comparable. Mientras Inglaterra poseía un Byron, un Shelley, un Blake, España posee un Núñez de Arce o novelistas como el señor Preda, que todavía se atreven a editar los editores hispanos. Frente a esas montañas, uno tres o cuatro melones huecos. Desde el siglo de Oro, las letras españolas son un desierto intelectual hasta Rubén Darío. Esto es la verdad, muy triste verdad”
 
Claramente Huidobro siente una repulsión hacia la literatura española que desde su visión, seguía amarrada a la retórica y a construcciones muy extensas, pero carentes de creatividad. Pero así mismo señala que hay una literatura de vanguardia en Francia e Inglaterra, novedosa creativa, aunque cerrada a algunos círculos de literatos modernos que se han atrevido a romper con los esquemas retóricos para entregar una poesía nueva, directa y confrontacional.
Ya con el paso de sus años, rechaza, también, un nuevo tipo de literatura latinoamericana representada por Pablo Neruda a la que cataloga de “poesía fácil, bobalicona, al alcance de cualquier plumífero”. En este sentido, pese a las contraindicaciones que puede producir su pluma ácida y crítica; Huidobro se plantea como un poeta que tiene una posición definida, seguridad y valentía para criticar, desde su perspectiva,  la poesía que le parece repetitiva o simplista. Es interesante observarlo criticar nombres que hoy parecen situados en un pedestal, inmaculados y con un aire de santidad. En ese sentido, su personalidad, su hegolatría, su hastío hacia el mundo político, social e incluso cultural; son fundamentales para comprender su concepción ácida hacia  la literatura hispanoamericana. 
 
Es por ello que no tiene problemas en criticar nombres aclamados como un García Lorca, Zorrilla o bien los chilenos Pablo Neruda y Gabriela Mistral. Aunque también se da el tiempo para levantar nombres algo desconocidos como un Pablo de Rokha, Winétt Rokha, Rosamel del Valle de los cuales opina “son verdaderos poetas, sin dulzainas gelatinosas ni barro verde”.  Para Mireya Camurati, Huidobro extrae ciertas ideas del poeta norteamericano Ralph Waldo Emerson que pasan a ser fundamentales como La naturaleza (aunque el poeta chileno enfatiza la visión de naturaleza al servicio del hombre), el poeta como hacedor de mundos, la creación y el individualismo. A estos conceptos, Huidobro enfatizaba en la ruptura de estructuras y el carácter de novedad.  En este sentido, podemos llegar a plantear que éstas ideas estructurales, podían configurarse como sus verdaderos lentes, bajo los cuáles juzgaba la calidad de las obras literarias y de los autores.
 
Huidobro visto como un poeta soberbio, personaje polémico, intelectual egocéntrico y por momentos pesado, adquieres una fuerza incomensurable de quién se sabe el mejor y dispone de toda la fuerza y el arrojo para botar muros, nombres y pedéstales; con tal de situarse como el primer poeta “vanguardista” de la literatura hispana. No está en nuestras capacidad juzgar su calidad poética, pero no deja de llamar la atención su arrojo basado en argumentos, su convicción y fuerza, si lo comparamos con muchos poetas actuales que se dejan caer en la abulia, la complacencia y la mutua adulación.