Nostalgia de una madre muerta es todo lo que quería leer y volver a leer y dejar en mi biblioteca para siempre.

Es realmente un momento feliz cuando se encuentra un libro como Nostalgia de una madre muerta, de Federico Zurita. Comencemos por el nombre hermoso y sigamos con todos los textos, subtextos, interpretaciones, reflexiones y belleza de un libro donde la ausencia es tan importante.

Cuatro generaciones de hombres de una misma familia pierden a su madre por enfermedad o abandono y buscan, desde sus campos de ocupación, volver a encontrarse con ella. La búsqueda da sentido a sus vidas, la captura de ella da significado a sus vivencias. Si tienen amigos que han perdido a su madre, entonces se entiende todavía más lo desgarrador y trascendental de esa pérdida en la vida de cualquier persona.

Pero en este caso son cuatro hombres que cargan este hecho como un karma familiar. Uno, abandonado, busca concretarla en su obra pictórica, el otro la persigue desde el recuerdo de las ciencias y el mito, otro, desde la representación teatral y finalmente, uno comienza el camino para perderla y encontrarla. Sin embargo, el teatro es transversal y, de alguna forma, configura en escenas las distintas partes del libro.

Lo que más destaco es cómo transmite el enorme peso que es llevar a la madre muerta en la espalda. Los personajes siempre tristes, la alegría del matrimonio y los hijos no traspasa la sustancia espesa que es la ausencia, esos sucesos y las relaciones que entablan pasan por el libro sin dejar una huella tan profunda como la madre.

Lo segundo, es una manera hermosa, desapegada, pero a la vez efectiva, de narrar. Ese mismo es el desapego de los personajes con su propia vida, no tan importante como la búsqueda y encuentro con lo perdido.

 

Además, hay reflexiones como la territorialidad, los mapas mentales y personales, el trazo de lo posible y lo imposible, el límite entre el mito y la realidad. Aparece el realismo mágico varias veces, como parte de esa intensa búsqueda. También el asombro, que es algo que realmente me toca profundo, ese asombro que moldea la vida y el destino de las personas y que acá nos habla de los rincones de la pena, del amor y de la soledad.

Hay una cosa que profundiza la pena y es que la ausencia de la madre genera un padre ausente. Como una matrioshka, la pérdida de la madre que sume al padre en la búsqueda, genera la soledad y abandono del hijo. Sucesivamente, a través de las generaciones, el patrón no se rompe y se repite siempre. La ausencia es tan grande que se lleva la presencia.

Federico Zurita tiene una trayectoria notable como escritor, con varios libros y lamento que este sea el primero que leo, tendré que ver los otros. Es ariqueño y me encanta que Puerto Azola, su ciudad inventada, se un espejo de Arica con morro y todo.

Ganador del concurso de cuentos de la revista Paula el 2015, su obra se ha publicado regularmente en varias editoriales desde el 2012. Sé que se me quedan muchas ideas en el tintero, pero pasa que Nostalgia de la madre muerta necesita muchas lecturas. Tal vez escriba otro comentario más adelante.