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Esta semana se cumplen 42 años de aquel encuentro. Por ello, no quisimos dejar pasar esta oportunidad para rememorar una época en que este tipo de actividades eran atípicas e incluso criticadas por la opinión pública. 
 
El festival de Los Dominicos, más tarde bautizado por la prensa como Piedra Roja, se efectuó los días 11, 12 y 13 de octubre de 1970 en el sector de Piedra Rajada. Este acontecimiento fue un hito en cuanto dio pie para el encuentro de varios jóvenes que adherían al movimiento, denominado en nuestro país, como “colérico” o hippie. 
 
Fue a fines de septiembre de 1970, en el Liceo N° 11 de Las Condes, cuando surgió la idea de organizar un festival de música al aire libre, para juntar fondos por un viaje de curso. Asimismo, la propuesta presentó la oportunidad de concretar en un mismo lugar a jóvenes para presenciar a bandas del medio local. El génesis de la idea estuvo influenciado  por la cinta del concierto  Woodstock en el año 1969, que fue estrenada en Chile al año siguiente en el cine Rex y Las Condes, el 17 de septiembre. 
Los Jaivas realizaron una sesión de improvisación, el primer día de Piedra Roja.
Quien tomó las riendas para llevar a cabo la concreción del festival fue el alumno de 19 años, Jorge Gómez Ainslie, encargado de pedir los permisos en la Municipalidad de Las Condes, de la Intendencia Metropolitana, de Carabineros de Chile, además de conseguirse el lugar en donde se realizaría el concierto. El espacio escogido era la hacienda del empresario Luis Rosselot, quien fue convencido luego de que la propuesta era realizar algo similar al festival de Viña del Mar. Jorge debió dejar unos cheques en garantía, facilitados por su madre, en caso de que hubiese cualquier inconveniente en el fundo. A su vez, este estudiante le pidió una carta de recomendación a Rosselot, para obtener el permiso de la Municipalidad de Las Condes. 
 
En los hechos el festival distó mucho de lo que fue Woodstock, principalmente por su precariedad. El tiempo de organización no fue mucho. El sistema eléctrico para la amplificación de las bandas era un cable de tres kilómetros de largo, auspiciado por Chilectra, que en más de una ocasión presentó un verdadero dolor de cabeza para los organizadores, debido a que se desenchufaba constantemente. Los amplificadores fueron facilitados por amigos y cercanos de los organizadores y la batería no tuvo ningún tipo de micrófonos. Los asistentes a este encuentro llegaron de distintas comunas de la capital, como Quinta Normal, Estación Central, Providencia y Las Condes. Algunos incluso llegaron desde Viña y Valparaíso.
Algunos asistentes disfrutando del festival.
 Lo predominante acá era el motivo común de jóvenes de gozar, del simple hecho de disfrutar junto a amigos y de escuchar música al aire libre. Más de una persona llegó por curiosidad, al ver la aglomeración de gente en el lugar. También hubo gente que asistió por un rato y después se fue, la circulación fue constante. Otros por su parte, llegaron con sacos de dormir y carpa.  
 
Por su parte, las bandas que se presentaron realizaron versiones de canciones de The Beatles, Jimi Hendrix o Cream. Al final del primer día, el grupo Los Jaivas, ejecutó una sesión de jam hasta que la luz se cortó. No obstante, las guitarras acústicas junto a las fogatas siguieron escuchándose durante toda la noche. Como anécdota, y a pesar de estar en el cartel de bandas, el grupo Aguaturbia llegó a la hacienda de Rosselot con sus instrumentos, pero no participó del festival, producto de su desorganización. 
 
Juan Álvarez, quien se presentó con el grupo Lágrima Seca, nos contó en una entrevista lo siguiente respecto a Piedra Roja:
(…) esto fue hippie, no había plata ni nada, tú llegabas y punto.  Y por eso tocaron muy pocos. Hay unas versiones de gente que dice: No si nosotros tocamos y estuvimos, pero en la película (referencia al documental Piedra Roja, de Gary Fritz), se aclara mucho eso de quiénes estuvieron y no. Políticamente el festival se marcó como hippie, de gente poco menos que del Ku Kux Klan mismo, y también hubo mucha gente joven que salió al festival sin permiso, lo que provocó que muchos se preocuparan por sus hijos. Y claro, el acceso no era fácil, era camino de tierra. La imagen que tengo grabada de Piedra Roja es de la gente caminando“.
 
En general la tendencia fue esa. La reacción de la prensa escrita fue dura, criticó fuertemente al festival. Uno de los más perjudicados con ello fue Jorge Gómez Ainslie, que en una entrevista en mayo con este medio nos dijo: 
 
Después de Piedra Roja la Cámara de Diputados hizo una sesión especial para ver qué había ocurrido en Los Dominicos. Finalmente el Director del Liceo 11 me citó y me dijo: “Jorge lamento decírtelo, pero te acabas de caducar la matrícula para seguir estudiando en Chile, o sea no puedes entrar a ninguna parte, no puedes terminar tus estudios acá, no vas a poder entrar a la universidad”. Entonces de ahí me echaron de la casa, abandoné todo, quemé mi carné, quemé mis papeles, todo, y me fui a vivir a la cordillera. Me desconecté totalmente. Bueno después vino, lo que todos sabemos, el Golpe de Estado, en donde estuve detenido en la casa de Allende, por ser hippie“.
Investigación realizada por Antonio Díaz Oliva, editado el año 2010 por RIL editores.
 
La década de los sesenta fue un período de mucha agitación política en Chile. Por ello, comúnmente se tiende a interpretar este período bajo esa mirada. No obstante, Piedra Roja nos sirve como ejemplo para incorporar y complementar la construcción de nuestra historia. La historia de aquellos jóvenes que nos manifestaron su forma de ser por una vía alternativa, que hasta la actualidad nos causa entusiasmo y curiosidad. De hecho, recientemente se han realizado dos trabajos del tema que vale la pena revisar. El primero de ellos es el libro de Antonio Díaz Oliva, Piedra Roja: El mito del Woodstock chileno (2010, RIL editores) y el documental Piedra Roja, del norteamericano, Gary Fritz, que se estrenó el año 2011 en In-Edit Nescafé. Esto nos demuestra el interés que existe, tanto del propio festival, como de ese período de Chile en particular.