Llámame por tu nombre, el mecanismo del amor

El amor a primera vista desarma por completo, ¿les ha pasado? Puede que no haya sido a tan inmediato para ustedes, pero para mí fue más o menos así: el estómago y el corazón saltaron. Estas son las sensaciones que nos transmite André Aciman en su novela Llámame por tu nombre.

Sábado 22 de diciembre de 2018

Ese primer amor. Da escalofrío y falta de aire al mismo tiempo, mientras tratas de hacer todo lo posible para que no se note. Hola, hola, y de ahí en adelante todo lo que haces te parece confuso y torpe. No hay nada más humano ni más real que enamorarse. André Aciman logró una bella novela del primer amor en Llámame por tu nombre (Alfaguara, 2018).

El narrador es Elio, de diecisiete años e hijo de catedráticos que acostumbran recibir a jóvenes escritores o estudiantes en su casa durante el verano para ayudarlos con su trabajo. Ese verano llega Oliver, provocando todo tipo de reacciones en Elio: descubrir el amor, la propia sexualidad, el dolor y la aceptación.

La novela está dividida en tres partes. En la primera “Si no es luego, ¿cuándo?” Elio se rinde a la especulación y a los juegos mentales, se llena de ansiedad y da cuerda a las fantasías en un tira y afloja muy digno de la adolescencia. Pero Elio es un chico muy inteligente, ha leído mucho, sabe mucho y despierta lo que envidia de Oliver. Ese conocimiento le da a su narración una voz muy ágil, muy analítica y sufre sin resultar aburrido. Qué difícil debe ser un chico de diecisiete años e intentar decirle a un hombre de veinticuatro que estás enamorado de él.

Inténtalo luego eran las últimas palabras que me decía a mí mismo cada noche cuando me juré que iba a hacer algo para atraer a Oliver. Inténtalo luego quería decir: ahora no tengo el coraje. Las cosas no estaban listas en ese instante. No sabía de dónde iba a sacar el valor”. Desmenuza las palabras, las ideas, las acciones intentando encontrar un espacio en el cual pudiera confesar el deseo.

El deseo tiene vida propia, espíritu y voluntad en este libro. Doblega, ejecuta o paraliza y se apodera totalmente de las acciones. Elio, por su inexperiencia, no tiene la capacidad para manejarlo. Por otro lado, amor es la fiel imagen de Cupido y la flecha: eres atravesado y no hay nada que hacer ¡Pum!, fin del juego y estás totalmente indefenso ante los sentimientos de la otra persona. Como dice el padre de Elio “cuando menos te los esperas, la naturaleza encuentra nuestros puntos débiles”.

La familia es un apoyo total para Elio, algo que tantos otros jóvenes que pasaron por su experiencia no pudieron tener. Su padre sobre todo, es de un apoyo total y delicado en su forma de dirigirse a Elio. Respeta sus límites. Hay una conversación preciosa al final del libro donde demuestra que ser un buen padre es un acto de voluntad y autocontrol absoluto.

Esta podría ser la típica novela estadounidense pero la mezcla de nacionalidades y el escenario europeo le dan otro tono. Se ha especulado mucho el origen biográfico de la novela y de su enigmática dedicatoria.

Seguro una novela con otro tono hubiera llegado al grano de otra forma, pero la interacción con otros, los espacios que se dejan entre los personajes para que cada uno de ellos tenga su modo de desarrollarse, hace que al final sean muy ricos. No hay personajes bidimensionales.

El libro salió el 2008 y el año pasado ganó un Óscar por mejor guión adaptado. La película es preciosa, todas las actuaciones notables, una joya. Este es un libro totalmente romántico y tan inteligente, sutil con un lenguaje tan atractivo, analítico y hasta filosófico a veces que, acompañado con la acción, le da la profundidad justa y necesaria para no dar sermones. El único punto en contra es la traducción, no logré quedar conforme y tuve la sensación constante de que se perdieron cosas por estar adaptada para un español de España. Si puedes leer en inglés, recomiendo ese formato.