“Una muralla siempre ha sido el mejor lugar para publicar tu trabajo.”
 
Banksy, es un artista y uno de esos personajes que no pasa inadvertido por donde anda y claro, nunca ha buscado serlo si se denomina a sí mismo como un “terrorista del arte”. Dependiendo de quien se le pregunte, el tipo es un genio o simplemente un vándalo sobrevalorado. Sí, podemos decir que definitivamente es todo un personaje. Contradictorio y polémico, ha logrado pasar de los muros oscuros de alguna calle de Inglaterra a importantes galerías de arte de Los Angeles y  vender sus trabajos en miles de dólares en casas de subastas.
 
Entonces, ¿quién es este artista? Banksy se define como un “ambientalista anarquista que viaja con chofer en una S.U.V”. A grosso modo, bastante poco se sabe de la identidad de este graffitero. Su nombre y rostro son uno de los secretos mejores guardados dentro del mundo del arte callejero y esto sólo viene a levantar aún más el mito que gira en torno a este personaje. Según la BBC, Banksy nace en 1974 y crece en Bristol, Inglaterra.
 
 
 
Banksy, el stencil y la política.
 
Utilizando el stencil como Warhol se apropia del trabajo con serigrafías, Banksy logra su generar su identidad utilizando estas plantillas. Un método que se comenzó a utilizar ampliamente desde el año 2000 y que se caracteriza por su rapidez y eficacia al momento de actuar –sobre todo cuando se trata de evitar a la policía-. Así, el stencil se ha potenciado como una herramienta de reproducción sistemática, anónima y cómoda por la rapidez de su instalación, la cual se ha utilizado como instrumento icónico en los discursos críticos provenientes de los grupos “outsiders” hacia la sociedad contemporánea. Este artista ha sido uno de los rostros más fieles –y sobretodo populares- al momento de referirse al stencil como instrumento de carácter político. Su trabajo se concentra en el uso de ironías y sátiras contra las hipocresías de la sociedad. Su marca como artista, y consecuentemente su faceta más prolífica, está en este nicho.
 
No hay duda de que la audacia y la aguda pintura han sido los elementos que han contribuido al atractivo, éxito y popularidad que ha generado con las masas. Pero el objetivo principal de Banksy está en la utilización del stencil y graffiti, arte callejero, como herramienta de militancia y activismo político, cuyo objetivo se encuentra en el uso de la sátira y la ironía para cuestionar a aquellos que detentan el poder, las instituciones: políticos, policías, la monarquía, etc. Su trabajo está en sacar el polvo que se guarda bajo la alfombra y llevarlo a exposición en espacios urbanos públicos. Esto lo ha llevado a pintar en importantes ciudades como en lugares emblemáticos y estratégicos en su discurso como la intervención que llevó a Disney World o las pinturas en la Franja de Gaza.
 
 
 
La calle
 
“A pesar de lo que dicen, el graffiti no es la forma más baja de arte”, dice Banksy en su libro, el éxito de ventas, “Wall and Piece”. “A pesar de tener que arrastrarse por la noche y mentir a tu madre, en realidad es una de las formas de arte más honestos disponibles. No hay elitismo ni exageraciones, y se exhibe en las mejores paredes que una ciudad tiene para ofrecer y que nadie se deje intimidar por el precio de la entrada”.
 
Banksy como artista callejero, definitivamente no es el primero. Sí debe ser uno de los más populares. Aun así, como ícono y relegando al artista callejero underground, esta figura cobra importancia cuando vemos el proceso de revalorización que ha conducido en el arte callejero y el reposicionamiento del status que goza este arte, dentro de la marginalidad e informalidad en que este se sigue desenvolviendo. Es así como la utilización de la calle, sus muros y espacios públicos cobran protagonismo con el arte urbano y democratizan el acceso al arte, siempre vinculado a una élite, revalorizando los espacios y un trabajo que tradicionalmente ha sido deslegitimado e ilegalizado por su carácter informal dentro de la sociedad. Pero al mismo la calle cobra relevancia como un espacio de participación política. La calle aloja discursos y los reproduce. La calle es el canal que encuentra el arte urbano para regar sus mensajes. La reproducción sistemática del stencil cobra sentido en la calle. Así, el artista urbano revitaliza la ciudad y con su arte despliega y difunde su mensaje en el espectador. 
 
El problema surge con la criminalización de este tipo de arte y su consecuente asociación con el vandalismo. Banksy dice que las personas que dirigen las ciudades sólo están interesadas ​​en las cosas con las que se puede lucrar: “dicen que el graffiti asusta a la gente y que es un símbolo de la decadencia en la sociedad, pero es sólo peligroso en la mente de los políticos, ejecutivos de publicidad y escritores de graffiti”. También dentro de la intervención de los espacios públicos encuentran eco las voces más radicalizadas dentro del mundo del arte y la cultura. Así la contrapublicidad que se caracteriza por realizar ataques contra anuncios publicitarios con el fin de invertir y ridiculizar el mensaje que se entrega, que en inglés se conoce como ‘adbusting’. También, la llamada ‘culture jamming’ se muestra como un movimiento de resistencia a la hegemonía cultural que acompaña a la globalización. Estos abren una nueva ventana acerca de la discusión sobre el rol político del arte callejero en su dimensión contracultural.
 
Es de esta forma que Banksy logró traspasar las barreras de la calle transformándose en un ícono cuando se habla de arte político callejero. Sus trabajos son masivamente reconocidos y es que debemos reconocer que gatilló la tendencia de volver fenómenos “pop” las manifestaciones de protesta contra el sistema. ¿Hasta dónde es arte y no vandalismo? este tipo quiere hacer el bien: “Algunas personas se convierten en policías porque quieren hacer del mundo un lugar mejor. Algunos se convierten en vándalos porque quieren hacer del mundo un lugar con mejor aspecto. Cierto o no, no se puede negar que el arte de la calle se ha convertido en una corriente popular.”