Isla de Perros o el arte de mirarte a los ojos

Una isla de basura, perros abandonados y un rescate. La suerte de los protagonistas, se verá truncada por los prejuicios, la ambición y la codicia de unos pocos. Peor aún, por el apoyo e indiferencia de la mayoría.

Lunes 9 de julio de 2018

Ser paria en este mundo no es una condición de la que podamos sentirnos a salvo. En épocas pasadas ser homosexual, tener el color de piel oscura o profesar una religión/política diferente, eran condiciones suficientes para ser separado de la sociedad, dando cuenta de prejuicios que hasta el día de hoy continúan.

Las consecuencias emocionales de estas aberraciones, recién están siendo reveladas tímidamente, siendo el arte una vía para expresar de mejor manera las repercusiones que el exilio, la condena y el desarraigo, producen en quiénes se ven apartados de la “normalidad”.

“Isla de Perros” desvela el horror de los prejuicios, abordando lo que para muchos siempre fue una resabida verdad, pues nos demuestran cómo esas condenas escondían intereses aún más oscuros y perversos. En esa perspectiva Anderson se adentra en una interpelación hacia el espectador, con un relato que conecta con la más profunda afiliación hacia nuestros hermanos caninos y esa cultura tan fascinante como la oriental.

En esta interpelación, Wes consolida el arte de mirar a los ojos, que ya percibimos en Mr. Fox (Wes Anderson, 2009), que rompe la oscuridad del cine, conecta a los indiferentes y calienta los corazones fríos; aunque ahora en Isla de Perros, trasciende su estética maravillosa, radicándose en diálogos notables, personajes entrañables y una manera de relatar un grito desesperado hacia nuestras consciencias.

La descripción de la cotidianidad de los perros en conjunto a seres humanos, que se percibe a partir de los relatos en primera persona -nos permite profundizar a manera de un documental- en el enfoque perruno de la realidad. Es ponerse en sus zapatos, es repensar el mundo desde el punto de vista del más débil, del más chico, de quién sin saber tu idioma, tuvo que quedarse callado en su jaula, a esperar su suerte. Si bien aquí hay héroes y villanos, el villano perfectamente puedes ser tú.

No repitamos esta historia. Con nadie. Antes de desechar cualquier cosa, preguntémonos siempre: ¿qué estamos desechando de nosotros a través de esa acción? Preguntémonos siempre: ¿qué nos faltó hacer para evitar deshacernos de alguien? Que no sea un niño quién tenga que recordárnoslo.

 

Simón Silva Cortez