Victoria: la música no está sola

Hay música que simplemente te vuela la cabeza, bandas que con un trabajo mítico se han posicionado de manera exitosa en la historia, haciéndonos jugar con el tiempo, retroceder en la memoria, trayendo naturalmente al presente momentos que tienen su propio sello y transformando los sonidos en una viaje.

27 de julio de 2017

Es inevitable recordar bandas como Queen y su disco “Innuendo” (1991), Luis Alberto Spinetta con su poesía hecha música en “A 18’ del sol” (1977), o Bob Dylan con su disco “Highway 61 Revisited” (1965) y sin ir más lejos en nuestro territorio con los grandes de Congreso y su disco “Pichanga” (1992). Cuando aparecen estas bandas es momento de pensar cómo lograron tal efecto. De qué manera se posicionaron en un medio que, da la impresión, solo da cabida a un número acotado de representantes.

La inspiración, los procesos creativos y fundamentalmente la dedicación al arte, constituyen en su conjunto una aventura laboriosa y si bien la concentración mayor está en la búsqueda sonora, concentrada en interminables horas de ensayo, lo que representa el mayor desafío es sin duda ser honesto con la música, con uno mismo. En esta búsqueda muchas veces se suele perder el norte y vemos como se utilizan elementos chabacanos, propios de la “cultura de cerveza cristal” que ya expiró hace tantos años, con el único fin de llegar a más gente, en resumidas cuentas significa un envase bonito, pero que es en realidad vacío.

Productos musicales de laboratorio nos anestesiaron en una época, haciéndonos creer que para llegar a las grandes ligas había que trabajar de esa manera. Por suerte, en la otra vereda, se sigue trabajando en la línea del corazón y el aguante, tenemos trabajos impresionantes como el disco “Metrópolis” de la banda de rock nacional Polímetro, que aunque se fue eclipsando con el tiempo, dejó su huella bien marcada. En este camino están también los incombustibles de Weichafe con su larga duración homóloga “Weichafe” (2002) que hasta hoy siguen dando que hablar con su última placa “Mundo Hostil” (2017), embarcados actualmente en un desafiante periplo, como es radicarse en México para prolongar y cimentar su carrera.

Hoy por hoy existe una camada de artistas y bandas que se están abriendo camino a punta de lanzas y convicción, que innovaron demostrando que si es posible llevar adelante una carrera musical sin miedo, que se pude llegar mucho más lejos, más profundo, y trascender más allá que una publicidad de cerveza.

Nos cuesta hablar del pasado, hoy las historias de lo que fue quedan atrás  y más aún la historia política que se aplasta y esconde, haciéndonos creer que el pasado nos enferma, entonces la música se vuelve resistencia y no deja espacio para el olvido. Tenemos Explosivos se encarga de que no olvidemos. Discos como “Derrumbe y celebración” (2012) y “La virgen de los mataderos” (2015), se encargaron de revivir las historias que no nos dejan oír pero que nos acompañan siempre y como no, si somos ineludiblemente lo que fuimos. Es por esto que no debemos sorprendernos del buen recibimiento que la banda tiene en el medio local, cada vez más exigente.

Se agradece que con una métrica destacable, sonido demoledor y experiencias desgarradoras, de odio, amor y rabia, recoja un sentimiento evocativo que fluye y  entrelaza con guitarras sólidas que van jugando y creando atmósferas salvajes, que no  colapsan y van siempre en crecimiento para descansar en una base rítmica notable. Con esta suma de características es posible sentenciar que estamos en presencia de la banda de post-hardcore con mayor proyección del último tiempo.

Tenemos Explosivos no da tregua y hoy nos entregan su tercera placa que lleva por nombre “Victoria”. Este último trabajo nos invita a pasear por una historia familiar donde los relatos de sus miembros se muestran de manera tal, que en cada una de sus canciones es posible darle vida a esta, su propia victoria. Abre los fuegos “Agamenon”, que te interna sin rodeos en un relato de ausencia y que se va hilando en cada track de este magnífico trabajo, canciones como “Operación Colombo” le siguen sus pasos en este viaje en el tiempo. En adelante no baja la intensidad y esta montaña de sucesos, relatados con furia y romance, que van quitando el aliento a cada paso que dan, en un total de diez canciones que se coronan con un grito de libertad: conmoverse es poco. El pasado 6 de Julio dieron cátedra de esto con el lanzamiento oficial de esta su tercera placa en el ya clásico Bar La Batuta, donde congregaron a un número importante de fans, llama poderosamente la atención la pasión con la que sus seguidores absorben estas historias como si fueran propias y las vitorean con el alma, coreando cada una de sus canciones, abalanzándose sobre el escenario.

Es hermoso ver tanta energía, y es inevitable no verse reflejado en ellos, cuando éramos nosotros los que estábamos allí dando todo por nuestras bandas. El tiempo y los recuerdos nos pertenecen.