McCandless
“Nostalgias inmemoriales de nomadismo brotan debilitando la esclavitud del hábito; de su sueño invernal despierta otra vez, feroz, la tensión salvaje”
 
Jack London, El llamado de la selva
 
En agosto de 1993, John Krakauer, alpinista y escritor estadounidense, publicó un artículo titulado Muerte de un inocente, en la revista Outside. El reportaje se enfocó en la vida del joven Chris McCandless, encontrado muerto en Alaska, a la edad de 24 años. 
 
Luego de que se publicó el artículo, Krakauer no pudo dejar de pensar en ello. Empezó a encontrar similitudes entre él mismo y McCandless. Descubrir el por qué de la muerte por inanición del muchacho se convirtió en una obsesión. Para 1996 los resultados del rastreo se publicaron en el libro Hacia Rutas Salvajes (Into the Wild, Villard, 1996). En ella se reconstruyeron los dos años en que McCandless viajó por Estados Unidos. 
Portada original del libro de John Krakauer, publicado en 1996.
 La investigación del autor reveló que McCandless había crecido en un acomodado barrio residencial de Washington D.C. Su padre, Walt McCandless, ingeniero aeronáutico, llegó a trabajar para la NASA y también en la compañía Hughes Aircraft, durante los 60 y 70. En ese mismo lugar, Walt conoció a la madre de Chris, Billie, que trabajaba como secretaria. Fruto de su relación tuvieron, aparte de Chris, a Carine, su hermana menor. En 1990, luego de graduarse de la Universidad Emory de Atlanta, donó 24.000 dólares a una fundación, abandonó su auto y quemó documentos y el resto del dinero que tenía en sus bolsillos. El viaje que tenía planeado realizar sería una verdadera odisea, un viaje con toda la intención de lo épico. Finalmente, un viaje sin retorno.
 
Cuando sus padres no recibieron respuestas de las cartas que le enviaron a su hijo, lo fueron a buscar a Atlanta, al llegar al apartamento, en el mes de agosto, descubrieron que éste estaba en arriendo. El administrador les comunicó que Chris había partido a fines de junio. La última carta que recibieron de él había sido sobre sus excelentes calificaciones en la universidad. Por su parte, Chris ya había partido en dirección al Oeste, inventándose una nueva vida, incluso un nuevo nombre, Alexander Supertramp. Recorrió Arizona, California y Dakota del Sur. En la primera de ellas, en la ciudad de Bullhead City, llegó a trabajar en un McDonald’s, durmió en el desierto y luego consiguió que un anciano le permitiera dormir en una caravana. En Salton City, California, conoció a Ron Franz, un anciano que había participado en el ejército. En 1957 perdió a su mujer e hijo en un accidente automovilístico, un conductor ebrio los había chocado. Franz, para el autor del libro, es la persona que generó un vínculo de mayor afecto con Chris, debido en gran parte a la pérdida de su hijo. Él y  Alex (salvo un par de ocasiones, Chris siempre ocupó su seudónimo) entablaron una muy buena amista. Franz, como artesano de cuero, le enseñó sobre cómo trabajarlo. Gracias a ello, Chris elaboró un cinturón con dibujos que daban cuenta de las aventuras que había tenido en los meses que llevaba viajando.
 
Desde un comienzo el destino del viaje para Chris era llegar a Alaska, La Gran Odisea a Alaska, como él la denominaba. Su idea fue establecerse ahí y alimentarse de lo que le proveyera el lugar. Jim Gallien, último en ver con vida a Chris, lo llevó hasta Senda de la Estampida y, sin poder persuadirlo de que se abasteciera mejor en un pueblo cercano, sólo logró darle un poco de alimento y unas botas de goma. Llevó consigo un rifle Remington, y una caja de municiones. El idealismo que lo caracterizó lo llevó a que viajara sin ningún mapa. Creía fervientemente en que estaría en una tierra inexplorada, algo poco probable ya a fines del siglo XX, sobre todo en Alaska.  Su refugió fue un bus, en donde encontró un albergue y pasó las noches. Llevó consigo libros, dentro de los cuales estaba uno sobre plantas locales y algo de equipo de campamento, todo mínimo para las características del viaje. 
 
