Journey, un viaje que vale la pena hacer

El desarrollo continuado de la industria de los videos juegos ha permitido no sólo un mayor –y mejor empleado- gasto en las producciones, sino que además un interesante espacio para la innovación y la experimentación. Si bien una industria tan grande no siempre toma riesgos innecesarios, debo reconocer el gusto que ha significado el conocer un título como Journey.
 
Nacido de Thatgamecompany, Journey representa el pequeño pero importante espacio que se está desarrollando a partir de la fusión técnica y creativa de hoy en día. La experiencia disímil, alejada del común sistema de objetivos, trama estable y resultados concretos en cierta forma se pierde. Del mismo modo, la carencia de instructivos, relatos o comunicación entre jugadores determinan un nivel de integración que, al menos yo jamás había visto en aquel espacio.  Tras una excelente recepción en los medios especializados (IGN 9/10, Gamespot 9/19, Wired 9/10) he de suponer que al menos la industria no perderá oportunidad de volver a sorprender.
 
La primicia del juego se encuentra en –como su título lo indica- un viaje, el cual, empezando en un infinito desierto tiene como objetivo una montaña. El largo transcurrido a través de escenarios mágicos, ruinas ciclópeas y una fauna onírica determinará que la experiencia de pasar niveles y llegar al final sea tanto un ejercicio de inteligencia, constancia y, lo que considero más interesante, un momento de reflexión y meditación por un medio tecnológico. El pseudo mantra que representa aquel personaje recorriendo largos caminos es quizás una de las experiencias más notables que ofrecen las consolas hoy en día.
 
Una figura sin género, edad o rasgos aparece como el alter ego del jugador, una brillante montaña aparece a lo lejos, sin mayor detalle aparece el objetivo, alcanzar aquel espacio de esencia y presencia divina. A lo largo del recorrido petroglifos señalaran una sociedad enfrentada, tecnología destructiva y, por lo que se puede deducir, el viaje como forma de redención y salvación. 
 
Un segundo elemento necesario a destacar es la increíble banda sonora creada para el juego, Austin Wintory –el autor- pone en presencia del jugador el perfecto complemento para el diseño de espacio y personajes, una música que no sólo llena perfectamente los ambientes del viaje, sino que además da carácter y sentido a personajes y situaciones carentes de diálogo. La experimental relación entre contar una historia sin escribirla o relatarla y el vivirla a través de tan peculiar modo, definitivamente hacen de la música un vehículo imprescindible.
 
 
JourneyProbablemente la corta duración del juego –no más de dos horas- aparezca como un punto negativo, especialmente en un mercado donde los precios bajos son cada vez más raros, sin embargo el tiempo necesario para recorrer el camino de Journey no se hace corto, sino más bien tiene dejos que nostalgia –incluso en una primera vez- que permiten desear recorrerlo varias veces y que finalmente transforman al producto hecho por Thatgamecompany, un artefacto necesario para quienes están tensos o molestos, en cierta manera dándole una utilidad que está incluso por sobre la historia que posee.
Si bien la presencia de retos tales como acertijos, enemigos o caminos difíciles están presentes a lo largo del juego, es quizás la relación directa que produce aquel ambiente con la meta de recorrerlo y conocerlo uno de los aspectos notables y que sinceramente determinan en Journey, un hijo adelantado de la camada de juegos de consola.
 
Finalmente debo reconocer que la paleta de colores, el diseño de ambientes y personajes, la jugabilidad, además de la inmersión producida cumplen con todos los requisitos que se podrían pedir en la industria actual, además de entregar opciones y posibilidades que creo, debiesen ser consideradas seriamente como una rama nueva de la importante –querámoslo o no- industria de los videojuegos.
 
En definitiva una experiencia sobrecogedora que merece ser tratada.