Ocean’s 8: ahora ellas dan el golpe

La franquicia de Steven Soderbergh vuelve a emplear una fórmula conocida, siendo esta vez las mujeres quienes toman el liderazgo.

20 de junio de 2018

El plan es tan costoso como el objetivo que persiguen. El encanto y talento de sus protagonistas son los verdaderos motivos para no perderse este filme, que llega en el momento preciso, cuando el mundo y la industria del cine son testigos de la fuerza adquirida por el movimiento feminista que además de justicia e igualdad, buscan buenas historias para la mujer de hoy.

Este 2018, la saga “Ocean’s” –conocida en Chile como “La Gran Estafa”- que nació a partir de un remake de “Once a la medianoche” (1960), ahora cuenta con su propio spin-off. Si antes George Clooney fue Danny Ocean, inteligente y seductor gánster, cabecilla de la banda de estafadores – que originalmente había sido interpretado tres décadas atrás por el divo musical Frank Sinatra- ahora en “Ocean’s 8: Las Estafadoras”,  el turno es de Sandra Bullock. Ella interpreta a Debbie Ocean, quien es la hermana de ficción de Danny Ocean. Así, los primeros 20 minutos del largometraje transita, paso a paso, por la misma estructura que las tres películas anteriores. Pero aunque sea difícil de verlo la primera vez, esta historia -muy en el fondo- acaba proponiendo algo diferente.

En menos de 24 horas, Debbie se reencuentra con una antigua camarada, la calculadora Lou –interpretada por una siempre excelente Cate Blanchett– con quien echa a andar el motor de su siguiente y orquestado plan: robar el Toussaint, collar de diamantes de la distinguida fábrica de joyería Cartier, avaluado en más de 100 millones de dólares.  Este collar lo llevará puesto la neurótica e insaciable actriz Daphne Kluger –con Anne Hathaway en un registro actoral pocas veces visto en su carrera– en la icónica gala MET de Nueva York. Para llevar a cabo el crimen perfecto, Debbie y Lou reclutan a verdaderas profesionales del robo, entre ellas viejas conocidas y jóvenes dispuestas a cambiar la vida que llevan.

El equipo lo componen: Tammy (Sarah Paulson), una dueña de casa sobrepasada con sus pequeños hijos, pero con una amplia red de contactos para conseguir lo mejor en tecnología; Rose Weil (Helena Bonham Carter), excéntrica diseñadora de modas que atraviesa un mal momento, al estar llena de deudas; Amita (Mindy Kaling), fabricante de joyas de origen hindú, que labora en la tienda de su dominante madre; Constance (Awkwafina),  una charlatana callejera de Queens y hábil carterista; y por último Bola 9 (Rihanna), una experta hacker informática que se niega a revelar su verdadero nombre.

Bullock, Blanchett, Bonham Carter y Hathaway componen un cuarteto poderoso, ya que están en sus anchas para desplegar todo el talento e histrionismo con lo que han nutrido sus trayectorias en la pantalla grande. Podrá parecer la gran víctima en “Ocean’s 8: Las Estafadoras”, pero el rol de Anne Hathaway es el corazón de esta película.

Luego de estar a cargo de la trilogía anterior de Ocean’s, Soderbergh cede su lugar como director a Gary Ross, que lleva casi tres décadas trabajando en Hollywood, pero posee una corta carrera como cineasta. Sobresalen en sus trabajos Amor en Colores (1998), protagonizado por Tobey Maguire y Reese Whiterspoon; Alma de Héroes (2003) –su único filme nominado a “Mejor Película” en los Premios de la Academia– y por haber dirigido la primera entrega de la saga de acción juvenil Los Juegos del Hambre (2012). Con estos antecedentes, Oceans’8: Las Estafadoras marca una importante diferencia en su filmografía y al mismo tiempo, significa un gran peso sobre sus hombros, mucho más que dar un nuevo molde a un tipo de historia que masificó Steven Soderbergh en el pasado.

Gary Ross busca marcar un hito en el cine comercial actual contando con un elenco de mujeres en roles de peso, para enviar un mensaje de empoderamiento, representatividad y solidaridad en el sexo femenino. Mucho de esto se consigue gracias a la crucial colaboración de Olivia Miltch en los guiones.

Ocean’s 8 tal vez cuenta algo más de lo mismo, pero cumple con su misión de entretener. La disfrutarán quienes no esperan algo tan radical y novedoso del guion. Lo más destacable aquí es que al tratarse de una película Heist (subgénero de las cintas sobre crimen), donde ahora el género femenino es el protagonista absoluto, las estafadoras no se ven como rivales, ni están compitiendo entre ellas de manera soterrada, como se ha visto durante años en otras películas. Aquí hay un compañerismo femenino pocas veces visto en Hollywood, digno de ser replicado en adelante.

 

Pablo Carrasco