La Grande
Con ocasión del centenario de la Primera Guerra Mundial, consideré apropiado desempolvar “La Gran Ilusión”, una cinta del reconocido cineasta francés Jean Renoir.
 
A primera vista se trata de una producción muy diferente al resto de las películas bélicas, donde abundan las bombas, las matanzas, la sangre y el drama; sin embargo el film de Jean Renoir tiene más cercanía con la comedia. Este rasgo es muy llamativo, más aún tomando en cuenta que se estrenó en 1937, a escasos ocho años del fin del conflicto.
 
¿Por qué este film carece de dramatismo?, ¿por qué se aleja tanto de otras películas bélicas?, ¿Qué nos quiere mostrar Jean Renoir? Una primera gran diferencia está en su trama, pues la cinta narra las aventuras de un grupo de oficiales franceses pertenecientes a la elite que pasan por diferentes centros de detención alemanes. Lo curioso es que estos centros parecen más bien hoteles, que dan todas las comodidades posibles a huéspedes-reclusos. Con esta orientación, la cinta muestra las diferencia que existía entre los distintos sectores sociales de Francia. Diferencias que atravesaban incluso las naciones y los ejércitos, pues mientras aquellos solados pobres entregaban su vida a las trincheras, al gas y las balas; los oficiales disfrutaban de la champagne, paté de ciervo y vino.
 
De esta manera, emergen las características de la elite, en la alta oficialidad militar europea, traduciéndose en el carácter aventurero, risueño y humano que reflejan las relaciones entre guardias y huéspedes. Los oficiales detenidos, fiel a su espíritu aventurero, buscan escaparse, mientras que los guardias intentan controlar las unidades, sin pasar a llevar las jerarquías ni los rangos. Es decir, los oficiales franceses, antes que enemigos, eran oficiales. Ellos no vivían el sufrimiento de la guerra, para ellos no era más que una “Gran Ilusión” que estaba en las noticias de los diarios, pero que seguía lejana en su vida diaria.
 
 
Pero, el grupo de oficiales no era plenamente homogéneo. La elite europea tampoco lo era. Así encontramos a los aristócratas tradicionales representados en Boeldieu, a profesionales mecánicos como  Marechal y a nuevos burgueses como Rosenthal. La amistad y las diferentes tensiones que se observan, muestran también las dinámicas de una sociedad moderna con fragmentaciones sociales desde la cúspide.
 
La película exhibe que más allá de las construcciones ideológicas de patria y nación, cada clase tiene sus propios intereses que atraviesan idiomas y también países. Así lo entiende el comandante de ejército y también miembro de la nobleza alemana, capitán Von Rauffenstein, cuando le comenta a Boeldieu: “No sé quién gane esta guerra, sólo sé que será el final de los  Rauffenstein y de los Boeldieu.”  Y efectivamente, si la Primera Guerra Mundial fue provocada por la alta aristocracia europea, la Segunda Guerra fue provocada por los sectores medios, burócratas, por la pequeña oficialidad del ejército y del Estado, con mucho poder, pero sin una larga tradición.
 
 
Y a partir de este rasgo, surge todavía un aspecto todavía más notable, nos referimos al carácter humano y cálido de la película. Recordemos que ésta era una guerra entre nobles que se habían relacionado a lo largo de los siglos, llamaba la atención el respeto que se tenían unos a otros cuando eran tomados prisioneros y claro, al final se apresaba a un familiar, más que a un enemigo. De ahí que este film, filmado antes de la Segunda Guerra Mundial, muestre una humanidad, cercanía, respeto y calidez difícil de imaginar en la guerra contra los nazis. En este momento cabe preguntar, ¿cuál es la influencia que tuvo la Segunda Guerra Mundial en las películas que trataban la Gran Guerra?
 
Sin dejar de lado las atrocidades del conflicto: las miles de muertes y las batallas de trinchera; es notable la diferencia que se expresa en la mentalidad del ciudadano común. Si en el primer conflicto sigue mostrando confianza en sí mismo y tranquilidad;  en el segundo conflicto, es prácticamente dominado por el miedo.
 
Fue revelador observar una película filmada en los años 30, puesto que entrega una imagen un poco más humana y cálida del conflicto bélico. Por el contrario, es notable observar que las películas de mediados de siglo, entregan una Primera Guerra Mundial bastante más cruel, fría y despiadada, con notables rasgos de deshumanización que, por mentalidad, quizás correspondería más a la Segunda Guerra Mundial.