Warhol Oliveira, sudando Rock and Roll

Hace unos días en el mítico Bar Onaciú nos tocó vivir una gran experiencia con los chicos de Warhol Oliveira, banda que se proyecta y catapulta con su último disco “Ya no sé dónde va mi vida”, doce canciones que te llevan por un camino solido de rock and roll vintage, con tintes glam y una energía inagotable.

Miércoles 13 de junio

Desde el primer encuentro que tuvimos con Warhol Oliveira (WO) hace un par de años atrás supimos que este proyecto prometía y el tiempo les dio la razón. Son al menos cuatro años de carrera musical en la que WO se ha impuesto y ha fantaseado con este tremendo proyecto. En sus inicios lo podíamos ver como solista,  hoy ya se planta sobre los escenarios en formato banda con Hery Lane en la guitarra, Felipe Covarrubias en el bajo y Carmelo Guerra (War) en la batería. Acá nos enfrentamos a una formación sólida entregándonos un rock and roll estridente con una tremenda puesta en escena que no deja espacio para el descanso.

Podemos comenzar a buscar en las raíces musicales y desde este punto sumergirnos en los esenciales del rock como The Rolling Stone y discos como Beggars Banquet (1968) de donde se desprende el éxito Sympathy for the Devil, también con una estética que la podemos apreciar con la misma entrega coreográfica, que pareciera rememorar en el frontman, un hijo de bastardo de Mick Jagger y Liam Gallagher, que  de forma natural consigue una máquina de frenesí tremenda, que arremete con su estilo, colgándose del escenario, metiéndose al bolsillo a todos, y convirtiendo el lugar en una verdadera fiesta.

También está este trío de músicos que se juegan la vida. Cuando estás parado frente al escenario y comienzas a ver a Carmelo que se planta sobre la batería y agarra vuelo, no lo para nadie, y junto a él está Felipe Covarrubias con el pulso en las en las cuerdas gruesas, y que además participa en los coros. Qué decir de Hery Lane, tiene total control de lo que está haciendo, tanto que se puede dar todas las atribuciones y bajar del escenario con su guitarra para terminar la última canción del set con la gente que los fue a ver.

Son varios los elementos que hacen que WO destaque y se merezca un espacio entre los medios, por sobre todo en la escena local, puesto que lo que estos chicos están haciendo es algo que merece toda nuestra atención. En este trabajo, Yo No Sé A Dónde Va Mi Vida (2018), está todo muy bien hecho y con una tremenda dedicación. Acá nada pasa por alto, tampoco es un ejercicio forzado y lo vemos en la naturalidad con la que se involucran con su público, conquistando nuevos fans y contagiando incluso a ya viejos estandartes de la música punk chilena.

Misión cumplida a mi parecer, en vivo se ven los gallos y estos chicos tomaron al toro por las astas. Cuando el disco suena bien y en vivo suena mucho mejor podemos decir que estamos frente a una banda de rock con todas las de la ley.