“Silencio = Muerte” rezaban las pancartas de ACTUP-París a principios de los 90, cuando la Francia de Mitterrand no se atrevía a hablar de políticas dirigidas a combatir el VIH desde la educación.Recientemente estrenada en nuestro país, esta película, ambientada 20 años atrás, es necesaria y más contingente que nunca. La discusión sobre el crecimiento del VIH en Chile está lanzada, y este filme cumple con mostrarnos una pequeña gran lucha que se llevó, que hoy se lleva en el viejo continente y que necesitamos en Chile.

Lunes 30 de abril

Qué es ACT UP? ACT UP, en inglés ‘AIDS Coalition to Unleash Power’, (algo así como Coalición del Sida para Desatar el Poder), es una asociación militante creada en 1987 en Nueva York, nacida de grupos homosexuales y que tiene como objetivo defender los derechos de todas las personas afectadas por el SIDA. Esto comporta no sólo a los miembros de la comunidad LGBTIQ, sino que a todos los miembros de la sociedad.

Las acciones de ACT UP están dirigidas entonces a la educación e información sobre la enfermedad y su prevención; al lobby político para conseguir legislación favorable a la causa del movimiento social; a la promoción de la investigación científica, a la asistencia a los enfermos y a la búsqueda de una mayor implicancia del Estado en la prevención del contagio y el tratamiento de esta enfermedad.

‘120 Latidos por Minuto’ es entonces la última película del realizador franco-marroquí Robin Campillo. El ya ganador de la Palma de Oro en Cannes por el guion (en cooperación con Laurent Cantet y François Bégaudeau) de Entre les Murs, la historia de un joven profesor de francés en un barrio de clase trabajadora de los suburbios parisinos, nos muestra su última obra que se centra en el trabajo de ACT UP-París y su lucha contra el desconocimiento de la enfermedad y el desarrollo de una política de prevención.

La historia está protagonizada por Nahuel Pérez Bizcayart (Sean), Arnaud Valois (Nathan), AdèleHaenel (Sophie) y Antoine Reinartz (Thibault) y recibe en mayo del 2017 el Grand prix du Jury en Cannes.

Vale, pero no es por los galardones que traemos este filme al blog. De hecho, [sin querer spoilear] el filme es una historia enérgica. Es el tipo de historia que, a pesar de que hay un pequeño giro en la trama,ya cliché en el género,sensibiliza; es atractiva, seductora en acción y sobre todo porque trata de un tema contingente. El interés radica justamente en que se trata de una historia que puede ser tan personal como la de un miembro de ACT UP-París, habla de nuestra educación y de la manera en que tenemos sexo.

Lo que me parece importante y que lo hace, a mi juicio, que sea una película que amerita o que derechamente hay ver, es porque muestra el trabajo que esta organización lleva cabo para no invisibilizar y sobre todo para no invisibilizar una enfermedad peligrosa, fácil de esconder y silenciosa. Por lo tanto, tremendamente estigmatizada, la cual todavía implica cargar con un peso fundado en prejuicios e ignorancia, la cual se carga individual como socialmente.

¿Por qué es una película necesaria? Bueno. Los casos de VIH han aumentado en un 96% en Chile durante los últimos 7 años, pasando de 2.968 casos en 2010 a 5.816 durante 2017. Según datos de ONUSIDA, en el 2016 sólo el 53% de las personas viviendo con VIH en Chile tuvieron acceso ala terapia antirretroviral. De esta forma, me parece una película necesaria, porque como sociedad, en conjunto con el Estado y nuestros políticos (aclaro que apunto fundamentalmente la hipocresía del cartuchismo “valórico” de la derecha), hemos fracasado en el trabajo de la educación y de la prevención, tanto de esta enfermedad, como de la educación sexual en nuestros colegios.

Entonces,discusiones recientes, de las cuales fuimos todos testigos sobre la libertad de enseñanza de los padres, el proyecto educativo de los colegios y sobre todo el rol de Estado en la educación,cristalizan en esta cifra que nos entierra. Esta película es necesaria entonces porque llega en el momento de sentarse a hablar y pensar en soluciones a este problema.

Así, como sociedad entonces no podemos seguir evitando una conversación que tal vez resulta incómoda o innecesaria en algunos hogares. Justamente, no podemos dejar que esa libertad, que también puede traducirse en incomodidad, pudor, vergüenza o miedo a hablar de sexualidad y prevención, nos entierre a todos y tome el rol que le corresponde a nuestro Estado.

‘120 Latidos por Minuto’ nos redefine la consigna de los estudiantes del 2011 en “Educación sexual libre, gratuita y de calidad!”