Si de estrellas del rock se trata, en nuestro continente tenemos a uno simplemente incombustible, que ha marcado generaciones, tocado corazones y ha sido capaz de decirlo todo en el lenguaje de la música, Charly García.

25 de agosto de 2017

Luego de siete años sin mostrarnos lo que ven sus ojos, vuelve firme y directo con el disco Random (2017). Dejando en evidencia que no sabe del paso del tiempo, haciéndonos sentir la paz de siempre, con la tonalidad que lo caracteriza y aunque esta vez su voz se escucha más gastada, está tranquilo con lo que está haciendo. A esta altura del partido es innegable que siempre lo estuvo.

Presenta el disco la bellísima canción La máquina de ser feliz, mensaje honesto sobre la magia de la felicidad, presente en cada uno y en todos los que compartimos el viaje de la vida, pero mostrándonos también la fragilidad del sentimiento. En los tracks Ella es tan Kubrick y Primavera, queda claro que mantiene su sello, con melodías y ritmos pegajosos característicos de su música, nos conduce inevitablemente a recordar distintos momentos brillantes de su carrera. El momento alto de su último trabajo se presenta en Rivalidad, declaración de eterna enemistad con su vecina de edificio, donde el loco Charly de siempre, una vez más, reclama su libertad de hacer y deshacer donde se encuentre.

El camino creativo de Charly es bastante largo, ha pertenecido a la formación de diferentes bandas y también colaborado desde la vereda de su trabajo personal con destacados músicos como Luis Alberto Spinetta y Mercedes Sosa, a quiénes  en diferentes oportunidades ha demostrado su profunda admiración y respeto.

Pieza de culto dentro de su extenso repertorio es el disco La Máquina de Hacer Pájaros (1976), proyecto ambicioso y crudo que dejó la vara muy alta si a rock progresivo se refiere. Puede que sea tan sólo un alcance de nombre con el primer single de su último disco, pero es inevitable no recordar a raíz de esto éxitos como Bubulina, Como mata el viento norte y No puedo verme. Todas ellas, obras que traspasan los oídos y son muestra de que la música cuando se hace con sentimiento es claro reflejo de nuestro acontecer colectivo e individual.

Más tarde, en la década de los ochenta, su reunión con músicos de una capacidad para componer, tales como el consolidado bajista Pedro Aznar y David Lebon vocalista y guitarrista, dan vida al disco Bicicleta (1980) de la banda Seru Giran. Éxito total, que destaca aún dadas las circunstancias sociopolíticas de aquel momento en Argentina y en el marco de las dictaduras que azotaban la región. La canción más destacada de este trabajo discográfico fue Alicia en el país. Intento de escape en forma de metáfora que evitó cualquier forma de censura que pudiese haberse puesto sobre la obra.

Si bien desde hace un buen tiempo se distanció de la línea Folk que estuvo trabajando con Seru Giran, ha seguido incursionando en un pantano del cual sólo él sabe cómo entrar y salir en cuanto a creación se trata. Esto queda demostrado con su disco Clics Modernos (1983), que marca una etapa y consolida el gran momento artístico que estaba viviendo, logrando identificar a una generación con su canción Dos cero uno (transas) y hacernos bailar con Nuevos Trapos.

En definitiva, Charly García es la banda sonora de nuestras vidas, de todos quienes le seguimos cada paso y hemos valorado su honestidad por sobretodo. Nunca nos interesó si era capaz de volar tan alto como en el episodio del hotel saltando del noveno piso. Sólo quisimos que nos trasmitiera su sentir a través de su particular manera de hacer música. Agradecemos cada experiencia y recuerdo que tiene grabada su voz y lánguidas manos posando sobre su piano para lograr componer tantas obras cumbres.

Sin duda nos dejamos influenciar por este genio de bigote bicolor, que hoy nos saca suspiros con su vitalidad. Nos da gusto comprobar que sigue tan terco como siempre y que en este su último trabajo está más vigente que nunca. Charly aún nos provoca golpearnos el muslo con sus ritmos, yendo de disco en disco por toda su música que se conecta naturalmente entre sí, como un verdadero random.

¡Tenemos Charly para rato!