Nos merecemos una TV pública

La programación en la televisión chilena ha ido mutando hasta convertirse en un simple negocio privado, donde el contenido ha sido subastado al rating, imponiéndonos una falsa programación cultural disfrazadas en programas de viajes,  liquidando toda la programación y franja infantil.

Lunes 27 de abril de 2020

A comienzos de los 60’ las Universidades se atrevieron al desafío de crear contenido para este nuevo invento que llegaba en masa a las casas de los chilenos, luego TVN asumiendo su rol de canal estatal, crea contenido investigativo interesante, al igual que su programación más popular como las teleseries que trabajaban en una búsqueda de lo social que las audiencias agradecían. Pero, durante los últimos 20 años hemos visto que la TV se ha transformado en un simple negocio de privados, donde un recurso preciado como es comunicar, en un país de geografía tan diversa, se pierde en una guerra de rostros, comprando programas baratos de países muy diferente a nuestra cultura y desperdiciando un medio de comunicación masivo, que ha sabido de logros interesantes como los ingleses con la BBC o incluso con canales infantiles como Pakapaka en Argentina.

El modelo neoliberal hizo que la televisión se acoplara a las leyes del mercado y dejará de ser un aporte a la sociedad, sino más bien, una aporte a la economía del país. Los sobrevalorados sueldos, en desmedro de la paga a los técnicos, es un claro ejemplo que la TV funciona con lógica de mercado.

En este sentido, TVN -cuyo directorio varía según el gobierno de turno- debe cumplir como empresa privada compitiendo con otros canales, sin recibir aporte del Estado, quedando a merced de la venta de sus espacios, que se obtiene por el negocio con los grandes grupos económicos del país, que terminan dando directrices a la programación y con ello mermando la posibilidad de crear contenido con fin social y de servicio público con un efectivo pluralismo de la información y el desarrollo cultural.

Sin embargo, la industria audiovisual se ha consolidado creando programas en paralelo. El fondo audiovisual y CNTV financia año a año producciones de muy buena factura y contenidos; que han tenido que buscar otras ventanas de exhibición ajena a la nacional o de distribución digital, por que simplemente no tiene cabida dentro del modelo de negocio que prima en los grandes canales.

Después de que el estallido social, dejó en evidencia cómo los grandes grupos económicos manipulan el contenido y la permanencia de los rostros, nos damos cuenta de la relevancia de la independencia de los medios y de su labor.

Esto cobra aún más importancia luego de una pandemia, que ha revelado que la política usa este medio para construir realidades a partir de sus necesidades y nos obliga a conformarnos con canales alternativos de bajos presupuestos y mala señal, que terminan siendo la única puerta abierta para empezar a ver contenido nacional de calidad; sin siquiera levantar una alternativa para tener un canal realmente público, donde los chilenos podamos identificarnos, aprender y valorar la cultura, a través de su programación. Sin duda “TV Educa Chile”, el nuevo canal de contenido infantil que anuncio el gobierno, es un aporte con contenido educativo y de entretención, donde los niños podrán identificarse por su contenido local, pero que evidencia el desinterés del Estado durante años por la construcción y el desarrollo de una TV pública.