La Telenovela Errante, el oscuro secreto de las fantasías

El fallecido director Raúl Ruiz y su sucesora en el film, Valeria Sarmiento, nos presentan una comedia surrealista, a modo de visión y resumen irónico de una época que aún despierta pasiones encontradas: ese extraño Chile de los 90’.

7 de octubre de 2018

Cuentan las crónicas del mítico cineasta que acabada la Dictadura, Raúl Ruiz volvió del exilio para visitar Chile de manera periódica. A cuestas llevaba el equipaje del destierro, que en parte atesoraba las enriquecedoras experiencias y reconocimientos que Francia le entregó a su vida y arte. Iniciado como cineasta a fines de los 60’, su primera época entregó films icónicos a la cartelera nacional (Palomita Blanca) y documentales en cierta medida comprometidos con la época de cambios que auguraba la Unidad Popular (1970-1973), que hoy en día, son material obligado para entender esa época convulsa. La represión y el crimen que vivió Chile durante los 17 años posteriores al Golpe, harían mella en todas las estructuras políticas, sociales y culturales, afectando (y otras veces truncando) a las diferentes vertientes del arte que venían desarrollándose de manera floreciente.

El resultado sería una verdadera revolución, impidiendo que un exiliado como Raúl Ruiz, pudiese reconocer al Chile que tenía en frente, luego del largo periodo en tierras galas. Aquellas experiencias nos conducen hacia una obra que cubre en cierta medida, el impacto que  fue encontrarse con un país muy distinto al que dejó.

Dividida en diferentes historias -que se entrecruzan de todas maneras- y desde una óptica irónica, La Telenovela Errante (Raúl Ruiz y Valeria Sarmiento, 2018) es una interpelación a nuestro ser criollo espectador, vacío, disminuido y temeroso, frente a una realidad que confunde, encerrando constantemente y obligadamente a un mundo onírico, donde sí se pueden cumplir los sueños. Y ese lugar son las teleseries, con un entramado bastante simple de desenvolver, pero muy complejo de deshabitar. La pregunta es por qué y más aún, por qué hoy en día, a pesar de todos los avances tecnológicos (internet, netflix), estas campean en términos de rating e impacto social, haciendo que films como este, sean tan actuales.

La película, dividida en capítulos o situaciones, mantiene un hilo conductor narrativo, donde prima el uso coloquial del lenguaje, tan típico del chileno común (Francisco Reyes), las situaciones cómicas, pero muy bien pensadas dentro de un marco reconocible para la mayoría nacional (Luis Alarcón es quien logra ser el personaje más versátil en ese papel). Cualquier parecido con las teleseries (y en algunas ocasiones con nuestra historia reciente), no es mera coincidencia y acrecientan la leyenda del visionario Raúl Ruiz.

¿Cuán clave han sido las teleseries nacionales en el imaginario colectivo de los chilenos? Esta interrogante resulta clave para entender la trama. Han servido de refugio para muchos tiempos de ocio, como temática para nuestras conversaciones o para admirar ciertos paisajes que nos han sido esquivos. Pero también podemos aventurar que han servido como un fuerte mecanismo de modelaje del ser chileno.

Si bien podemos contemplar un cierto periodo de recelo de la población hacia las comunicaciones durante la Dictadura, llegado los gobiernos de la Concertación, el apaciguamiento paulatino de la represión y la anuencia de los sectores de la clase política aparentemente polarizados, encontraron en la televisión un fuerte aliado y a la postre, un espejo donde se hizo ficción (y luego realidad) el modelo a seguir como sociedad escogido, impuesto y aunado entre cuatro paredes.

Las directrices que desarrollaron el espectáculo chileno de la pantalla chica, mantuvieron el constructo estilístico de sus antecesoras, añadiéndole cierta frescura paisajística, alguna picardía y algún toque distintivo según la osadía del área dramática del canal de turno (TVN o Canal 13), pero primando la carencia de conexión con la realidad, la sobreactuación y los culebrones al más puro estilo venezolano. Mucho de ello se representa en la película, es cuestión de dejarse llevar y/o profundizar en alguno de sus capítulos. A la postre, la imposición no fue solamente en lo constitucional o en lo económico, el Chile de los 90’ fue la época en que se determinó cierta manera de relacionarnos, de divertirnos, de entender qué es cultura y que no.

El reclutamiento no pudo ser más prolífico para la realización de la película. Patricia Rivadeneira, Francisco Reyes, Mauricio Pesutic y Luis Alarcón, son nombres que estarán marcados a fuego en cuando se rememore la época dorada de las teleseries, donde la pomposidad caricaturesca del galán y el intento por rescatar cierta cotidianidad, pero siempre disfrazada mediante la fantasía y el humor acrítico, fueron menester endulzante y crujiente durante las horas de once noventeras.

Hoy, con más climas de tensión, detalles más escabrosos, balazos e intrigas, la consecuencia es la misma: personajes que eternamente se mirarán a sí mismos, sin escapatoria, sin más rumbo que ser errantes en las vidas de los chilenos.

En esa medida la Telenovela Errante se muestra magnífica, pero también aportando juegos de cámara notables, alcanzando un clímax de maestría durante la cena que reúne a los personajes principales. El surrealismo de escenas atravesadas por las fantasmagóricas imágenes de  personajes de teleseries interrogando a sus colegas o de algún espectador acotando cuestiones banales, son notables. La película es en general un film luminoso en sus diálogos, muy gracioso y otras veces nostálgico, oscuro y complejo de desmarañar, pero representativo de una época que creemos ya pasó, pero que está más presente que nunca.

 

“Todo film conlleva siempre otro film secreto,
y para descubrirlo,
basta desarrollar el don de la doble visión que…
consiste en ver en una cinta no ya la secuencia narrativa que se da a ver efectivamente,
sino el potencial simbólico y narrativo de las imágenes
y de los sonidos aislados del contexto…”

Raúl Ruiz (En Memoria Chilena)