Notre Dame: Más que un símbolo católico

Esta semana fuimos testigos del incendio de uno de los patrimonios materiales de la humanidad más importantes, reconocidos y visitados que existen en el Viejo Continente. 

Viernes 19 de abril de 2019

No hay quien viaje a París y no haya visitado la imponente catedral de Notre Dame, sus innumerables detalles, su arte gótico, sus increíbles vitrales, las imponentes gárgolas, los bellos jardines, todo con un elegante cuidado como lo saben hacer en la capital francesa. La impresionante catedral de Notre Dame alberga mucha historias no solo de guerras y saqueos, también hechos importantes como la coronación de Napoleón o la beatificación de Juana de Arcos, quien irónicamente fuera puesta en juicio y quemada a nombre de la iglesia hace más de 500 años.

Así, ver quemarse un símbolo católico, que da su nombre a la madre de Jesucristo traduciéndolo a “Nuestra Señora”, se ha convertido en el centro de la controversia estos días.

Uno de los acontecimientos que más llamó la atención en las redes sociales, fue que en sólo 24 horas se logró recaudar más de 700 millones de euros para su reconstrucción, mientras que miles de fotografías con la catedral de fondo empezaron circular en todos los espacios de debate público, todos querían sentirse parte de esta pérdida, muchos incluso que ni entienden el valor patrimonial de esta.

Frente a esto se empezaron a viralizar, en forma de comparación, lo que para la sociedad debiese ser más importante, un sin número de causas que a simple vista son más necesarias que la reconstrucción de este emblema eclesiástico.

Desde la hambruna en África hasta la contaminación de los océanos, todas causas innegablemente importantes para la sociedad, que una vez más se ve expuesta a juicios de valores, a la segregación de la empatía e incluso a cuestionamientos morales, por sujetos anónimos en medio de las redes sociales que exigen justicia desde sus escritorios.

Pero claro, no es cualquier monumento, no es cualquier patrimonio, es un símbolo de lo que a esta altura la mayoría cuestiona. Así, en medio de un juzgamiento sin precedentes a la Iglesia Católica, donde miles de sacerdotes alrededor del mundo han sido procesados y muchos encarcelados por abusos y violaciones a menores de edad, como también por el enriquecimiento material de su clérigo, hoy como nunca antes en la historia, quienes se mostraban devotos hace una década, de a poco han ido despertando ese escepticismo, que muchos plantearon frente a la doctrina de un culto que cada vez va dejando más adeptos en el camino.

Lo que vemos quemarse hoy no es un templo de oración o devoción, lo que vemos en llamas es un monumento histórico, un destino turístico y patrimonial.

Para Chile, ver Notre Dame en llamas es como ver a la Cordillera de los Andes incendiándose… no, no creo estar exagerando. Para los chilenos, acostumbrados al derrumbe de cualquier esbozo de patrimonio material, incluso inmuebles de gran valor histórico o de destacados arquitectos, verlos convertidos en mall o en edificios residenciales, es algo que ya estamos muy acostumbrados. Quizás quienes lloran por la catedral parisina, no reconocen siquiera las iglesias neogóticas que aún existen en el país, principalmente en la capital, cuya conservación como monumentos patrimoniales, dejan mucho que desear.

Claramente para los chilenos el amor por el patrimonio es casi nulo, solo nos acordamos de él cada fin de mayo para el Día del Patrimonio, donde nos orgullecemos de los bellos inmuebles y por supuesto, la lluvia de selfies o registros fotográficos ese día se vuelve un imperante al momento de visitar los circuitos patrimoniales disponibles a lo largo del país.

Pero para quienes hemos tenido la oportunidad de viajar y entender cuál es el verdadero valor que tiene Chile, y me arriesgo a decir que no hay quien me puedan discutir que el verdadero patrimonio es el natural, ¿o acaso no es la Cordillera de los Andes una majestuosa obra de la naturaleza que cada chileno extraña al salir del país? también sus hermosos parques nacionales, el desierto y sus impresionantes cielos, es lo que cualquier chileno presume al estar fuera, no son nuestros edificios, lamentablemente tampoco nuestros artistas (que para presumir tenemos de sobra), la mayoría de los chilenos sabemos que el gran valor patrimonial que tenemos, es nuestro propio territorio.

Para el año 2012 Chile sufrió uno de los incendios forestales más extensos registrado en zona nacional, con más de 17 mil hectáreas quemadas, en uno de los parques nacionales más hermosos del mundo (tampoco creo exagerar) como es Torres del Paine.

Todos lo sentimos, miles de voluntarios fueron en ayuda de la reforestación de este inigualable parque, todos jóvenes, por que es en las nuevas generaciones donde descansa la esperanza de ver un cambio social, más comprometido con lo que nos rodea, con ilusión de que este país algún día valorará lo que tiene, que no necesita llorar por Instagram o Facebook el incendio de una iglesia a más de 11 mil kilómetros para dar a entender que el patrimonio material si tiene un sentido.

Porque no es solo una iglesia en llamas, es historia, es un significado a lo que nos rodea, es la valoración a la belleza, de lo que nos hace ser parte de una sociedad construida sobre un pasado, es lo que nos define, lo que nos representa, eso es el patrimonio, lo que heredamos de nuestros ancestros y está en nuestras manos darle el respeto que merece.