Las dos caras de la acción de la Vicaria de la Solidaridad

Vicaria-Solidaridad
Según Gilles Lipovestsky, “se ha dicho y repetido que el humanitarismo, la solidaridad y las beneficencias no son una política. Y es verdad, porque no tiene medios de detener las guerras, de impedir las violaciones de los derechos humanos, de garantizar un verdadero futuro para los menos favorecidos. 
  En épocas  del Régimen o Gobierno de las Fuerzas Armadas, la Iglesia Católica tuvo un rol activo. Pasó a ser una organización que se movió por los derechos del ciudadano, ofreció además su apoyo a la reconciliación entre los chilenos y desarrolló una labor de asistencia a las víctimas de la represión.  Para esto, tuvo que crear en 1973, bajo la decisión tomada por el Cardenal Silva Enríquez y otros sacerdotes, el Comité Ecuménico de Cooperación para la Paz (COPACHI). La institución brindó apoyo legal a los prisioneros políticos y a los trabajadores despedidos por causas económicas. Asimismo, comenzó a maniobrar una organización tanto fuera del país como al interior de éste. Estas razones, bastaron para que el Régimen Militar al mando del General Augusto Pinochet la considerara peligrosa, por lo que decide clausurarla.
 Frente a esta situación,  corresponde preguntarse si, desde el cierre, la Iglesia se quedó con los brazos cruzados. No, el 1 de enero de 1976, al día siguiente que se había cerrado el Comité por la Paz, el Cardenal Raul Silva Henríquez, Ramón Salas, José Valle, Carlos Oviedo, Carlos Camus, Fernando Ariztía, Juan Francisco Fresno, Polidoro Bilderberg entre otros, construían la Vicaria de la Solidaridad. Persiguiendo el mismo fin de la COPACHI, la Vicaria de la Solidaridad paso a ser un centro pastoral de asistencia a las víctimas de la represión, pero también, a partir de donativos extranjeros y conexiones personales, se convirtió  en una importante ONG. 
Ente 1978 y 1982, en plena crisis económica la Vicaria de la Solidaridad orquestó una serie de planificaciones con el fin de  ayudar al sector más vulnerable de la sociedad. De esta manera, difundió la acción solidaria y la doctrina solidaria, llamó a los jóvenes, universitarios, trabajadores y profesionales, independiente de su posición política e ideológica, a ser partícipes de la ayuda social y del proceso de conversión al catolicismo. Este hecho se concretó en la creación de campamentos de zonas, en el cual muchos sacerdotes y jóvenes universitarios capacitaban y formaban, en materias culturales como medicinales, a ex trabajadores, jóvenes sin trabajos, dueños de casa con rol de jefe de hogar y ex detenidos políticos, en distintos rubros, desde artesanía, hasta huertas y crianzas. La idea central fue favorecer la auto-gestión de las mismas personas afectadas por la cesantía, el hambre, la salud y la educación.

Dicho proyecto implicó la puesta en marcha de un ejercicio pedagógico que ayudara a los sujetos a comunicarse eficazmente, tomar conciencia de sus deberes y derechos, comprender la situación en la que viven y dirigir sus causas en la capacitación para la auto-organización civil, laboral y política.  Pero a través de dicha acción, la Iglesia Católica busco por un lado fortalecer el sistema económico neoliberal en Chile y la religión Católica.  Lo anterior lo apreciamos en la carta enviada por Juan Pablo II a la V.S y otras instituciones católicas solidarias. El fin de esta carta era desarrollar en las comunidades marginales el potencial humano;  en “ellas deben reconocer un espacio autónomo, jurídicamente protegido, para que todo ser humano pueda vivir, solo o colectividad, según las exigencias de su conciencia. Tal libertad, por otra parte, es invocada en los más importantes documentos y pactos internacionales, como la declaración universal de los derechos del hombre y las convenciones internacionales referentes al mismo tema, así como también por la gran mayoría de las constituciones nacionales. Esto no es nada más que justicia, porque el Estado, como portador del mandato de los ciudadanos, no solamente debe reconocer las libertades fundamentales de las personas, sino protegerlas y promoverlas.

Asegurando que el hombre tenía plena libertad y derecho para desarrollar sus capacidades, negando las ideologías marxistas, las cuales han sacrificado muchos valores cristianos o han caído en idealismos utópicos, para la Iglesia era importante defender el capital social, porque de alguna y otra forma defendía el capital económico. De esta manera era importante activar en la sociedad marginal, el potencial humano, el cual correspondía a una metodología gestada en el Instituto Esalen de California en 1960, con el fin de apoyar un desarrollo práctico y manual, estandarizado hacia el mercado. 
  En definitiva los talleres y capacitaciones sociales que impartía la Vicaria de la Solidaridad y otras pastorales, reforzaron el catolicismo en Chile y el sistema neoliberal.  Se ha dicho y repetido que el humanitarismo, la solidaridad y las beneficencias no son una política. Y es verdad, porque no tiene medios de detener las guerras, de impedir las violaciones de los derechos humanos, de garantizar un verdadero futuro para los menos favorecidos.