Desde que empezó el estallido social, la palabra unidad ha estado presente en todos los discursos. Estar unidos y dejar de lado las divisiones, parecía ser algo que estábamos logrando. Muchos nos sorprendimos cuando vimos a tantos marchando desde Manquehue hacia Plaza Dignidad. Sí, el barrio El Golf se vio sorprendido por jóvenes que alzaban sus carteles con consignas como “cuestiona tus privilegios”.

Martes 18 de febrero

 

Si bien, estos últimos años habíamos visto cómo se movilizaban personas de todos los estratos sociales por un fin común como ha sido el cuidado al medio ambiente; en la Plaza empezamos a ver encapuchados con antiparra para la nieve y unas buenas North Face para patear lacrimógenas. La esperanza de que al fin terminaría ese conflicto de clases que nos han encasillado toda la vida, según donde nacemos o el apellido que llevamos, se estaba rompiendo,

incluso la frase que más se repetían era “No estamos en guerra, estamos unidos”, abrazamos esa unidad para derribar un modelo que fomenta la competencia desde el inicio, esa era nuestra arma de batalla más valiosa.

Pero al pasar los días las calles del sector alto volvieron a su oasis habitual, incluso para levantar banderas de rechazo a una nueva constitución con teorías conspirativas como el tan manoseado financiamiento extranjero o de una inminente “chilezuela” que increíblemente aún siguen estrujando. Mientras que en las poblaciones reciben todo el peso de la represión por parte de carabineros, una violencia que pensamos jamás se volvería a repetir, porque el “nunca más” no se cumplió, y aunque las cifras de Carabineros que renuncian por “estrés” o “motivos personales” suben mes a mes llegando a un 24% más que años anteriores según fuentes de la propia institución. El gobierno que cuenta con un 84% de desaprobación (Cadem 2019) la mayor en la historia de vuelta a la democracia, sigue teniendo a las entidades de orden público a su favor, a costa de la explotación y estrés mental de los mismos uniformados.

Los del rechazo empezaron muy temprano a construir un imaginario colectivo de caos, delincuencia y saqueos culpando al estallido social, pero sólo faltó que uno de sus filas como el consejal RN Karim Chahuán, fuera condenado por sus nexos en el narcotráfico y bandas de saqueo, para volver a buscar otras estrategias de desestabilización. Recuerdo en Diciembre haber tomado un Uber por el sector de Huechuraba hacia Providencia, tuvimos que ir sorteando algunas barricadas y el chofer mencionaba que el vandalismo estaba desatado y por eso había estado haciendo guardia con los vecinos de La Reina porque sabía que llegarían los saqueadores a sus hogares y ellos estaban preparados, entonces le mencioné que el vandalismo a surgido donde siempre lo ha habido, las mismas comunas y sectores que siempre han sido estigmatizadas son las que se han visto enfrentadas a eso, de hecho los portonazos dejaron de ser noticia.

El chofer empezó a justificar su punto de vista con la frase “ es que en la tele dicen…” y en ese momento le sonreí, apagué mi switch y dejé que hablara. Ahí comprendí que el mecanismo de los que defienden el modelo y además, tienen el monopolio de los medios de comunicación, funcionó perfecto porque logró que desconfiáramos de nosotros mismos, y con ello nuestra arma se desvanecía para volver a dividirnos por clases.

Luego empezaron los montajes descarados, las micros quemadas donde nunca pasaban recorridos, las barricadas en lugares donde no había manifestantes, para qué hablar del incendio de los metros que después de casi 4 meses aún no se tienen los registros de las cámaras, entonces, cuando se vieron amenazados porque estaban circulando en las redes sociales las funas a estos montajes, empezaron a atacarnos directo a los ojos, y así evitar el registro sembrando el miedo a salir a marchar.

Vamos a cumplir 4 meses de movilizaciones, y las únicas leyes aprobadas en forma record son las que nos castigan por exigir dignidad (sólo decirlo suena inaudito), nada a favor de la salud, de las pensiones ni que decir de la educación. Lo que en otros países pagarían con cárcel por obtener beneficios personales con derechos básicos, en Chile son leyes a favor del lucro. Los que gobiernan son parte imperante del problema: por tanto seguirán jugando a su ajedrez de puras reinas, pero nos queda una última carta para convertirnos en el más poderoso enemigo del modelo neoliberal; el voto.

Y así nos espera Marzo, con todo el aparataje de los que defienden el modelo, dispuestos a unirse y vaciar sus arcas abultadas gracias a leyes extractivas de recursos naturales y que venden derechos básicos, para seguir con sus campañas del terror que suponemos se dirigirá para desarticular nuestra unión y rechazar todo ánimo de cambio asustando a quienes aún le creen a los medios masivos que disfrazan de antisociales a los que se manifiestan.

Que linda es la plaza cuando está llena, cantando, gritando por un solo fin y objetivo, nos unimos, nos queremos y así empezaremos nuestra campaña. No nos iremos con las manos vacías porque hemos perdido desde el momento de nacer. No queremos dividirnos de nuevo, porque desempolvamos la empatía, esa que nos abrió los ojos para darnos cuenta que este modelo que nos hace competir entre nosotros mismos, sólo nos ha traído desigualdad y le ha temido siempre a la unidad del pueblo.