Los Fuertes: dibujemos un mundo

CineEstación estrena este largometraje que presenta la historia de dos jóvenes de realidades opuestas que viven un tórrido romance entre el frío y la lluvia valdiviana. La película, además de exponer la belleza del sur de Chile como hace mucho tiempo no se observaba en pantalla grande, empodera las historias LGBTIQ+ criollas, alejándolas de los revisitados sitios sobre tabúes y homofobia, para acercarlas con mayor naturalidad hacia el esquivo género romántico.

Martes 17 de marzo de 2020

Filmada íntegramente en la comuna de Corral -con un elenco mayoritariamente valdiviano-, la película prontamente presenta a Lucas (Samuel González), arquitecto que llega de Santiago a la Región de los Ríos a visitar a su hermana (Marcela Salinas), para despedirse ya que pronto parte a estudiar a Montreal gracias a la obtención de una beca

De pocas palabras y con relaciones algo débiles con sus padres, la estadía de Lucas parece que correrá rápido, hasta que conoce a Antonio (Antonio Altamirano), nieto de la señora que hace el aseo en casa de su hermana y su cuñado. Él trabaja como contramaestre en un barco de pesca local y también participa en recreaciones de batallas históricas en uno de los fuertes de la zona. Entre los dos rápidamente surge una química tan poderosa que no les da tiempo para disfrazar lo que sienten ni siquiera con la amistad. Lucas y Antonio viven juntos una temporada inolvidable, construyendo en la cabaña de este último una especie de refugio o nido que los cobija y los protege de interrupciones o mirones. Así deambulan por Corral como si no existiera nadie más que ellos. Pero esas semanas mágicas no son eternas y en los días cerca de su término, cada uno debe lidiar con sus sueños, temores y saber qué están dispuestos a dar y dejar cuando se separen.

Es la ópera prima de Omar Zúñiga en cuanto a largometrajes. Hasta entonces, el cineasta radicado en Estados Unidos, se desempeñaba como montajista, productor y había realizado una serie de cortometrajes, siendo una de sus creaciones San Cristóbal -la génesis de Los Fuertes– que contó con los mismos protagonistas y por el cual ganó el Premio al Mejor Cortometraje en los Teddy Awards del 2015. Dentro de la filmografía de Zúñiga, destacan producciones protagonizadas por varones con historias ligadas tanto a lo sentimental como paternal y desarrolladas en regiones del sur de Chile.

Los Fuertes -además de ser un título con mucho juego de palabras- asombra en cierto modo por la sencillez de su guion y por qué aunque se trate de una historia de amor ausentes de “te quieros” o “te amos” que uno esperaría, las actuaciones de González y Altamirano son tan creíbles y fáciles de identificar en la idiosincrasia chilena, que no hacen falta cumplidos o palabras de cortesía, para creer lo que viven.

La dirección de actores aporta en lo anterior, al encargarse de remarcar la semilla de este romance mediante miradas, textos, movimientos corporales de los actores y la cámara añade dosis de sugerencias entre los personajes, a través de ciertos tiros o ángulos. En el aspecto más técnico, Los Fuertes posee una elaboradísima y cuidada dirección de arte y fotografía, donde se aprecia casi cada detalle de la bahía de Corral, la belleza de la flora en la isla y el clima propiamente tal, brinda la sensación de estar en la Región de los Ríos. La música -pop mexicano- agrega una pizca de nostalgia que se mimetiza con un pueblo costumbrista y que paradójicamente vive de viejos recuerdos. Ejemplo: representación de batallas y tomas de fuertes.

Hasta el momento de lo que llevamos del 2020, el cine chileno ha comenzado con el pie derecho, no solamente en cuanto a taquilla, sino que, por contar con diversas producciones para casi todo público, como es el caso de Los Fuertes, y que precisamente apelan a llegar a distintos segmentos, desde el terreno comercial o independiente, pero sin minimizar al espectador. Los Fuertes es un pequeño hito en la pequeña industria nacional, pero ya hay países vecinos y lejanos que han podido contar historias como estas, situándolas en contextos más realistas y cotidianos, alejados del drama más duro, desde hace mucho tiempo.

Lo conseguido en Los Fuertes debería ser la chispa que permita surgir más filmes chilenos que provoquen identificación gays, lesbianas, trans, y empatía de parte del público menos conocedor de esta realidad. Películas así pavimentan el camino a la auténtica inclusión.  Es cuestión de esperar que transiten por ahí nuevos trabajos aún más desafiantes que aborden experiencias similares.