Nancy, el lenguaje de la soledad sistémica

Dar atmósfera, entregar la experiencia de los sentimientos sin nombrarlos ni describirlos, demostrarlos a través de un entramado social real con personajes veraces y profundos, es el desafío más importante de una novela cuando cuenta una historia.

viernes 5 de abril 2018

Si dar la atmósfera es el desafío más importante; ni hablemos del lenguaje propio, cuando muchos novelistas siguieron el ejemplo de tomar Bolaño,  fue devastador para lo que vendría; la voz de una generación uniforme que termina ahogada y convertida en cliché.

Por eso, encontrar una novela que nos muestra una dimensión de nuestra sociedad oculta por el clasismo recalcitrante de los medios de comunicación y de las identidades oficiales; es más que reconfortante. Con un lenguaje bien trabajado, Bruno Lloret, se revela como uno de los mejores narradores del actual panorama chileno.

En XX Nancy XX (Cuneta, 2015) la protagonista del mismo nombre, cuenta los acontecimientos generales y críticos de su vida haciendo tangible varios factores: pobreza, vulnerabilidad familiar y social, cristianismo como posibilidad de salvación y orden. El abandono del Estado y la individualidad que plantean estas religiones generan una soledad social sistemática, más si sumamos una familia disfuncional. Bruno nos da esta sensación a través de la novela plagándola de X, las que pueden señalar momentos de reflexión, pausa, impacto y abandono.

X Yo llegaba del colegio y lo encontraba sentado en el sillón, comiendo apio o tomando un té, con los ojos fijos en la pantalla X Le cocinada algo más contundente y almorzábamos los tres. Él, yo y la tele X

  X X XX X XX X XX X”.

La novela trabaja estas dimensiones sociales de forma muy humana. No son caricaturas de situaciones, ensayos de descripción de una realidad que solo atestiguamos. En Nancy vemos esa realidad de la vida pobre en el norte, con vulnerabilidades psicológicas y materiales.

La religión es crucial, pues hablamos de un ambiente donde el cristianismo más fundamentalista caló hondo y restringe comportamientos, separando la vida entre virtud y pecado, sometiendo relaciones a la distancia, a la violencia y la obligación. A través del relato dimensionamos esta realidad, mientras que a través de las X las sentimos.

Bruno Lloret es muy joven. Nancy fue publicada el 2015 cuando él tenía 25 años y acaba de sacar Leña, su segunda novela. A este ritmo y con esta calidad, no sería raro vaticinar que él sea el autor de su generación, aunque habría que esperar un poco para que estas palabras se cumplan. Por mientras, es mejor leer a un autor que ha logrado un lenguaje propio, un tema interesante y la compresión profunda de las penas humanas.