Suspiria: el macabro compás artístico y político

Opiniones divididas ha generado el remake de Suspiria de Dario Argento, a cargo de Luca Guadagnino. Hechicería, cicatrices de la guerra y feminismo se fusionan en este filme, en que el director de Call Me By Your Name garantiza su gran talento como cineasta y versatilidad como artista, al dotar de carácter y una inusitada profundidad a esta nueva interpretación de aquella cinta de culto del terror italiano.

Viernes 8 de febrero de 2019

Mismas herramientas, distinto molde. Esta frase resume lo que entrega Luca Guadagnino al espectador con su Suspiria, cinta de la cual confesó en repetidas oportunidades ser un gran admirador y que ahora quiso materializar las sensaciones que le produjo, cuando vio en su adolescencia la emblemática película ícono del género Giallo.

La historia desecha la silvestre y colorida Freiburg de la original de 1977, por un turbulento y gélido Berlín de la misma época. Suzy Bannion (Dakota Johnson), una joven estadounidense nacida en el seno de una familia Amish, viaja hasta la capital de Alemania, en plena Guerra Fría, para audicionar como bailarina en la prestigiosa y exigente academia Tanz, ubicada frente al Muro de Berlín, regida por la enigmática instructora Madame Blanc (Tilda Swinton). Solamente mujeres conforman esta singular institución, en la cual Suzy rápidamente queda aceptada, debido a su talento innato para danzar.

En medio del arribo de Bannion, la academia ha sufrido el abandono de una de sus alumnas, corriendo los rumores de que pertenecía a una agrupación extremista y que huyó hacia la clandestinidad.

Sin embargo, lo que no sospecha ninguna de las muchachas que ensayan arduamente para volverse grandes bailarinas, es que las maestras de la academia son en realidad brujas, que planifican secretamente el renacimiento de una de las hechiceras más antiguas y poderosas de su orden, a través del sacrificio de la más brillante de sus estudiantes. Paralelamente, el anciano psiquiatra Josef Klemperer, investiga qué ocurrió realmente con la alumna desaparecida y querrá desenmascarar a este aquelarre.

Durante el último tiempo, han salido películas de terror que han roto con los estándares convencionales, debido a su narración, puesta en escena y mensajes sociales contenidos en sus tramas para espantar al público. Pocas veces existe un filme que perturbe, angustie, y al mismo tiempo, invite a la reflexión, como lo hace Suspiria 2018. La primera Suspiria era básica a nivel de guion y sin intenciones de generar una doble lectura. Causó impacto por su propuesta artística como estética, que inspiró a que una generación de cineastas buscara conseguir lo mismo que Argento.

Guadagnino eleva su homenaje a una altura insospechada, magnificando el famoso cuento de hadas sangriento, pero corriendo muchos riesgos que pueden hacer de su obra algo entendible para pocos.

Hay un titánico y perfeccionista trabajo de ambientación, arte y fotografía en cada escena de la película, que hacen rememorar el aspecto de filmes de los años 70. El equipo de Guadagnino le dio un gran protagonismo a la danza contemporánea, modificando el ballet clásico de la original del 77, que estaba apartado a un plano casi terciario.

Aquí la danza adquiere poder y presencia, ejerciendo de catarsis en medio del trasfondo diabólico y grotesco.

El montaje y la edición potencian este propósito. Hay que destacar también la banda sonora compuesta por Thom Yorke (Radiohead) que sumerge momentos tan álgidos y turbulentos del filme, en verdaderos trances oníricos. Sobre las actuaciones, Tilda Swinton siempre está imponente en el rol que le den y no decepciona. Encabeza junto a Dakota Johnson notables interpretaciones, en donde esta última revierte su mal paso actoral en la trilogía Cincuenta Sombras de Grey, ya que aquí está bien dirigida. Guadagnino expande todo lo que era sutil en la obra de Argento e incluye mensajes acerca del empoderamiento de la mujer, a través del arte, simbolismos en cada encuadre, secuencias hipnóticas, pesadillas casi poéticas, indaga con el personaje de Klemperer, sobre las consecuencias emocionales que dejó en los alemanes la Segunda Guerra Mundial y recurre, a veces de forma excesiva, en establecer un fuerte contexto sociopolítico, teniendo como telón de fondo la álgida época del Otoño Alemán y hechos como el secuestro del vuelo 181 en Lufthansa.

El problema con Suspiria está precisamente en el abanico de temáticas que quiere contar y mostrar, abusando en cierta medida de dividir el largometraje en 6 actos y un epílogo, sumado a que las 2 horas y media de duración, duplican la molestia que pueden sentir los espectadores impacientes a que el clímax estalle pronto.

El segundo gran inconveniente yace sobre el personaje que también interpreta Tilda Swinton (con un maquillaje bastante bien logrado), motivado a destapar el enigma principal de la historia. La película insiste en darle suma importancia al viejo doctor, al ahondar en su pasado, pero provoca que se pierda durante varios minutos el ritmo y el foco central de Suspiria, que es la academia de danza comandada por brujas.

Suspiria contiene escenas capaces de generar miedo, asco y también seducir por la composición de las tomas, que forman algo bello dentro del horror.

En el clímax de la cinta, explota toda la dosis de sangre, locura y crudeza, que pueden afectar a estómagos sensibles y en donde Guadagnino despliega el respeto que tiene al trabajo de Argento, como también a las otras dos películas que conforman la trilogía que inauguró Suspiria. Nunca antes se había visto en el cine que la danza pudiera generar una sensación de pavor y asfixia, como lo consigue la película. Crear un terror menos efectista, pero que profundice en la psicología, mientras expone desde el comienzo crímenes perpetuados por brujas y aún así trate de generar conciencia acerca del cuerpo femenino y de la fraternidad entre mujeres, no es sencillo de conseguir ni de juntar, pero se agradece la intención de construir una historia de miedo, con temáticas contingentes.

En definitiva, Suspiria es una cinta de horror que dividirá inevitablemente a las audiencias, entre los que quieren ver un filme para digerir y quienes pretenden aventurarse en una experiencia donde el realismo y el misterio paranormal están separados por una delgada línea, en la que puede encontrarse analogías, en donde sin haber magia negra de por medio, grupos y naciones han sido y siguen siendo víctimas de hechizos por ciertos individuos, sin ser necesariamente brujas.