En el marco de ciclo de charlas “Tres Visiones sobre Educación” organizado por VíaSinapsis y Fundación Presidente Balmaceda, el abogado constitucionalista y profesor de la Universidad de Chile Fernando Atria compartió con el público asistente sus reflexiones sobre el estado actual de la educación chilena. En conversación con los moderadores, Felipe Vergara y  Manuel Lobos, el también miembro de la comisión de constitución del comando de Michelle Bachelet analizó, a partir de las características de la Constitución de 1980,  las diferentes interpretaciones de libertad de enseñanza que conviven hoy en el actual modelo chileno. Para él, el conflicto entre estas interpretaciones es la clave para entender por qué la educación, que debería ser un derecho social protegido por el Estado, funciona bajo una lógica de mercado y está profundamente desregulado.
En un ambiente distendido e íntimo, Fernando Atria puntualizó las dos interpretaciones de libertad de enseñanza que identifica. Ellas son la interpretación que él denomina “Abdón Cifuentes” y la “Neoliberal”. La primera, tiene por objetivo asegurar la libertad de los colegios para crear proyectos educativos independientes del Estado; la segunda, asegurar la libertad de que cada padre elija el colegio de sus hijos. Entre ambas ideas se encuentra el Estado, el cual renuncia a la idea de que la educación sea un asunto de interés público y deja al mercado resolver la relación entre padres y establecimientos educacionales.

 

Siguiendo estas dos interpretaciones, también se dio el tiempo para analizar los efectos que ellas tienen en la creación de vínculos y jerarquías entre padres y colegios. El sentido “Abdón Cifuentes” entiende la educación como un servicio con objetivos propios, diferentes a los servicios económicos. El entrevistado considera que es ésta la interpretación que debería dominar, puesto que en ella no hay espacio para el mercado. Aquí no hay simetría porque se propone cautelar primeramente a los padres y no a los prestadores de servicio, los que estarían obligados a otorgar el servicio en la medida de la demanda que puedan abarcar.
 
Sin embargo, la interpretación dominante, la “Neoliberal”, traduce las partes en comprador y prestador de un servicio y establece una simetría entre ambos. Por estar mediado por el mercado, los vínculos que crea son voluntarios, de manera que el comprador no tiene el derecho de obtener lo que quiere, sino la libertad de acceder al servicio. Asimismo, el oferente no tiene la obligación de entregarlo, pero sí la libertad de acordar las condiciones por medio de las cuales se prestará el servicio. La idea clave de esta interpretación es la del contrato, mediante el cual se fijan las condiciones del intercambio. La principal consecuencia de la primacía de esta interpretación es la segregación en la educación escolar.
Para dar cuenta de cómo el tipo de educación imperante fortalece la segregación, el abogado expuso el caso del financiamiento compartido de los colegios particulares subvencionados y cómo su existencia explica la crisis de la educación pública. Para él, el modelo escolar ideal sería un sistema mixto donde se asegure la libertad de los padres de elegir el proyecto educativo que crean mejor para sus hijos y sin que esta elección esté mediado por criterios económicos (el ingreso de los padres, principalmente). En la práctica, y dado que el sistema lo permite, los padres prefieren pagar una mensualidad en un colegio particular subvencionado, con el fin de tener control sobre el tipo de compañeros que tendrán sus hijos. Esto es: niños cuyos padres tienen un nivel socioeconómico equivalente a ellos. En este contexto, la educación municipal tendría por propósito dar educación a niños cuyos padres no pueden pagar ni el mínimo de financiamiento compartido y por tanto  no pueden tener control de quiénes serán los compañeros de sus hijos. Al largo plazo, él cree que este sistema hará de los colegios municipales un gueto de marginalidad.
También rechaza la idea de que en la educación escolar exista selección de alumnos, incluso en proyectos educativos exitosos, como los de colegios emblemáticos. En aquellos colegios que poseen una demanda que supera la oferta, él propone un sorteo de los cupos disponibles, pues este sistema aseguraría la verdadera libertad, la cual no consistiría en el hecho de que los padres obtengan toda la educación que desean para sus hijos, sino en que podrán optar, en igualdad de condiciones con otros padres, a esa educación. ¿No sería esto un freno a la libertad de los colegios y de  los padres de buenos alumnos? Ante esa pregunta, el entrevistado cree que: “no es libertad aquello que los que pueden pagar consideren libertad”.

 

Frente a la pregunta de si no sería mejor un sistema de selección basado en el mérito, Atria considera que un sistema así sería profundamente cruel, pues no entiende cómo a un niño de 12 años que postula a un liceo se le premie o castigue por haber preferido jugar que estudiar.
Diferente sería el caso del ingreso a la universidad, donde sí cabria espacio al mérito. Sin embargo, el problema radica en las enormes desigualdades en el acceso a la educación escolar existentes hoy en día y en la falta de un sistema de selección universitaria que pueda identificar qué parte del puntaje de un postulante es resultado del mérito y qué parte es resultado del privilegio de haber podido optar a una buena educación. Así, hoy en día el mejor predictor estadístico para saber qué alumno obtendrá los mejores puntajes de ingreso a la educación superior sería la situación socioeconómica de los padres y no la PSU.
Pese a lo interesante de las ideas que, en más de una hora y media, expuso Fernando Atria, la más novedosa de sus propuestas fue su interpretación sobre qué significa ser liberal hoy en el siglo XXI, pues para él: “ser liberal hoy es ser socialista”. Para explicar esto, analizó los ideales de la Revolución Francesa. Para Fernando Atria, la Igualdad no es distinta a la Libertad, sino su radicalización. Es, según él: “la condición para que la libertad no sea privilegio, sino que sea verdaderamente libertad”. Siguiendo la lógica de su argumentación, todo aquél que se sienta paladín de ella está entre dos únicas posiciones: a favor del privilegio (la libertad en sentido neoliberal) o comprometido con la igualación de esa libertad (su radicalización, al estilo Abdón Cifuentes). Ningún liberal que se precie como tal y que no haya pensado sobre el problema de la libertad debería tener el criterio moral para defender la primera posibilidad.
Tras la experiencia de compartir con un intelectual tan reconocido como Fernando Atria y conocer algo más de su visión sobre la educación en Chile, no podemos sino entender el problema de la educación como un problema de libertad. En el esfuerzo siempre vivo por la democratización de la sociedad, la igualdad de que todo niño pueda optar a la educación que puede entregar hasta el proyecto educativo más éxitos del país, debe ser nuestro principal emblema de lucha.
 “Tres visiones sobre educación” finaliza el próximo lunes 26 de agosto a las 19:00 hrs. con la entrevista a la historiadora y ex Ministra de Educación Mariana Aylwin. Esta charla se realizará en la sede de la Fundación Balmaceda, Huelén 102, piso 2, Providencia, Santiago.