Robin Williams. Un genio de la actuación

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“Una vez me contaron un chiste. Un hombre va al médico y le dice que está deprimido que la vida es dura y cruel. Dice que se siente solo en un mundo amenazador. El médico le dice:El tratamiento es muy sencillo. El gran payaso Pagliacci está en la ciudad. Vaya a verle. Eso lo animará.Pero repentinamente el hombre rompe a llorar, y expresa lo siguiente. Doctor… ¡Yo soy Pagliacci! Es un buen chiste. Todo el mundo se ríe, se oye un redoble y baja el telón”

¿La soledad y pena de Robin Williams fue tan grande como la que sintió el payaso Pagliacci?¡No me lo puedo imaginar! En este pequeño artículo no hablaré de su deceso, ni tampoco de sus adicciones, sino más bien, de su carrera profesional.

Un cómico innato, nos hizo reír en muchas producciones fílmicas, interpretando papeles, tales como, un papá, que tras la separación matrimonial, y con el deseo de estar con sus hijos, decide disfrazarse e interpretar a la setentona señora Doudtfire en “Papá por Siempre”. Como también a un histriónico y electrizante locutor de radio del ejército durante la Guerra de Vietnam, en “Buenos Días, Vietnam”. Un personaje menos caricaturesco como en “La sociedad de los Poetas Muertos”, interpretando a un profesor de Literatura, heterodoxo y rupturista, el cual sale del convencional profesor conservador, logrando levantar a una generación de adolecentes, enquistada en una sociedad tradicional, muy intolerante al cambio y al descubrimiento de las vocaciones de sus hijos, al grito de “Oh, capitán, mi capitán”.

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Con dichas películas Williams alcanzó a que lo nominaran al Oscar como Mejor Actor de comedia. Dentro de su palmarés obtuvo 5 Globos de Oro. No obstante, finalmente alcanzó la cima con el premio Oscar a Mejor Actor de Reparto con la interpretación de un bondadoso siquiatra que ayudó a un rebelde joven, interpretado por Matt Damon, en la película “En Busca del Destino”.

Si bien, sus interpretaciones se enfocaron en dar vida a personajes del género de la comedia, también se destacó en producciones dramáticas, encarnando a un escritor serio en la película “El mundo según Garp” o aun depresivo técnico de un laboratorio fotográfico en la película “Retratos de una Obsesión”.

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Pero su talento profesional como actor es aún más evidente cuando proporciona su voz para dar vida al genio de la lámpara de la película “Aladdín”. Asimismo, también tuvo espacio para que en 1995 interpretara el papel de Alan Parrish en la película de aventura “Jumanji”. Una de ellas en la película del año 1999, “El hombre Bicentenario”, en donde fue un robot humanoide, Andrew, que con el pasar del tiempo va adquiriendo sabiduría y sentimientos, pidiendo a sus dueños la libertad tan anhelada por la humanidad. A pesar de que tal vez no sea uno de sus papeles más recordados, refleja nuevamente esa tónica de la gran mayoría de su trabajo: la soledad.

Williams fue compañero de estudio de Christopher Reeve en la Julliard School, lugar en donde consolidaron una fuerte y duradera amistad. Es así como alguna vez comentó Reeve en una entrevista, que cuando estaba internado tras quedar parapléjico al caerse de un caballo, su amigo de colegio lo fue a visitar, pero sin que los doctores se dieran cuenta. Se había hecho pasar por un doctor ruso que quería practicarle una colonoscopía.

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Williams fue un gran actor que tempranamente nos dejó con aquella humana, simple, imperfecta y amigable sonrisa, que con sus actuaciones nos hizo vibrar, reflexionar e inquietar sobre nuestra caridad. Pero en ellas también nos reflejó su necesidad de encontrar la felicidad, que tantas veces los medios de comunicación y el mercado de la intervención quieren mostrar como una realidad perfecta. Robin Williams nació, vivió y vivirá entre nosotros, regresando cada vez, cuando aprovechemos de ver una película de este genio artístico.