Nace una estrella: voces distintas, canción conocida.

Llega a las salas de cine la cuarta adaptación del clásico hollywoodense “Nace una Estrella”, aunque esta vez sorprende por crear su propia identidad, realista y fresca, donde el dueto Gaga-Cooper asombra por su química y los nuevos talentos que exhiben durante el film.

24 de octubre de 2018

Corría el año 2011, cuando aparecieron los rumores del regreso de “Nace una estrella” a la pantalla grande. Habían transcurrido -en ese entonces- 35 años desde la última vez que Hollywood recurrió a la historia de Dorothy Parker, Alan Campbell y Robert Carson. La cantante y actriz Barbra Streisand había sido la más reciente intérprete que encarnó a la artista ascendente, mientras que su pareja se hunde en el fracaso producto de sus adicciones, siendo Kris Kristofferson su co-protagonista. En esa ocasión, se contempló al legendario Clint Eastwood en la dirección y a Beyoncé con Leonardo DiCaprio como la turbulenta pareja protagónica, aunque estos nombres se bajaron.

La película estuvo detenida, hasta que en 2015 se anunció que Bradley Cooper no solo protagonizaría la protagonizaría, sino que además iba a ser productor y director. Además llamó la atención que Lady Gaga obtuviera el rol central, cuando solo había actuado en “Machete Kills” en que fue nominada al Premio Frambuesa a la Peor Actriz de Reparto.

La octogenaria historia de amor del célebre actor Norman Maine y Esther Blodgett, la mujer que soñaba convertirse en una importante actriz, mutó constantemente  para volver a ser contada varias veces, pero sin perder su esencia. Durante 17 años los nombres y oficios de los personajes se mantuvieron, hasta que en los 70 se transformaron en el rockero decadente John Norman Howard y la cantante de bares Esther Hoffmann. 40 años después, fue el turno de Jackson Maine y Ally. Bradley Cooper se encargó de mantener el ambiente musical del remake del 76, pero adaptándolo libremente a la época actual. Él encarna a un cantante de Country rock que todavía posee su fiel fanaticada, pero el alcohol y las drogas lo afectan seriamente. Lady Gaga trabaja como mesera en un restaurante y algunas noches canta caracterizada en un bar que ofrece shows de transformistas. Es en ese lugar donde ambos personajes se conocen, cuando Ally entona una notable interpretación del clásico de la francesa Édith Piaf “La vie en rose”. El resto de la historia ya es conocida: gracias a las influencias de Maine en la industria, Ally logra brillar con luz propia y triunfa como cantante, superando a su mentor y posterior esposo. Mientras se desarrolla su relación amorosa, Ally se enfrenta al rudo Star-system de la música pop y Jackson comienza a sumergirse en un abismo de autodestrucción, celoso del éxito de su pareja.

Nace una estrella” consigue seducir a las nuevas audiencias, porque en ningún momento olvida las dos importantes características de esta historia: lo crucial de la química de los protagonistas y la narración de una historia de amor trágica en medio de una crítica a la industria del entretenimiento, que podría haber sido incluso mucho más aguda.

Se ha especulado que la cinta sirve de tribuna para retratar, las raíces de la carrera de Lady Gaga, ya que ella y su personaje comparten ciertas similitudes y  rasgos psicológicos que la cantante ha difundido en los medios. A pesar de esta teoría, Gaga sorprende con creces en su primera veta dramática. Le brinda a Ally una naturalidad, carácter y sensibilidad inimaginables. Pareciera no haber rastro de la artista pop detrás de “Poker face” y “Bad romance”, reconocida por sus estrafalarios vestidos de carne, corpiños que lanzan fuego o llegar a una alfombra roja adentro de un huevo gigante. Está demás decir que se comprueba su gran talento vocal, gracias a que la mayoría de las canciones fueron interpretadas en vivo -a petición de Gaga-  para así preservar la atmósfera de concierto que ofrece el filme. Ella es quien brilla en la primera parte del largometraje y su co-protagonista en la segunda y última.

Respecto al oficio de Cooper, tuvo un gran peso sobre sus hombros, debido a la triple misión que tenía de colocarse tanto frente como detrás de cámaras e insertar su visión artística en esta trama tan conocida por Hollywood y el mundo. En su rol de actor, consigue armar un antihéroe que puede generar empatía y lástima, sin ser necesariamente un ser humano terrible, por culpa de sus adicciones. A diferencia de los actores que habían interpretado antes a su personaje, Bradley Cooper creó a Maine un pasado y lazos familiares para comprender su mentalidad, aspecto que los demás filmes omitieron. Pero también disminuyó el histrionismo que estos le habían otorgado a la estrella venida a menos, para acercarse a una actuación más realista. Este cambio impidió en algún grado que ciertas escenas pudieran haber sido más intensas, si el protagonista y director de “Nace una estrella” hubiera querido ahondar más sobre los efectos violentos del alcoholismo.

Destaca también en el canto, consiguiendo que su voz suene casi a la altura de los exponentes de música Country y Rock alternativo. En cuanto a su debut como cineasta,  apostó por dar  protagonismo a la cámara en mano, permitiendo que el espectador oiga a los personajes arriba y abajo del escenario. Ejecuta una dirección cumplidora y convencional, pero perfeccionable.

Traspasa la pantalla el evidente lazo que nació entre Cooper y Gaga,  que aprovecharon para potenciar las distintas facetas que desarrollan: ella como actriz y él como cantante y director. “Nace una estrella” pudo haber ido un poco más allá -sobre todo en el guion-, pero de todas formas no decepciona, ya que se instala como un homenaje a una estructura clásica hollywoodense atemporal. Distintas generaciones han tenido y probablemente seguirán teniendo su propia versión de esta historia. Porque tal como lo expone la cinta, a modo de metáfora: la música consiste en 12 notas  entre cualquier octava. Esto quiere decir que se puede tratar de la misma historia una y otra vez, siempre que el artista ofrezca una nueva visión.