Un bramido en el bosque: Mátate, amor

La novela de Ariana Harwicz nos lleva de la mano por la claustrofobia de la familia de campo, la imaginación de lo terrible y de lo trágico con una prosa líquida, mordaz, asfixiante e imaginativa.

Sábado 23 de febrero de 2019

El tacto de la muerte pasa por los dedos de la mujer que aprieta un cuchillo, ahogando su deseo sexual exacerbado en íntimo contacto con la naturaleza y el encuentro con un ciervo llamándola a lo salvaje.

Su entorno es el campo y su familia (marido + bebé de 6 meses), pero su asco, la tristeza de odiar todo lo creado, la claustrofobia de la maternidad cuando no la quieres, la vida simple y aburrida cuando no la quieres, sentir y manejar la pulsión de la destrucción construyen un relato fluido, imaginativo y terrible. Mátate, amor (Elefante, 2018) atrapa como la asfixia y entrega en bandeja las contradicciones del deber ser mujer, de tener educación y criar una familia en contra de toda voluntad; ante la resistencia, el cuerpo y la psiquis que se rebelan.

Foto de WMagazín

 

La historia en este relato es un elemento secundario porque lo principal es la prosa mordaz y cruel que traspasa toda la novela. Le da una atmósfera pesada al bosque, los hachazos a la madera para el invierno son pastosos, toda interacción es morbosa o está llena de desdén.

Ella menosprecia a todos a su alrededor menos a su hombre, pero solo el sexo la calienta, para todo lo demás se ha vuelto fría y no duda en dar balazos cuando lo considera necesario. Esta claustrofobia no se explica en el libro, se siente con cada palabra.

“Estoy ausente pero como sobresaltada por una pesadilla. Quiero correr colina abajo sin frenar cuando llegue al reguero, quiero correr sobre las flores en una carrera amarilla contra mí misma. ¿Qué te pasa?, dice, y tengo un aire a hija sin padres. ¿Vos no lo podés criar solo?, pregunté. Yo me tiro del auto ya mismo”.

Este es el tono y lenguaje de todo el libro. Leerlo genera esta misma sensación. Ganas de nadar hasta el fondo y no volver. La imaginación de lo que podría ser y que el final siempre sea fatal o trágico invoca a lo más terrible de la depresión. Un ahogo total.

Esta mujer está atrapada en una maternidad no planeada ni deseada. Desconocemos cómo llegó a vivir al campo de un país que parece extranjero, ella no pertenece ni a esa sociedad ni a su modo de vida. No tiene redes de apoyo de ningún tipo y dentro de las frustraciones y rabias está el marido, los deberes impuestos al rol de esposa-madre, y la brutalidad de un entorno en que desencaja como mujer con título universitario. El misterio de su pasado y su futuro hacen que el sufrimiento sea un ente con presencia propia. Su fantasma se siente y se ve.

La poética del texto escapa sin esfuerzo de todo lugar común, cada esquina da a un rincón nuevo, no se sabe para dónde llevarán los golpes de timón de la narradora. Hace mucho tiempo que no leía un libro que mantuviera la historia en vilo todo el tiempo, donde las imágenes se mezclan con las sensaciones. Nada está descrito, no hay una sola explicación y ahí está su mayor triunfo; un texto que logra traspasar el sentimiento.

Mátate, amor fue editado el 2012 y es la primera novela de Ariana, que desde entonces ha publicado La débil mental (Mardulce, 2014) y Tan intertextual que te desmayás junto a Sol Pérez (Ediciones Contrabando, 2014). El éxito de Mátate, amor la llevó de inmediato al universo de los autores de culto y fue traducida al inglés para UK y Estados Unidos. Independiente de si tendremos la oportunidad de leer sus nuevas novelas, esta obra habla, por sí misma, de una narradora con un ímpetu admirable y digna de imitar.