Probablemente, cuando leas esto, a esta misma hora ya habrá terminado de dar su última función aquel microcine ubicado en pleno corazón del Barrio Italia. Muchos quedamos desconcertados esta semana, al enterarnos del cierre inminente de este pequeño espacio dedicado al séptimo arte.

Fueron cinco años de funcionamiento en donde se exhibieron desde largometrajes hasta documentales. La sala ubicada en Avenida Condell 1307, a minutos del Metro Santa Isabel, llegó a ser sede de festivales de cine, seminarios y también introdujo conservatorios con cineastas chilenos como extranjeros, entre ellos: Alberto Fuguet, Marialy Rivas, Sebastián Lelio, Claudia Huaiquimilla, Gonzalo Maza, Cecilia Atán, y varios otros.

A pesar que el principal culpable de arrastrar a Sala K fue la pandemia, entristece  ver que Santiago nuevamente se queda con menos salas de cine alternativas, en contraste a las tres o cuatro multisalas que pueden existir en una misma comuna y por supuesto es tragicómico, que justamente cuando se reabren las cadenas de cine y salas independientes -tras un 2020 de casi absoluta inactividad- suceda esta clausura.

A diferencia de los desaparecidos cines Metro, República, Lido, Gran Palace o Las Lilas; Sala K era un espacio pequeño —en todo sentido de la palabra—, más joven en cuanto historia, y pese a que su programación coincidiera a veces con El Biógrafo, Normandie o Arte Alameda, igualmente sobresalía y adquiría una connotación especial para sus asistentes. 

Se agradecía encontrar lugares como Sala K para los que buscamos algo más allá del cine de taquilla, donde no hay necesidad de hacer filas enormes para ingresar a ver una película o estar casi obligado a comprarle a confiterías careras.

En la sala de cine de Providencia, tu entrada era una ficha redonda de colores y solamente una copa gratuita de agua o vino completaba el panorama para que disfrutaras en buenos horarios, cintas chilenas como Una mujer fantástica, Sin norte, Mala junta, Princesita, Ella es Cristina y Los fuertes, mexicanas como La región salvaje, y de habla inglesa, pero con desarrollo más pausado, como Suspiria, Paterson y El sacrificio del ciervo sagrado.

A pesar de que este proyecto de la fundación cultural Kiné Imágenes, perteneciente a la Red Salas de Cine Chile, prefiere no decir adiós, sino que hasta pronto, ya que deja abierta la posibilidad de volver a reencontrarse con su público en un nuevo sitio y comuna diferente; existe una sensación de orfandad que costará que desaparezca o nazca algo similar para reemplazarla. Sobre cuando, para el mundo de la cultura en Chile, resulta cada vez más difícil sobrevivir en condiciones tan inciertas como las actuales.