Merlí: La eterna búsqueda de la libertad

MERLÍ: LA ETERNA BÚSQUEDA DE LA LIBERTAD

Sí, no es una película, es una serie catalana que vi en Netflix. Sí, soy crítico de cine. Sí, puede que me reten por tomarme esta libertad. Pero siendo fiel a lo aprendido con esta hermosa serie de tres temporadas y del rebelde profesor de filosofía, MerlíBergeron, haré lo que se me dé la gana y me acerque más a ser feliz. Ahí voy.

23 de julio de 2018

Está maravillosa serie creada por Héctor Lozano y dirigida por Ediard Cortés es sencillamente una hermosura audiovisual. Al terminar de verla quedas con esa mixta sensación de satisfacción, cansancio, pena y nostalgia. Con esa sensación de “uff, por todo lo que pasamos juntos”.

Merlí es un magnifico viaje por la vida de un profesor y sus alumnos que están en ese complejísimo momento de la vida de un ser humano: La adolescencia, en ascuas de terminar el colegio y tener que decidir una carrera que debiese cumplir con las expectativas de su entorno, de su familia y las propias, además de tener que sostenerlos económicamente por el resto de sus vidas.

Por suerte ya pasé eso hace uno años, Y al parecer no decidí muy bien, pero soy feliz. No todos lo cumplen sus sueños de inmediato y algunos no lo logran nunca, así es la vida y así de una manera brillante lo dejan claro en esta serie.

La fauna de personajes de Merlí es perfecta, hay de todo, es imposible no identificarse con alguno. Además es destacable como todos evolucionan y crecen a lo largo de una historia llena de amores, desamores, risas, amistades, conflictos, problemas económicos, crisis existenciales, entre otros.

Creo que Héctor Lozano logró sacar una precisa radiografía de la humanidad con su complejidad y contradicciones con esta serie.

La serie trata de un profesor de filosofía poco ortodoxo que azuza a sus alumnos a tener un pensamiento crítico y propio de ellos, a cuestionar, a desobedecer y por sobre todas las cosas, a nunca dejar la compleja búsqueda por ser libres.

A ser lo que ellos quieren ser, a conocerse y escucharse, a tratar de ser felices, que por dios, que es una tarea ardua hoy en día en una sociedad llena de estímulos que nos hacen creer que necesitamos ciertas cosas y debemos ser de ciertas maneras para conseguirlo.

A ratos la serie puede caer en lo telesérico y también volverse un poco repetitiva en las críticas a los políticos (Aunque en lo personal eso no aburre, creo que podría ver como golpean con palabras a un político hasta quedar ciego) pero sus escritores saben levantarla con nuevos personajes que llegan a revolucionar el mundo de estos adolescentes y de este entrañable y rebelde profesor.

Otra cosa muy positiva y a destacar de esta producción catalana, es su clarísimo mensaje de inclusión. La serie no acepta al discriminador, lo castiga, lo deja en evidencia, puede funcionar como una pequeña guía de cómo ser un mejor ser humano para los que aún no lo tienen muy claro. La palabra clave es: Tolerancia.

También a destacar la inclusión de la filosofía como columna vertebral, por llamarlo de alguna manera, o como un hilo conductor a lo largo de toda la historia.

Cada capítulo tiene el nombre de un filósofo y lo aprovechan a concho. La filosofía fue un limón del cual extrajeron hasta la última gota posible, con la cual aliñaron toda la trama que ya tenía bastante aliño, en sabor no se queda.

A mí me cuesta llorar, pero por segundo artículo consecutivo (antes con I, Daniel Blake), lloré. Esta vez no sólo una lágrima, lloré como se debe. Como no lo había hecho desde que era un niño (omitiré de cuando fui dejado por mi ex por salud mental).

Merlí es una maravilla, humana, fresca y llena de luz y enseñanzas. La recomiendo, no, la impongo, debes ver esta serie, ya que algo dejará en ti y sólo me queda decir, hasta el próximo artículo, queridos peripatéticos.