Revolución demográfica, una revuelta hasta ahora sin guerrilleros

Chile es el país más largo del mundo. Desde la frontera norte con Bolivia y Perú hasta su isla más al sur, tiene casi 4329 kilómetros de longitud, equivalente a la décima parte de la circunferencia de la Tierra. Sí, somos gigantes, pero no lo sabemos…

Martes 6 de marzo de 2018

Ahora, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) somos algo así como 17 millones y medio de chilenos (digo “algo así”, porque tras el último “mejor censo de la historia” realizado durante el gobierno de Sebastián Piñera, no se sabe). Ahora, la región con más habitantes es la Metropolitana, donde se concentra el 40,5% de la población (7 millones 36 mil 792). Le sigue el Biobío (2 millones 18 mil 803) y Valparaíso (1 millón 790 mil 219).

¿Ven a dónde quiero llegar con esto?

La consigna es una sola: no hay y no habrá ningún tipo de desarrollo mientras no se rompa con el paradigma que sufre toda Latinoamérica: capitales colapsadas que actúan como parásitos al devorarse todos los recursos fiscales de sus respectivos Estados.

Obviamente, lo que estoy planteando no es nada nuevo, yo no he descubierto nada, pero sí estoy seguro de que es un argumento olvidado por la clase dirigente. Ya Aristóteles en su libro La Política subrayaba la importancia de un equilibrio demográfico para que la “Polis” (ciudad-Estado) se avecinará más hacia la “areté”, hacia su “ethos”.

¿Cómo se traduce esto a la realidad? Fácil. Haga la suma conmigo. En el país más largo del mundo, un tercio de su población vive en una sola región, lo que significa que en los intentos desesperados que hacen los gobiernos de turno para mejorar la calidad de vida de los chilenos, se gastan y gastan toneladas de dinero en solo hacer más grande el agujero de la Región Metropolitana y, de paso, se empobrecen las regiones. Espere, esto se pone aún peor.

Chile tiene 8 mil kilómetros de costa. ¡8 mil! Chile tiene el desierto más árido del mundo. Chile tiene la segunda reserva de agua dulce más abundante del planeta y la primera en litio. Chile, reconocido y premiado mundialmente por ser uno de los destinos turísticos más exótico y comentado a nivel global. Afuera nos aman, pero entre nosotros nos tratamos a garrote limpio.

Ergo, ¡somos ricos! Pero no lo sabemos. No nos dejan saberlo.

Como ciudadano lo primero que le exijo al Estado de Chile es fomentar la ocupación inteligente del territorio. ¿Cómo? Visto todas las ventajas comparativas que tenemos, se debería apuntar hacia políticas demográficas que incentiven la migración desde la capital hacia las hermosas y riquísimas regiones. ¿Qué incentivaría a una familia a dejar la Región Metropolitana? Una buena remuneración salarial, un sistema sociosanitario que sea inclusivo y centros de estudios, desde jardines infantiles hasta universidades, que garanticen la cobertura de las necesidades básicas de la población.

El eje productivo-económico de esta propuesta es cambiar nuestra matriz energética del carbón a las Energías Renovables No Convencionales (ERNC). Con todo el potencial de nuestra naturaleza, es inexplicable que sigamos contaminándonos, enfermándonos y gastando mucho más dinero en recuperarnos de las enfermedades que en prevenirlas. Y un gran responsable de eso es el carbón, que aún nos tiene encadenados al siglo XIX.

Este punto dentro del argumento es esencial, pues es sabido que es el pilar productivo-económico de una comunidad el que permite la estructura de sus pilares político-jurídico y socio-cultural. No quiero ser un reduccionista del marxismo o del materialismo histórico, pero tras vivir en 3 países distintos, conocer y conversar profundamente con gente de los 5 continentes y leer bastante, me convenzo más y más de esto.

El punto es presionar al gobierno de turno para realizar políticas de Estado, las que, cierto, no son populares, no son efectistas, son al largo plazo y quien las promueva seguramente no será el rostro de la portada del diario de mañana, pero son la única alternativa para detener esta bomba de tiempo que padece cada país de América Latina, desde el gigante Brasil hasta el pequeño Uruguay.

Chile debe cambiar su matriz energética y de hacerlo cambiaría también su status. Chile debería aspirar a ser el líder regional en ERNC y a guiar la transformación de Sudamérica. Chile debe aspirar a la grandeza. Chile debe recuperar su autoestima. Chile debe quererse más. Chile debe crear nuevos focos de desarrollo sustentable, sacando provecho de su riquísima naturaleza, los que fomenten la migración a regiones.

Y cuando digo crear nuevos focos, no me refiero solo a la fase constructiva, sino también a la operativa, lo que se traduce a nuevos centros de estudios y capacitación que permitan a las personas hacer carrera y mejorarse constantemente. Pero claro, estamos hablando de un proceso de mínimo 20 años, mucho más de lo que dura un gobierno.

Hasta hace no mucho en la Región de Aysén (sí, la mismísima donde empresas como HidroAysén trataron comprar la ignorancia y desesperación de la gente), no había donde seguir los estudios superiores, entre otros problemas, como por ejemplo en La Junta había un día a la semana donde no había ambulancia. Es decir, si usted va a tener un accidente ojalá no sea ese día.

Un país con estos contrastes es un país que se va al carajo.

Un Estado con tan poca estima y respeto por sus ciudadanos es un Estado que carece de legitimidad. Un país donde solo vota y decide una minoría es un país que escoge el suicidio colectivo. La responsabilidad es compartida, pero quienes toman las decisiones han tomado también la vida de muchos chilenos debido a su miopía política, poca inteligencia e incapacidad.

No se trata de ser rojo o anarco, se trata de superar la Guerra Fría y las ideologías del milenio pasado, se trata de superar la imaginaria línea divisoria que separa la izquierda de la derecha, se trata de políticas de Estado y no de gobierno, se trata de ocupar inteligentemente nuestro país y dejar el estigma imbécil e ignorante que reza que “las regiones son pobres y para los huasos”.

Chile sangra por todas partes. Son urgentes las revoluciones en el sistema educacional, de pensiones, de vivienda y de salud, pero créanme una cosa: ninguna de éstas mejorará Chile si perpetuamos la ridícula paradoja de ser el país más largo del mundo, pero con un tercio de su población concentrada en una sola región. Chile necesita una revolución, sí, pero la primera de todas es la Revolución Demográfica.

 

Franco Barbato