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Con Game of Thrones nace una nueva narrativa que va a cambiar la forma de hacer y concebir las series.

Sin duda la cuarta entrega de esta afamada producción, cumplió a cabalidad sus objetivos. Con un mundo ya conocido y miles de seguidores, el desafío era desarrollar y cuidar la trama, manteniendo la expectación.

Reconozco que esta cuarta temporada trajo innumerables sorpresas, como la muerte de Joffrey, uno de los villanos por excelencia, y  el fallecimiento de su abuelo Tywin Lannister a manos de su hijo Tyrion; pero lo cierto es que los grandes hilos temáticos tales como la disputa por el trono y la llegada del invierno, continúan una avance  pausado y cuidadoso.

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Y precisamente,  uno de los grandes atributos de Game of Thrones es que la sorpresas aparecen a cada instante, sin importar la fuerza del personaje en la historia; pero siempre cuidando no desdibujar la trama. En ese sentido, acepto que la serie cuenta con personajes que han adquirido figuración, tales como Sansa Stark, Bran Stark, Cersei, Khaleesi y Tyrion Lannister, pero la verdad es que ninguno de ellos es totalmente imprescindible.emilia-clarke-as-khaleesi

Por ende uno de los rasgos principales de esta producción, es que está construida bajo un canon narrativo diferente al esquema tradicional: no existe el protagonista y tampoco hay un antagonista definido. Incluso más, tampoco hay una gran historia que sea el hilo conductor,  sino que la trama está compuesta por una serie de historias que continuamente se entrelazan, adquieren y pierden protagonismo.

Por sobre la atmósfera mítica medieval, sobre la sensación de “realismo mágico”, más allá de los castillos y las leyendas; considero que es su innovación narrativa, la que hace que Game of Thrones sea todo un éxito de audiencias, porque es una producción que al espectador le cuesta leer su futuro, nada está escrito, la sorpresa puede aparecer en cualquier momento, y ahí está uno, mirando ávidamente, expectante a lo que vendrá.