Pesadilla en el infierno: los lugares comunes siguen gustando

El nuevo filme de terror del francés Pascal Laugier aterriza en Santiago, ofreciendo una alternativa para huir de los dibujos animados y superhéroes que inundan la cartelera. 

28 de julio de 2018

–Es la casa de Rob Zombie– dice Vera (Taylor Hickson), al ver el frontis de su nueva hogar.

Una frase como esta no es para nada azarosa, ya que el dueño de la casa es un reconocido director de películas de terror, cerebro detrás del remake de 2007 del clásico de John Carpenter “Halloween” (1978). De detalles como esos, está compuesta la cinta “Pesadilla en el infierno” de Pascal Laugier  (“Martyrs” -2008).

Una madre (Mylène Farmer) y sus hijas Vera y Beth (Emilia Jones),llegan  a una antigua casa  abandonada en mitad del bosque, tras heredarla de su tía. El hogar presenta una infinidad de muñecas añejas y figuras aterradoras de criaturas mágicas en su interior.

No pasan ni 24 horas en aquella lúgubre vivienda, cuando son invadidas por dos psicópatas –súper inspirados en Leatherface de “La Masacre de Texas” (1973) y Buffalo Bill de “El Silencio de los inocentes” (1991) – quienes dan pie a que ellas vivan un verdadero y cruel tormento.

Pascal Laugier es un cineasta que lleva cuatro películas a sus espaldas y todas ellas en el género de terror. Como lo demuestra en “Pesadilla en el infierno”, no tiene problema en dejar que sus historias transiten por situaciones más que conocidas.

Es una cinta perfecta para quienes adoran incondicionalmente al sub-género del slasher y del terror que rinde tributo a sí mismo, aún sea durante todo el metraje. Los fanáticos asiduos al terror de los 60 y 70, podrán darse cuenta de claras referencias a clásicos de género como “Psicosis” (1960), “La Última Casa a la Izquierda” (1972), “Carrie” (1976) y “El Horror de Amityville” (1979).

Las pequeñas diferencias que pueden hallarse en su último trabajo y que lo separan de los clásicos anteriormente mencionados, son los constantes saltos en el tiempo –de atrás hacia adelante y al revés–, con el objetivo de desconcertar tanto a sus personajes como al espectador, y que las protagonistas de este filme son netamente víctimas, no heroínas. Este recurso permite a Laugier poner especial énfasis al retratar de la forma más cruda y bizarra la pesadilla que viven estas adolescentes a merced de asesinos en serie. Cada minuto que pasa, se incrementa la sensación de que ellas no tienen cómo salvarse. Sin embargo, como casi siempre suele suceder, la solución aparece, pero demorará en concretarse.

Pesadilla en el infierno” no es precursora de nada novedoso dentro del cine de terror –incluso el título que le dieron para Latinoamérica tiene gran similitud con el nombre que recibió la saga de “Pesadilla” de Wes Craven, en algunos países–, pero su principal fortaleza radica en que Pascal Laugier, utilizando varios clichés del género, altera el orden de estos dentro del guion y extiende las situaciones más tensas, consiguiendo así que el espectador sea más que cómplice de las adolescentes. En otras palabras, el cineasta es un buen ilusionista, pero esas mismas prácticas podría llevarlas a cabo en una historia con menos sensación a Déjà vu. No obstante, esta película cumple su cometido, para las personas que van al cine sin mayores expectativas.

 

Pablo Carrasco