A propósito del cumpleaños de Bob Dylan me ponía a pensar en qué ha hecho que Dylan trascendiera tanto, que un joven de Duluth, Minnesota con sueños de ser el próximo Woody Guthrie se convirtiera en una voz generacional que hasta el día de hoy sigue vigente.

Miércoles 7 de junio, 2017.

Y pensé en mi propia experiencia con Bob. Cuando comencé a escucharlo me gustaron sus letras políticas, de cómo los “maestros de la guerra” controlaban todo; de “una lluvia fuerte iba a caer” y de “los tiempos están cambiando”. Historias de atropellos a los derechos civiles de los afroamericanos como “Oxford Town”, “Only A Pawn In Their Game” o “The Lonesome Death Of Hattie Carroll” para mí eran canciones que te abrían el mundo, representaban diarios en donde podías leer las noticias que ocurrían en ese tiempo.

Pero la gracia de Dylan era que podía hablar de temas serios y también tenía canciones de amor ingenuas e inocentes, “To Ramona”, “Girl Of The North Country”, por nombrar algunas. O por ejemplo, estaban esas melancólicas y nostálgicas con “Boots Of Spanish Leather”, “It Ain’t Me Babe”. Aparte de esto tenía una prosa hermosa que lo alzó como uno de los mejores poetas de su época, sin ir más lejos “Blowin’ In the Wind” o “Mr. Tambourine Man”, el rango de Dylan era atractivo para una persona que estaba entrando en todos esos mundos, en el del pensamiento crítico y en el del amor.

El paso de la ingenuidad a lo más experimental, pero a su vez, extrañamente, más concreto, fue paralelo a mi gusto por ciertos discos. Antes no podía soportar al Dylan del Bringing It all Back Home, ahora no podía hacer otra cosa más que admirarlo y decir: “que cojones debió haber tenido para alienar a su fanaticada solo para sentirse libre… sentirte bien es más importante que millones de dólares y fans”.

Cuando comencé a crecer sentía que Dylan lo hacía conmigo. Cuando empecé a experimentar con ideas y realidades nuevas sentía que él estaba al lado mío musicalizando mi vida. Asimismo, odiaba todo lo posterior a Blonde On Blonde, solía pensar que no había disco mejor en la vida que ése. Sin embargo, hace unos días me topé con Blood On The Tracks y sinceramente lo compré porque estaba barato. Lo escuche y me di cuenta “este es el Dylan que necesitaba en esta etapa de mi vida” y comencé a darle una oportunidad a ese periodo entre Blonde On Blonde y Blood On The Tracks y me di cuenta de las joyas que me estaba perdiendo sólo por ser cabeza dura. Ahí encontramos a John Wesley Harding, Nashville Skyline, para ese disco tuvo una sesión con Johnny Cash de donde se rescata una hermosísima versión de “Girl Of The North Country”, el soundtrack de “Pat Garrett And Billy The Kid”, New Morning y el espectacular The Basement Tapes.

Después de un tiempo comencé a interesarme más abiertamente por Dylan, leí y vi documentales, en donde supe que justo en ese periodo había tenido un accidente en moto, alejándose del ojo público por años, y por lo mimos, no salía de gira. Fue ahí cuando me di cuenta de por qué sonaba tan introspectivo. Canciones más “honestas” y más “reales” que hablan de decepción y desamor surgen justo en esta etapa de su carrera, cosas que con los años se van haciendo lamentablemente más comunes.

Todavía no sé qué pensar del Nobel de Bob, aún no tengo idea. Por un lado, me alegra porque siento que es uno de los más grandes poetas que ha existido, poniéndolo al lado de genios como Dylan Thomas, Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud y Robert Frost, pero creo que Dylan fue (o sigue siendo) un préstamo del mundo de la música al mundo de la poesía. De la misma forma siento que la academia le dio el premio para sacarse la etiqueta de que son “estirados”, y que no están en contacto con las personas comunes y corrientes. Es solo mi opinión.

Lo que quiero reconocer con estas palabras es que Bob Dylan es uno de los genios que aún nos quedan dando vueltas. No sólo me ha influenciado a mí en mi forma de ver el mundo, sino también a mucha gente, y lo más hermoso es que muchos de ellos después de mí, van a tener viajes similares con Bob como yo los tuve. Las personas se van, los recuerdos quedan.