Soy un cyborg: locura, romance y fantasía

Chan-Wook Park el laureado director coreano que sementó su prestigio en el cine con su “trilogía de la venganza”, decide dejar de lado los filmes más dramáticos y sombríos para incursionar por primera vez en la comedia con esta onírica historia rebosante de colores y poesías.

18 de agosto de 2017

Antes de que sigas leyendo debo advertirte que este artículo contiene SPOILERS.

Entre el 2002 y el 2005, Chan-Wook Park, realizó tres intensas películas que tenían como eje central la venganza, en donde el director y guionista coreano aborda las partes más oscuras y violentas del ser humano, en esta afamada trilogía de la venganza, destaca el filme ya de culto “Oldboy” del año 2003. Está trinidad de cintas es cerrada por  “Simpatía por la señorita venganza” en el 2005,  la cual debe ser por lejos su obra más cruda, pesada y truculenta. Por lo cual, no creo que sea una coincidencia que un año después de esta producción, Park, decidida tomarse un receso de la lobreguez y haya creado la película más colorida y esperanzadora de su filmografía. Nos Sorprendiendos a todos con una inteligente y original comedia y sin abandonar el drama, el dolor humano y la violencia por completo.

“Soy un Cyborg” es una película llena de fantasía y belleza en que su autor  hace gala de toda su capacidad imaginativa, en donde gran parte de lo que vemos, está sucediendo en la singular imaginación de sus personajes. La historia a ratos puede tornarse un poco rebuscada, sobrecargada y pretenciosa, pero el director logra sacar adelante este difícil desafío con toda su pericia cinematográfica y su ingenio como escritor. Juega con las metáforas, con colores muy calculados y cuidados, empleando un excelente manejo de las tomas y ligando la historia magistralmente con sus personajes.     

La historia trata sobre la joven Young-goon (Lim Soo-jung) que está internada en un hospital psiquiátrico luego de un intento de suicidio al cortarse la parte de las muñecas para introducirse unos cables y deliberadamente electrocutarse. Ella cree ser un cyborg. En el hospital Young-goon sólo se “alimenta” lamiendo pilas y se rehúsa a ingerir comida. Ella piensa que al hacerlo se puede estropear. La falta de alimento en Young-goon es preocupante, su vida peligra por esto y los doctores no logran encontrar la forma de hacer que ella coma algo, ocupando tácticas tan brutales como el electro-shock o la alimentación asistida por la nariz. Acá el director de forma sutil y suspicaz, aprovecha a criticar la inhumanidad que a veces tienen este tipo de instituciones y a su vez pone sobre la mesa el tema de la anorexia camuflado con una niebla de locura y delirio.

En el internado Young-goon conocerá a Il-soon (Rain) un joven que está siempre oculto tras una máscara y posee una habilidad muy especial. Es capaz de robar los traumas, habilidades y manías de todos los pacientes del hospital. Il-soon se enamora de Young-goon, luego de seguirla para robar su compasión por petición explicita de ella, para que así pueda matar a los hombres de blanco (los doctores) que fueron quienes se llevaron a su abuelita (quien tenía esquizofrenia y creía ser un ratón).

La historia y la tensión del filme se centran en la negación de la protagonista de comer, la bomba de tiempo está puesta estratégicamente de manera muy hábil, a nosotros (los espectadores) ya nos estregaron la información de que si Young no se alimenta morirá. Se crea el suspenso. Il-soon también maneja esta información, por lo que veremos cómo este astuto personaje hará lo posible por lograr lo que los doctores no han podido lograr. En la delirante interacción de estos antisociales personajes, vemos como, dentro de sus particulares visiones ante la vida, se logran entender y comunicar. Somos testigos de este impensado romance, saturado de bellas quimeras y escenas oníricas.

Il-soon con una sofisticada mentira logra convencer a Young-goon de que ingerir comida no la estropeará. “Insertó” un megatrón de arroz en los circuitos de Young-goon (no olvidemos que ella cree ser un cyborg) que transforma la comida en energía que la mantendrá cargada.

El clímax de la película es generado de una forma preciosa, todos los pacientes están unidos por la misma causa, que Young-goon se alimente. Mientras Il-soon sentado a su lado le da las instrucciones paso a paso para que ella coma, el resto de personajes del hospital, sin dejar de mirar a Young, siguen los pasos dictados por Il-soon. Se puede sentir como los personajes pujan para que Young-goon trague esa cucharada de arroz. La escena oscila entre lo tierna, lo cómica y lo romántica, y por ningún momento pierde tensión, teniéndolo a uno al borde del sillón esperando que por fin la joven “cyborg” se alimente de una vez por todas.

Lamentablemente no todo es bueno, hay que reconocer que la película al cerrar el segundo acto y solucionar el conflicto, decae bastante. Da la impresión que debió haber acabado cuando se cumplen los objetivos de los personajes protagónicos pero se alarga un poco más de lo necesario con una escena que no se termina de comprender de todo,  y que genera un final un tanto anticlimático dejando un gustó extraño en las papilas gustativas de nuestro cerebelo.

“Soy un cyborg” es una comedia compleja y profunda, todos los personajes tienen una obsesión provocada por algún trauma, pérdida o temor y eso el director lo exterioriza de manera más lúdica que en sus trabajos anteriores, pero igual no abandona el drama y el miedo ante la vida. Por ejemplo Young-goon comienza con sus delirios luego de perder a su abuelita que fue quien la crio. Il-soon roba porque tiene miedo a desaparecer y ese miedo es provocado luego de perder a su madre.  

 

 

Este gran trabajo cinematográfico nos demuestra que Chan-Wook Park es un director y guionista versátil, que no se va a encasillar en una sola forma de hacer cine, ni va a redundar siempre en las mismas temáticas, o al menos no de la misma forma.

Si bien, podemos ver en pantalla sus tópicos favoritos, desatacando una de las escenas más entretenidas del filme. La matanza de Young-goon a todos los doctores del hospital. Una masacre llena de sangre, humor y una música clásica contrastando la violenta situación. Por supuesto, esto ocurre en el cerebro de Young-goon, pero es innegable lo que disfruta Chan-Wook Park con las escenas de violencia y en esta escena se dio un pequeño gustito donde se divirtió, y se nota, pero por sobre todo se agradece. Si al final hay que aceptar que todos amamos la violencia si es Chan-Wook Park quien la dirige.