La revolución sin caudillo

Van 3 meses de estallido y todavía no sabemos para dónde va, cómo enfrentar lo que viene, quiénes nos van a representar para sacar adelante la vida que queremos vivir.

Viernes 14 de febrero de 2020

La incertidumbre es una especie de gas que rodea los espacios donde no podemos expresarnos. No es como la niebla, porque sabemos que en algún momento se evaporar y reaparece el paisaje conocido. No, ese gas que es la incertidumbre se parece más a lo que pasa cuando el cuerpo es arrastrado por una avalancha; el balance confundido y el blanco uniforme te hacen dudar de dónde está arriba o abajo y tienes que encontrar formas para definirlo rápido, antes de que el oxígeno se consuma y te ahogues.

La diferencia en el este gas y la avalancha es que, de nuevo, al salir de la nieve sabes que hay un arriba y un abajo y que seguro bajando la montaña te encuentras un pueblo donde sirvan té caliente, fin del problema. En este gas que vivimos ahora; el arriba y abajo no van a ser lo mismo. Ya vislumbramos que algunas cosas van a tener otro significado, que hay espacios que tienen otro nombre y que continuarán configurándose y cambiando a medida que avance el estallido, tanto si es favorable a las demandas como si no.

Lo primordial es que sigue siendo difícil expresarse, no podemos definir o contemplar con los breves vislumbres que aparecen de repente. Los bordes se pierden y las bases que pisábamos hace meses se caen bajo nuestro peso. La pregunta obvia es qué podemos hacer en la incertidumbre, aunque la respuesta no es tan clara.

Por una parte, comenzaría por estudiar lo que sea que haga sentido. Historia, literatura, filosofía, matemáticas, física; hay respuestas simples que nacen en el origen de la curiosidad. Como Lucas Estrella aconseja a partir del pensamiento oriental en el Oráculo del Guerrero: cuando se ha perdido un camino, lo mejor es volver al origen o buscar un río, sabiendo que tarde o temprano llegas al mar. Hay opciones simples que pueden servir para orientar la significación personal de lo que está pasando, tanto para darle sentido como para actuar si se considera necesario.

La autoeducación y confiar en los colectivos como acceso a la educación es uno de los fenómenos más democráticos que han ocurrido durante la revuelta. Cuando antes se había visto que la gente fuera en masa a aprender sobre la Constitución, leyes, formas de defensa legal e ilegal, artes, salud, solidaridad al fin de todo. Se traduce en participación, en un salir y conectar con otros. Por fin la información salió de la academia y de internet para entrar en los espacios y hogares que no tienen acceso.

Pero no es el momento de trabajar desde la individualidad. Tenemos la oportunidad de recomponer un tejido social profundamente dañado, si es que la esperanza y el optimismo lo permiten. Aunque no tengamos políticos que realmente representen las demandas y estemos solos, la colectividad es hasta el momento el único vehículo de expresión que tenemos para seguir adelante y lograr algo sustancial, desde una nueva Constitución a una forma de relacionarnos que haga sentido con nuestros tiempos, tecnologías y comunidad. Todo está por definirse.

“Estamos peor, pero estamos mejor, porque antes estábamos bien pero era mentira y ahora estamos mal pero es verdad”.

La frase ha circulado como grafiti, cartel, tweet, mensaje de texto y resume bastante bien lo que hemos sentido, visto y lo poco que hemos podido analizar cabalmente desde el 18O. No hay tanto buen análisis porque todo sigue pasando. Mejor nos prepararnos mental y físicamente para marzo, si es que se cumple la promesa de la reactivación del estallido.

Razones no faltan. Van más de 30 muertos, más de 400 lesiones oculares, golpizas, violaciones, abusos de poder de todo tipo y el modelo no se toca. Esperamos, de verdad espero, que marzo vuelva con toda la furia renovada para continuar empujando la reforma que necesitamos y tener la vida que queremos. Nada más y nada menos. El gas sigue aquí, se despeja para que podamos ver el abuso mientras avanzamos a ciegas en esta revolución sin caudillo.