Durante su estadía en Alaska cazó ardillas, perdices, pájaros carpinteros e incluso un alce. Cuando Chris quiso volver por el mes de agosto, descubrió que la crecida del río Teklanika era imposible para cruzarlo, cuando lo había hecho el río estaba en gran parte cubierto de hielo y nieve, sin embargo, ahora presentaba una crecida de unos 23 metros de ancho. Con ello tuvo que regresar al bus, sepultando su ilusión de volver. La teoría de Krakauer es que Chris murió envenenado por unas semillas, sin embargo, toda esa información la descartan los médicos que realizaron la autopsia. Ellos declararon la muerte por inanición. Lo que tiene veracidad, en cuanto la energía que gastó nunca fue equivalente a lo que comía. Aún así, hay discrepancias sobre las verdaderas causas de su muerte.
 
Para septiembre de 1992 tres cazadores de alce, Ken Thompson, Samel y Swanson, cruzaron el río Teklanika con sus camionetas, y se adentraron en el terreno hasta toparse con dos chicos que se encontraban afuera de un bus, ambos parecían petrificados. En la puerta del autobús, Thomspon vio una nota que decía:
 
S.O.S NECESITO QUE ME AYUDEN. ESTOY HERIDO, MORIBUNDO, Y DEMASIADO DÉBIL PARA SALIR DE AQUÍ A PIE. ESTOY COMPLETAMENTE SOLO. NO ES UNA BROMA. POR DIOS, LE PIDO QUE SE QUEDE PARA SALVARME. HE SALIDO A RECOGER BAYAS Y VOLVERÉ ESTA NOCHE. GRACIAS, CHRIS MCCANDLESS. ¿AGOSTO?
Bus en donde Chris estuvo alrededor de 3 meses viviendo.
En la actualidad, el año 2007 el actor y director, Sean Penn, adaptó el libro de Krakauer, con Emile Hirsch (The Girl Next Door, Speed Racer) en el rol protagónico. La película recibió críticas positivas y le valió varias nominaciones, de entre ellas las Golden Globes, ganando por mejor canción original, Guarantedd, de Eddie Vedder (Pearl Jam). Como dato, las tomas realizadas en Alaska, fueron ejecutadas en un pequeño pueblo llamado Cantwell, debido a que la zona en donde murió McCandless era una zona muy alejada para las requerimientos de un montaje cinematográfico. Por ello, se construyó una réplica del bus de Senda de la Estampida. 
Afiche promocional de la película dirigida por Sean Penn el año 2007.
 Es así como la historia de Christopher McCandless, atrae a aquellos que quieran conocer de su viaje. Y es esa la palabra magnética, el viaje. Jack Kerouac nos contó del suyo en clave literaria, a través de En el camino (1957), sobre su travesía en Estados Unidos entre 1947 y 1950.  El mismo autor John Krakauer, nos habla de distintos casos como el de Everest Ruess, artista y escritor de principios del siglo XX, que se dedicó a investigar el desierto del sudoeste de Estados Unidos, siempre en soledad. Se dice que murió a los 20 años. Se especula que murió en 1934, pero hasta el día de hoy no se sabe qué pasó con él, y su cuerpo aún no se ha encontrado. Sin duda alguna, el viaje es atractivo, porque así como la vida, nos depara misterios, pero también aprendizaje y crecimiento. Cosas de las cuales McCandless aprendió, pero que no alcanzó a compartir con nosotros. Porque lo que se deduce de la investigación de Krakauer, es que Chris deseaba volver. Doctor Zhivago, del escritor ruso Boris Pasternak, fue su última lectura. En uno de los pasajes del libro, anotó a un costado:
 
LA FELICIDAD ES SÓLO REAL CUANDO ES COMPARTIDA