La mentira blanca. Un debut que entusiasma

 “La mentirita blanca” así se titula el primer largometraje del prometedor director chileno oriundo de San Carlos, Tomás Alzamora. Si bien al filme no le alcanza para entrar en la categoría de lo genial, la película consigue ser una muy grata sorpresa y entusiasma por los posibles futuros trabajos cinematográficos de Tomás.

26 de septiembre de 2017

 “La mentitira blanca” es una comedia creativa y arriesgada que no cae en los clásicos clichés y en los detestables chistes vulgares y fáciles que tantas veces hemos presenciado en las comedias chilenas, que suelen provocar vergüenza ajena y que se han encargado de crear una enorme deuda de la industria cinematográfica nacional con este género. El noble esfuerzo de Tomás Alzamora no es suficiente para reivindicar al cine chileno con la comedia, pero logra trazar el camino y desmarcarse de sus cuestionados “pares” (con toda razón) transformándose en una interesante comedia con identidad propia que nos cuenta una ingeniosa historia, con un buen trabajo de guion del mismo Tomás (De hecho, ganó el premio al mejor guion en el festival de cine de Miami) y que logra cumplir su cometido de divertir y , mejor, en un considerable tramo del filme robarnos carcajadas a destajo.

 La película nos cuenta la historia de cómo nuestro protagonista Edgardo (Rodrigo Salinas), acompañado por Vladimir (Ernesto Meléndez) logran sacar a flote el humilde periódico local de San Carlos “El esfuerzo” que se encontraba prácticamente quebrado por la falta de noticias en el pueblo. Lo consiguen de forma increíblemente poco ética, pero las ganancias priman, así que los personajes no titubean en seguir con su “mentirita” para seguir regocijándose con el incremento de ventas del periódico local.

Todo este “boom” del alicaído diario, parte de un error de Edgardo y Vladimir, quienes por accidente atropellan a un famoso borrachito local y lo creen muerto (Su caja de vino que se revienta parece ser sangre que lo empapa). Por fortuna el querido borracho del pueblo está vivo y no ha sufrido daños importantes, pero este torpe error ha sido el generador de una gran idea para Edgardo y Vladimir quienes se dan cuenta que, a falta de la existencia de noticias, la mejor solución es que ellos mismos las generen. Acá está la mejor parte de la película, cuando los personajes comienzan a crear los más absurdos escenarios, llegando a coquetear con lo oscuro, para inventar noticias. La escena con que el director da cuenta del aumento de ganancias es sencillamente genial, una lluvia de monedas de cien, luego de billetes, que con la música y los tiros de cámaras parecieran ser una millonada. Lo que nos habla también de la precariedad y pobreza del pueblo.

Todas estas falsas noticias terminan por escapárseles de las manos a nuestros protagonistas, específicamente cuando inventan la noticia de la llegada de unos extraterrestres, con unas huellas que dejaron en una plantación de choclos del pueblo. Acá nuestros personajes se enfrentarán a la difícil decisión de mantener la mentira y así el auge del periódico o contar la verdad y normalizar la situación álgida, confusa y caótica que se está viviendo en la localidad de San Carlos.

Sí, no hice ningún spoiler esta vez, ni tampoco quise profundizar mucho en la historia, fue porque me encantaría que la película sea vista por todo el mundo posible y así, al fin, pueda despegar el cine chileno, que crece, crece, pero nunca se pega ese estirón considerable que se pegan los adolescentes. Ese que transforma a los que fueron toda su vida rellenitos y no favorecidos con lo estético, en jóvenes altos, bien parecidos y atractivos para el resto (Se que es superficial, pero yo no lo inventé así. A veces la realidad puede ser superficial amigo).

Ahora, a modo personal, en la película hay cosas que me sorprenden y un par de cosas que me molestan y entorpecen un poco,  el goce que me ha provocado esta película

Primero: Rodrigo “el guatón” Salinas, funciona excelente en el rol principal. Sin ser un actor, se ve un personaje creíble, que evoluciona y no cae en la caricatura grotesca, ni absurda. Una actuación simple y correcta, valiéndose de su gran carisma natural, aprueba en la difícil tarea de ser el personaje protagónico de un largometraje, rol en el cual ha fracasado de maneras estrepitosas en sus pasados intentos (ni mencionaré los filmes). Se ve un gran trabajo de Tomás en este aspecto, tanto en la creación del personaje, como en la dirección de actores. (Me sorprende para bien).

Segundo: David Castillo, más conocido como “Jonas Sanche”, el destacado rapero nacional tiene un papel secundario en la película, del cual para ser honesto, esperaba poco y nada; pero, logra sacar adelante un personaje muy entretenido. A David se le ve cómodo frente a la cámara y su naturalidad sorprende. Resulta refrescante y hasta consigue ser, a ratos, de los personajes más cómicos del filme. (Otro aplauso para Tomás por esto). (Me sorprende para bien).

Tercero: La historia tiene una partida lenta, pero que va tomando vuelo, cuando logra agarrar un ritmo que parece que ya no se detendrá hasta el final y uno prepara sus mandíbulas para un bacanal de risas, pero el ritmo se vuelve a diluir. Entiendo que Tomás al tomar está historia basada en hechos reales, le quiso dar énfasis a eso, pero el recurso de los testimonios tipo documental, en lo personal, me sobraron en la cinta. (Me molesta).

Cuarto: Daniel Antivilo (El dueño del periódico “El esfuerzo”) y Catalina Saavedra en el rol de la delirante hermana de Edgardo, marcan una diferencia con el resto del elenco. Ambos son tan buenos y tienen tanta experiencia en su rubro que se siente la brecha entre los que no son actores en el filme (a pesar de que, si funcionan, como es el caso de los ya mencionados). En especial Catalina Saavedra, por dios, que buena es Catalina Saavedra. (Me molesta… pero también me gusta… ¿me confunde?).

A base de esfuerzo y talento, Tomás Alzamora logró superar una primera etapa y dar un muy difícil primer paso, que es el tener un largometraje debut, con un premio en un festival del extranjero y con temporada en los mejores cines del país. Ahora sólo queda pedir, mejor, exigir a esta joven promesa del cine nacional, siga haciendo películas. Nos ha divertido en su primer intento, pero lo más importante es que nos ha llenado de esperanzas que nos permiten soñar con un futuro esplendor y al fin una esperada reivindicación de la industria cinematográfica chilena con un hermoso género como lo es, la comedia. Viva Chile.