Nolan quien ya nos tiene acostumbrados a sus locuras y a contracturar nuestras neuronas con sus complejas temáticas, esta vez nos sorprende al recurrir a la premisa más simple del cine. Personas tratando de sobrevivir. Obviamente, no lo hace de manera simple. ¿Qué esperabas? Es Nolan y no puede dejar de serlo.

31 de octubre de 2017

Antes de que sigas leyendo debo advertirte que este artículo contiene SPOILERS.

Presente en su estado puro, en Dunkirk no importan los nombres, el pasado, de donde vienen e incluso, quienes interpretan a los personajes. Lo único que nos atañe, es la experiencia de sobrevivir al caos de una guerra, caos en el cual, el director logra introducir al espectador con una dirección exquisita y la eterna compañía de una banda sonora inspiradísima de la cual se encargó Hans Zimmer. Nolan entiende el cine como una experiencia y con esta cinta lo deja más que claro. Dunkirk es un clímax de casi una hora y cuarenta minutos, donde de inmediato se va al meollo, no pierde tiempo ni siquiera en los créditos que siempre vemos al inicio. No hay primer acto, siempre hay tensión, siempre está sucediendo algo, siempre los personajes tienen la básica misión de sobrevivir. Nuestro cuerpo se tensa y el aire entra de a leves bocanadas. Cada disparo, cada bomba, nos hace pestañear fuertemente y apretar los puños, nos cansamos, la música no deja de machacar y hacer que toda imagen duplique su intensidad. Queremos descansar, deseamos silencio, pero no porque estemos sufriendo, si no que no estábamos preparados para esta masacre y pensamos no ser capaz de sobrevivirla. Pero en el fondo no queremos que acabe. No queremos desertar, somos un guerrero más, estamos dentro de la película, estamos viviendo está experiencia extrema sin la necesidad de los sobrevalorados 3D o un 4DX. Cine en su estado puro. Imagen, acción y sonido.

A diferencia de las películas anteriores de Nolan, con Dunkirk abandona el personaje protagónico que carga con el mayor peso de la historia, también los extensos diálogos que nos servían para poder entender las complejas y laberínticas temáticas metafísicas que nos causarían dolores de cabeza al terminar. Lo que no abandona sí, es su obsesión con la temporalidad y su fiel rebeldía contra la estructura aristotélica. Dunkirk prácticamente no tiene diálogos, es una historia que se cuenta sólo con acción (tampoco hay mucho que entender) pero opta por contarla en tres etapas que son una semana en tierra, un día en el mar y una hora en el aire. Estas tres etapas Nolan nos las entrega juntas y va intercalando entres estas tres en un planteamiento lineal lleno de adrenalina y un ritmo realmente brutal. (No es una exageración, el ritmo del filme es impresionante, no sé cómo logró que nunca decayera, corrió una maratón como si fuesen doscientos metros).

La película a nivel de dirección es un lujo, todo detalle cuidado, una fotografía despampanante, enormes locaciones paradisiacas, las tomas que nos dan la eterna sensación de vértigo, coreografías maestras (ejemplo: cuando miles de soldados miran hacia arriba y empiezan a agacharse de a uno por uno, casi como un efecto domino, y se cubren para protegerse de la caída de las bombas) y la música, es imposible no hablar de la música en este filme, ya que es un coprotagonista que no deja de sonar durante toda esta experiencia extrema. Hay pequeños lapsus de silencio y descanso, donde uno siente un alivio corporal, pero sólo para que todo vuelva más intenso. Es una locura.

Dunkirk, no se observa, Dunkirk se sobrevive. Dunkirk no te cuenta una historia, Dunkirk te introduce en una experiencia. Dunkirk no es la clásica película bélica, Dunkirk corre riesgos, los cuales, personalmente, agradezco mucho y es lo que hace que directores como Nolan, Scorsese, Tarantino, Chan Park Wook, Fincher, entre otros, destaquen sobre el resto y sigan aportando y ayudando al crecimiento del séptimo arte y sobreviviendo a esta guerra contra remakes y películas de superhéroes (Nada en contra de ellas, sólo de la cantidad y que han acaparado las carteleras). Sólo puedo decir gracias para mi interior cada vez que un director hace obras maestras de este tipo, sin tener miedo a romper moldes o salir de esquemas comerciales.

Gracias Nolan.