Marcel Duchamp, aún queda mucho por decir

Matucana 100 desde un buen tiempo a esta parte se ha caracterizado por tener una parrilla de arte bastante amplia, dispuesta a albergar y brindar su espacio a todo tipo de manifestación artística.

25 de octubre de 2017

La semana que recién pasó, fue la oportunidad de ver en acción a bandas como Los Vidrios Quebrados, pioneros en el rock psicodélico, como también al ya eterno y destacado Alain Johannes. Pero hubo una jornada excepcional de la que no pudimos quedar fuera y nos hicimos presentes con toda nuestra energía, porque para ver a Marcel Duchamp y a Pirómanos del Ritmo es necesario tener el cuerpo disponible para recibir ese golpe musical como también la grandeza de sus letras.

Eran alrededor de las 21:30, el público estaba en posición y el ambiente ya había sido amasado por la banda Tiempo Crucial, luego fue el turno de Pirómanos del Ritmo, cinco muchachos sobre el escenario, todos utilizando máscaras de lucha libre mexicana, la verdad es que fue tal cual la lucha libre, de un lado la banda, del otro un público que pedía a gritos que la música fuera más rápida para seguir girando en la pista al ritmo de la batería. Un show redondo con un sonido potente, a sus espaldas una pantalla que proyectaba la película Citizen Toxie: TheToxicAvenger IV, una pieza de culto. A ratos quizás el sonido estaba excedido de bajos, pero nada que impidiera el desarrollo del show. Marcel Duchamp es una bestia del Hardcore-Punk, Crust, o el Anarkopunk, estilos que ellos mismos tiran por el suelo como “palabras simplistas que en fondo no dicen nada, y aunque pudieran solo sirven de referencia”.

Esta banda propone lo que se le antoja con un sonido brusco y directo, un discurso necesario y sin límites. Se valora que tengan esa garra para su gente, porque cuando ya eran casi las once de la noche el público aumentó y la sala Patricio Bunster estaba en llamas. La disciplina que tienen estos músicos es evidente, destaca la energía y profesionalismo desbordante del baterista, que no dejó títere con cabeza haciendo explotar el escenario. Las guitarras sonaron fuerte, acoplándose perfectamente a las cuerdas gruesas del vocalista que realmente tiene una metralleta en su garganta.

Hace un tiempo atrás alguien me dijo “estas bandas pierden el tiempo con ese tipo de discurso”, intentando explicarme que la creación musical debía adaptarse a los días que corren. En esta oportunidad confirmo que no es así, puesto que existe algo que moviliza a bandas como éstas y es precisamente no tener pretensiones de agradar vanidosamente a un público determinado. Se trata de comunicar y manifestar la vida misma, sin disfraces que busquen hacer realidad mediante un trabajo meticulosamente planeado la ficción de la banda exitosa de rock que transa el discurso por la fama, se trata de comunicar con verdad, con realismo, pero también con fuerza y actitud.

Si esto te identifica bienvenido seas.