Memento: Debo escribir esta reseña antes de olvidarla

 

No hay nada de decir de Nolan que no se haya dicho, Nolan es un genio y no se ha cansado de demostrarlo con cada una de sus películas. Memento del año 2000 fue la primera muestra que recordamos de ello, una película compleja y de exquisita estructura, que a esta altura ya puede ser considerada un clásico del cine.

30 de agosto de 2018

Memento es una película difícil de digerir, de hecho, yo recuerdo haberla visto de más joven, hace varios años atrás y no la comprendí del todo, es más, ni siquiera me gustó, hace poco decidí volver a verla y vaya que buena decisión, y eso que tomar buenas decisiones no es exactamente mi fuerte. Luego de terminar de ver el filme mi cerebro terminó cansado y extasiado, tuve un par de orgasmos neuronales y esa sensación de “chitas que fui tonto ¿Cómo fue que no me gustó esta película?” ya sé, de seguro no la entendí, conociendo a mi yo de esos años, ni siquiera debo haber hecho un esfuerzo.

Las películas de Nolan necesitan un espectador activo que ponga en marcha sus neuronas en pro de las historias que el galardonado director y guionista nos ofrece.

Este thriller psicológico está protagonizado por Leonard, interpretado por Guy Pearce, quien es un joven que padece una peculiar condición que le impide almacenar nuevos recuerdos en su memoria. Leonard para poder sobrevivir con su padecimiento tiene fotografías de personas y lugares con diversos mensajes que él mismo se deja, y que lo ayudan a construir los acontecimientos recientes, que no logra almacenar en su memoria. Además, los hechos que considera como más importantes, los tatúa en su cuerpo para siempre tenerlos presente. Este plan en primera instancia luce sólido y parece ser una muy buena solución para poder conllevar su atípico problema de memoria, claro, hasta que Nolan nos recuerda la elasticidad y subjetividad de la frágil memoria humana. Crack.

El objetivo que Leonard persigue durante la historia es vengarse y asesinar al asesino de su esposa (lo tiene tatuado en su pecho) entonces deberá resolver quién fue en base a sus notas, sus fotos y los tatuajes de su cuerpo, lo que hace que esta misión sea muy compleja, ya que esta delicada construcción que se crea de la realidad puede verse fácilmente tergiversada por influencia de los otros dos personajes Teddy y Natalie, los cuales son los más importantes, y que lo acompañan en el transcurso de la película.

La construcción del relato es espectacular, los espectadores tenemos la misma información que maneja Leonard, entonces vamos descubriendo y redescubriendo los acontecimientos con él, en un constante juego de presente, pasado, presente, donde la historia está constantemente volviendo y entregándonos mayor información de cómo Leonard llegó a tal lugar o se metió en tal situación. Nolan nos facilita la información con cuentagotas, en un maravilloso trabajo de dosificación, para que, recién acercándose el final, podamos ir sacando nuestras propias conclusiones, donde existen varias posibles, ya que el director no está interesado en entregarnos una única opción absoluta. Si está tratando la subjetividad y ambigüedad de la realidad, para que darnos una salida obvia ¿no?

Finalmente, en la película hay varios temas que dan vueltas como el tiempo, la manipulación, la venganza, la memoria y la construcción que cada individuo puede hacer de ella, que es con la reflexión final que quiero quedarme.

¿Qué tan real pueden ser nuestros recuerdos? ¿No son al final una construcción y/o deformación subjetiva de la realidad que amoldamos para sentirnos mejor con nosotros y en el mundo? Nolan, eres un capo y nunca me cansaré, mejor aún, olvidaré, de decirlo.