La narración Natural de Constanza Gutiérrez

La joven narradora chilena está nominada al Premio de Cuento Gabriel García Márquez junto con los mejores escritores de la región.

8 de septiembre de 2018

Siempre es gratificante encontrar buenos narradores, sobre todo cuando son nacionales. Durante un tiempo tuve la impresión de que los literatos menores de 30 años,  intentaban imitar a Roberto Bolaño y que, por eso, las voces de los chilenos, se confundían entre ellas en un solo ruido opaco. Encontrar a Constanza Gutiérrez fue volver a encontrar una fuente original, fue refrescarse.

Terriers (Montacerdos y Hueders) se dejó ver el año pasado y desde su lanzamiento destacó por su narración fresca, auténtica, renovadora. Este reconocimiento llega de la mano de la crítica especializada y su nominación al Premio de Cuento Gabriel García Márquez, que en sus cinco versiones, ha seleccionado lo mejor de las letras latinoamericanas.

Estos antecedentes hacen crecer las expectativas sobre Terriers, ¡y no decepciona! La colección de siete cuentos tiene una narrativa fluida, familiar, variada y muy local. El lugar donde se sitúan sus cuentos, los grupos sociales que protagonizan las historias y la forma en que los personajes se expresan son tan genuinas y chilenas, que los recuerdos e imágenes saltan a la vista. En eso está su autenticidad y su naturalidad, no está ni cerca de maquillar la forma como hablamos con palabras rebuscadas, descripciones complicadas o situaciones fuera de lo común.

Además está la temática de todos los cuentos. Si tenemos buena memoria, recordamos al menos una o dos situaciones que se pudieron dar cuando teníamos ocho años, trece, diecisiete o veinte pocos.  Alguna vez tuvimos una amistad poco conveniente, un viaje que terminó mal, una relación tóxica o exploramos la sexualidad de forma poco asertiva, por decirlo suave. La autora expresa esa capacidad para estar metidos en lo incorrecto, en el peligro y sin dimensionar  las consecuencias,  característica que solo tenemos cuando somos chicos.

El lenguaje es lo mejor. Su forma simple, completamente natural de contar sus historias, con remates de buen cuentista, como nos enseñó el maestro Cortázar a escribir y leer. Imagínate que cuentas una historia a un amigo, así mismo se lee, prácticamente solas.

Los cuentos pasan y dejan esa sonrisa de recuerdo, de la tontera que hiciste o hicieron. “No quise decirle que no pensaba en nada, que solo estaba aburrida sin saber qué hacer, así que le dije que estaba pensando en la magia. ¿Cómo en la magia?, ¿qué magia? –En la magia po. La única magia. -¿Y por qué andai pensando en eso? –preguntó riéndose. –Porque ahora soy bruja, y hago círculos mágicos”.

La buena narración no basta para que sea entretenida o literariamente virtuosa. Debe evocar, tiene el deber de llevarnos a un lugar mínimamente conocido, porque entonces hace su magia. Así hable de extraterrestres, de lugares que nunca hemos conocido. Las llaves de lo familiar deben estar ahí para que podamos usarlas. Gutiérrez logra eso de una forma pasmosamente bien. Cuidadosa, fluida, nunca neutral. Te adentra en su mundo hasta el cuello.

Hace rato que buscaba algo así. Una narrativa chilena y joven que no por ser local, deje de lado el sentimiento y una visión universal. Tengo las fichas puestas en que se gane ese premio, porque entonces tendrá toda la atención que se merece. Ojalá esté preparando otro libro, ojalá siga escribiendo cuentos y profundizando en su voz auténtica. Eso es lo que nuestra generación necesita.

 

María José Figueroa